Sunday, March 28, 2010
Audrey Hepburn desayuna en La Habana
Friday, March 12, 2010
En la cama de la tía Julia
Ha muerto Julia Urquidi, la ex tía y ex esposa de Mario Vargas Llosa. La noticia me la dio un periodista amigo que me llamó desde una remota república sudamericana para preguntarme si Julia había influido en las ideas políticas del joven Vargas Llosa. "Bueno, ella era su tía política, querido, pero creo que su influencia fue más bien pélvica". Mi amigo no entendió nada, pero yo me quedé pensando en lo poco que sabíamos los dos sobre la tía Julia, y lo rápido que hacíamos juicios sobre ella —políticos los de él, pélvicos los míos.Tuesday, March 9, 2010
Dos poemas
Era la gloria del verano
“When the evening is spread out against the sky
Like a patient etherized upon a table”
T. S. Eliot
Qué joven el mundo y qué hermosas
las muchachas de agosto.
Era otra vez la época
en que los reyes se van a la guerra;
era el tiempo
de asesinar archiduques. El aire
murmuraba el hedor
de los cadáveres propicios.
Era la gloria del verano. Salíamos
a ver la fiesta de la luz en los balcones
mientras la tarde cantaba su larga agonía
tendida en una camilla de versos ingleses.
Del regreso
El mármol derretido de la India
sentada bajo el fragoroso sol de mayo,
el triste capitolio de aserrín y canicas
en los ojos, el palacio
donde vive su muerte la república,
la noche del túnel, el asalto
de la salvaje luz que ven los presos,
el Morro, el huidizo mar en los cabellos,
la tímida música de un nombre taíno
que fue toda la magia de nuestra niñez
(aquel verano en que mis padres
condescendieron a la felicidad —el salvavidas
blanco y negro de mi hermana).
El sol de las postales reflejado en el agua
y en tus ojos, otra ciudad (la misma), la luz
de los semáforos, el Pairet, los ángeles de piedra,
un dedo de mármol ya sin rumbo
en medio de las palmas infieles, el muro,
el mar, la luz rielando, el mar… ¿adónde han ido?
Monday, February 22, 2010
Traducción del poema "Cassius Hueffer"
The Spoon River Anthology, de Edgar Lee Masters, abunda en pequeñas joyas crueles. El breve poema "Cassius Hueffer" es una de ellas.
No sé si es justo decir que uno ha leído bien un poema si no ha intentado traducirlo. El lector notará que soy incapaz de una buena traducción. Tenga en cuenta entonces que estos ejercicios son sólo el deseo de una buena lectura.
Primero les propongo mi renqueante traducción y más abajo el original, espléndido, de Edgar Lee Masters.
Cassius Hueffer
En mi lápida han grabado estas palabras:
“Su vida fue dichosa, y los elementos se fundían de tal
modo en él
Que la naturaleza podría levantarse y anunciar al mundo
entero:
Este fue un hombre.”
Los que me conocieron se sonríen
Al leer esa retórica vacía.
Mi epitafio debió haber sido éste:
“La vida no le regaló ninguna dicha,
Y los elementos se fundían de tal modo en él
Que decidió guerrear contra la vida,
Y en esa lucha fue aniquilado.”
En vida la maledicencia me era insoportable,
Y ahora, muerto, debo resignarme a un epitafio
Cincelado por un idiota.
Cassius Hueffer
They have chiseled on my stone the words:
“His life was gentle, and the elements so mixed in him
That nature might stand up and say to all the world,
This was a man.”
Those who knew me smile
As they read this empty rhetoric.
My epitaph should have been:
“Life was not gentle to him,
And the elements so mixed in him
That he made warfare on life,
In the which he was slain.”
While I lived I could not cope with slanderous tongues,
Now that I am dead I must submit to an epitaph
Graven by a fool!
Thursday, February 18, 2010
Jorge Luis Borges se debiera de morir

De visita en casa de un amigo miamense hace un año, MD se dio cuenta de que yo miraba con codicia el Borges de Bioy Casares que el dueño de casa me mostraba. Unos meses después, el Día de los Padres, MD tuvo la grata idea de regalarme el objeto de mis deseos: un libraco de 1663 páginas donde se rebañan las anotaciones que Bioy hiciera durante 55 años (1931-1986) sobre su amigo y concuñado. (Ese regalo del Día de los Padres me parece una razón a favor de la multiplicación de la especie.)
He fatigado sus páginas con alegría, para decirlo al modo de JLB. El libro está repleto de gratas sorpresas, de acotaciones lúcidas y de algunas noticias amargas. Entre esas sorpresas —el lector sabrá si grata, lúcida o amarga— está la constatación de que JLB no estuvo nunca despepitado de amor por la Llave del Golfo. Quién se imaginaría tal cosa de él, que estuvo siempre fascinado con las llaves y los mares. Contrariamente a lo que pueda pensar el lector, el sabor amargo de Cuba no se lo dio a JLB la conga con acompañamiento de balalaica del 59: su disgusto precede a las glaciaciones; es, definitivamente, a.C. Su desaprobación es cultural, no política: el problema no es Marx, sino Martí; no los ñángaras, si no los ñáñigos; no el Manifiesto, si no El Manisero; en fin…
La primera referencia cubana que recoge Bioy es de 1953. Relatando una visita a la casa del escritor Ricardo Rojas, dice JLB: “Había una gran biblioteca y yo pensaba: ‘Tal vez no haya un solo libro que se pueda leer’. Puro Martí…”
Considerando que era el año del centenario, la frase no se excede en el elogio del Apóstol. Los cubanos no leen a Martí ni aunque les paguen, pero estarían dispuestos a abofetear a cualquier ciego por expresar lo que ellos practican. Hay en nosotros esa inclinación perversa a agredir al que exprese algo distinto a lo que pensamos —o de lo que creemos sin pensar. Será que nos criaron recitando aquello de que “al cubano que en ella no crea, se le debe azotar por cobarde”, o que cantábamos alegremente que “el son es lo más sublime para el alma divertir, se debiera de morir, quien por bueno no lo estime”. Siguiendo la lógica de Piñeiro, no quiero imaginar lo que le tendríamos que hacer a JLB por decir que José Julián Martí y Pérez era un plomo como escritor.
[Pensando en el dictum terrible de "Suavecito", recuerdo lo que dice Borges en "El atroz redentor Lazarus Morell". Enumerando las consecuencias de la instauración de la esclavitud en América, menciona "la deplorable rumba El Manisero". "¡Al paredón!", habría gritado el director de nuestro Septeto Nacional al leer semejante dislate.]
Volviendo al juicio sobre Martí, pensé que se trataría de una de las boutades de JLB, sin embargo, el resto del libro me confirmó que casi todas sus (escasas) referencias a nuestra tribu buscan el distanciamiento. (Muchos hemos buscado en la geografía ese distanciamiento que JLB logra con la palabra, no seré yo quien lo condene.)
La segunda mención de los cubanos es más jocosa, pero no más halagadora. Una tarde de 1957 llega Borges a casa de Bioy y declara: “Le oí esta frase a un cubano: ‘Toda la mañana el teléfono estuvo de lo más llamativo’. La verdad es que yo inventé la frase, pero cuando pienso que los cubanos pueden usarla, me enfurezco.”
Por menos que eso a mucha gente las han declarado oficialmente miembros de “la mafia anticubana”. Y sin embargo, me resisto a condenarlo por su frasecita. Habría que saber cuál fue la experiencia de JLB con los cubanos en su Buenos Aires querido de los cuarenta y los cincuenta. ¿Qué bufonadas tendría que aguantar? ¿Tendría algún vecino cubano jacarandoso, fiestero o confianzudo en La Recoleta? Nadie se forja una antipatía así de la nada. O a lo mejor en sus sueños lúcidos Borges pudo presentir las colas de La Habana, las novelas de Cofiño o las mueblerías de Hialeah. Sus motivos tendría.

Y Bioy Casares, siempre discípulo fiel, se muestra aún más implacable. Es curioso que Bioy, que casi nunca es homófobo ni ordinario a lo largo de su largo diario, hace gala de ambos vicios al relatar la visita a su casa de José Rodríguez Feo y Virgilio Piñera el 18 de junio de 1956:
A la noche comen en casa Borges, Wilcock, Peyrou y dos maricas cubanos, de la revista Ciclón: Rodríguez Feo, el director, y Virgilio Piñera, el secretario de redacción. Rodríguez Feo es rico, buen mozo, menos literario que su amigo, más muchacho de sociedad; físicamente recuerda un poco a Octavio Paz; Piñera es delgado, con cabeza de perro flaco de empuñadora de paraguas; es 'modosito', silencioso, un poco lúgubre, no del todo incapaz de formular en la conversación frases (más o menos) bien construidas. Los dos tienen inconfundible voz y entonación de maricas. Si forman pareja, Piñera ha de sufrir por los éxitos y las infidelidades de Rodríguez Feo.

No hallo en el resto de este libro vasto otra descripción semejante. Me imagino que todos los argentinos de Buenos Aires en esa época eran machos alfa, bien parecidos y de verbo elocuente. O que quizás Bioy tampoco soportaba a los cubanos, quién sabe. Por otra parte, del único cubano de quien Borges habla bien es de Cabrera Infante. Se conocieron en Londres en la primavera de 1971. Nos dice Borges a través de Bioy:
Con Cabrera Infante me sentí tan cómodo, tan persuadido de que era un amigo de toda la vida, que de pronto me sorprendí diciéndole: ‘Pobre Julio César’. Habrá creído que le hablaba del Julio César romano, ¿cómo iba a saber quién era Julio César Dabove? Tal vez influía en esa sensación de amistad cómoda el hecho de que halábamos en español. Cabrera Infante es inteligente, salvo cuando habla de cine. ¿Te acordás de King Kong? Una idiotez. Cabrera afirmó que era una película interesante. Está muy enojado con Cortázar. Dice: ‘¿Cómo no se da cuenta de que Fidel Castro es el Perón de Cuba?’

A lo mejor esa afinidad electiva estuvo signada por el disgusto común con Cortázar o la compartida oposición a los otros dos señores mencionados. Lo cierto es que Cabrera Infante, en sus poses y en su prosa, no parecía un experto en producir “esa sensación de cómoda amistad”. En las fotos quedaba siempre con una cara que hacía sospechar el estreñimiento o la acidez estomacal. Una lectura somera de su obra —como ha sido la de este servidor— lo llevaría a uno a pensar que su cara tenía una expresión de constante resaca. Fuera como fuere, logró encantar a Borges, que de todos modos no le podía ver la cara, y que quizás nunca fatigó sus prosas prosaicas, algo que probablemente el argentino hubiese detestado.
Friday, January 29, 2010
Todos los idiotas admiran a Salinger
Monday, December 7, 2009
Going loco
Friday, December 4, 2009
Esta mañana
Siento no haber llevado mi cámara hoy. Desde hace unas semanas camino diariamente de Penn Station al Rockefeller Center, pasando por Times Square, esa “plaza del tiempo” que por la mañana parece una niña hacendosa y por la tarde una chica de cascos ligeros. Pues esta mañana, junto al puesto de policía había dos bicitaxis, y sobre cada uno de ellos habían colocado un número de plástico y madera, de unos siete pies de alto, lleno de bombillas como el espejo de una vedette. Eran el 1 y el 0. Evidentemente, eran los números que se iluminarán a las doce de la noche del 31 de diciembre para celebrar la llegada del Año Nuevo. (El año pasado me topé en la esquina de la calle 52 y la sexta avenida con dos domadores que bañaban, en plena vía pública, a sus tres elefantes antes del espectáculo navideño de Radio City Hall. ) Como el episodio de los elefantes, esta visión me pareció un buen augurio —y lo necesitaba. La mañana no había comenzado con aires tan festivos.
En el tren hacia Manahttan había estado leyendo un artículo de Suketu Mehta sobre la catástrofe de Bhopal, de la que se cumplen 25 años en estos días. Al bajarme en Penn Station vi dos soldados en camuflaje de desierto con metralletas en bandolera. Pensé en cómo se acostumbra uno al horror. Antes del 11 de septiembre de 2001, jamás vi un soldado en Penn Station ni en el resto de Manhattan. Sin embargo, la imagen se ha hecho tan común en estos años, que ahora tienen que pararse en los pasillos con metralletas al hombro para que me fije en ellos.
La esquizofrenia de esta temporada nos obliga a repicar campanas de duelo y bailar en la procesión al mismo tiempo. Esos números de candilejas y esas metralletas son la prueba de que esta ciudad se prepara para los fuegos de artificio de la fiesta y de la guerra, para la alegría y la desesperación. Esa dualidad se palpa en cada esquina. Manhattan tiene todos sus árboles empedrados de luces navideñas, mientras que los tenderos miran preocupados al público que pasa y sin comprar sus artilugios. La alegría está cercada por la preocupación del dinero escaso y el temor que a veces se huele en el aire como un vaho inmundo.
En cualquier otra ciudad esta simultaneidad del temor y la esperanza sería insoportable. En New York es sólo una entre tantas locuras cotidianas. Y uno se pregunta cómo hay gente que quiera vivir en un sitio que no sea este manicomio de rascacielos inundados de ratas y dinero mal habido.
Tuesday, November 10, 2009
Polanski: Misión imposible para Bernard-Henri Lévy
Hace unos días leí un artículo de Bernard-Henri Lévy en The Huffington Post. El texto me sorprendió por dos razones. Primero porque defendía al director de cine Roman Polanski en términos que se avendrían mejor para describir a San Francisco de Asís que a un violador y pedófilo. Y me sorprendió también por la torpeza y la deshonestidad con que estaba escrito, es decir, por decir mentiras y luego usarlas mal. No hubiese esperado que, teniendo que elegir entre la víctima y el victimario en la violación de una niña de 13 años, BHL decidiera defender al violador. Y menos me hubiese imaginado que fuera incapaz de hilvanar una defensa más creíble.
Dos días más tarde, el periódico El País de Madrid publicó el mismo artículo en español. Un novelista y un pintor, que forman parte de mi lista de amigos de Facebook (aunque no nos conocemos personalmente) colgaron el artículo de El País en sus páginas. Para mi sorpresa, el novelista lo calificó de “rotundo”.
Participé en el subsiguiente debate, ligero y difuso como suelen ser estos lances en Facebook. Entre otras cosas, un excelente músico participó brevemente en el mismo para llamarme “Savonarola” por el pecado imperdonable de no pensar como él. Y luego el pintor me conminó a responder a varios de los argumentos de BHL. Dije entonces, y repito ahora, que cada párrafo del artículo de BHL me parecía una falacia. Como sería demasiado largo describir y rebatir cada una de sus martingalas, me limitaré a comentar las que me “exigió” mi amigo de Facebook que rebatiera. Me imagino que esas fueron las que él encontró más convincentes. Veamos la primera…
Es vergonzoso que, en un país en el que —lo mismo que en Europa— se puede asesinar a una anciana, torturar al prójimo, mutilarlo..., sabiendo que el crimen —como todos los de sangre— prescribirá al cabo de 10 ó 15 años, todo el mundo haga como si este otro crimen, el de Polanski, conllevase una imprescriptibilidad de facto.*
Hay varios niveles de mentira en esta afirmación. Vayamos por pasos. En primer lugar, el asesinato de primer grado no tiene prescripción en ningún estado de los Estados Unidos. (Como le gusta decir a los americanos, BHL tiene derecho a sus propias opiniones, pero no a sus propios hechos.) Y hay otros delitos graves que no tienen prescripción, como el secuestro de primer grado. Basándose falsamente en esa primera mentira, dice entonces BHL que es vergonzoso que “todo el mundo haga como si este otro crimen, el de Polanski, conllevase una imprescriptibilidad de facto”. En realidad, el caso legal de Polanski no tiene ninguna relación con la prescripción de delitos.
La prescripción, como es sabido, es una tradición legal que establece que una persona no puede condenada por un delito si las autoridades no hacen una acusación formal y comienzan un proceso contra ella en determinado período (10, 15, 20 años). Esa tradición legal no parte del concepto, como parece implicar BHL sin decirlo, de que los delitos se deben perdonar después de unos años. La prescripción de delito tiene como objetivo garantizar los derechos del acusado y de la víctima. Si la fiscalía lo encausa a usted 15 años después de cometido el supuesto delito, podrían haberse perdido las pruebas o los testigos que probaría su inocencia. No habría manera de garantizar un juicio justo. Además de eso, en general, la aplicación de la prescripción de un delito requiere que el acusado continúe viviendo y trabajando en el estado y sea localizable.
Como BHL debe saber perfectamente, Polanski fue formalmente acusado y procesado poco después de violar a Samantha Geimer. No hay ninguna posibilidad legal de aplicar el concepto de prescripción a un delito por el cual su ejecutor ha sido ya procesado y en el que la única razón de que no se haya cumplido la sentencia es que el criminal se encuentra prófugo de la justicia. BHL lo sabe (supongo), pero de todas formas miente confiando en la ignorancia de sus lectores. Desgraciadamente, parece tener más de dos o tres lectores ignorantes.
Es vergonzoso ver a los habituales del café de la esquina planetario, antiestadounidenses pavlovizados que nunca andan cortos de argumentos para fustigar a Estados Unidos sin ton ni son, perder repentinamente la voz, volverse mansos como corderos y, cuando se trata de él, de Polanski, repetir simplemente: "Ah, es que es Estados Unidos... y la ley estadounidense es la ley estadounidense... dura lex sed lex...".
BHL piensa que es vergonzoso que hasta los críticos más estridentes de Estados Unidos no reaccionen automáticamente en contra de una petición proveniente de ese país cuando se trata de un violador y un pedófilo reclamado por la justicia de California. Primero, habría que aclarar que un reclamo legal de un juez de California no es equiparable a un acto de política exterior de Estados Unidos. (Uno supondría que BHL sabe eso, ¿no?) Y habría que explicarle a BHL que hay muchas personas que son críticos implacables del gobierno estadounidense pero que al mismo tiempo tienen suficiente sentido ético como para no confundir sus preferencias políticas con la defensa de un violador de niñas. ¿Quién está actuando de una manera vergonzosa, el enemigo político de EE.UU. que pone a un lado sus preferencias ideológicas en este caso y exige que el pedófilo —famoso y millonario—, responda ante la ley como todo el mundo, o el filósofo —millonario y famoso— que defiende al pedófilo?
Además, ¿qué insinúa BHL con eso de que “ah, es que es Estados Unidos”? ¿En qué país es legal drogar y violar a una niña? Hay gente que piensa que expresar una idea estúpida acompañada de una cita latina hace que la idea mejore. No hay nada que permita pensar tal cosa, sin embargo.
Es vergonzoso ver cómo algunos intelectuales, cuyo papel debería consistir en rebajar la tensión y contener los arrebatos populares, siguen —como Michel Onfray en Libération— los pasos del rebaño de "ignorantes entusiastas" (Joyce) y se entregan, en nombre de la defensa de la infancia violentada, a las asociaciones más odiosas (nunca los oí denunciar con el mismo ardor la violencia sin límite que representa el martirio de los niños soldado en África, o el de los niños esclavos en Asia, o el de los cientos de millones de niños muertos de hambre —según estimaciones de la FAO— en los últimos... ¡32 años!).
La tontería precedente no merece respuesta, pero dado que se trata de BHL, voy a comentarla. Pues bien, resulta que BHL sabe cuál es el papel de los intelectuales (¿será francés el hombrín?). El papel de los intelectuales es contener el arrebato popular. Es decir, BHL y algunos otros intelectuales son inteligentes y mesurados, pero a la masa idiota hay que controlarla para que no se enardezca. Porque, claro está, los intelectuales son una clase de seres humanos especiales, con responsabilidades y derechos distintos a los del rebaño. Me imagino que esa es la verdadera razón por la que Polanski tiene derecho a violar niñas de 13 años y no pagar por su crimen como cualquier hijo de vecino.
Y después viene lo mejor. Los intelectuales que dicen que Polanski debe responder por su crimen ante la justicia no tienen derecho a hacerlo porque “no denunciaron con el mismo ardor” los problemas de los niños de África. Sospecho que BHL ha diseñado un ardentómetro y que con él compara el ardor con que un tipo denuncia la injusticia A y la injusticia B. Y si a BHL no le gusta el resultado (él sabe cuál es la injusticia que hay que condenar con más ardor), el denunciante queda descalificado. Y, por supuesto, nadie tiene derecho a estar malgastando su tiempo con el caso Polanski con tantos horrores como hay en África para denunciar.
Pero entonces, ¿por qué demonios se dedica BHL a denunciar la “injusticia” que le están haciendo a Polanski en lugar de preocuparse por los niños soldados de África? Su propia lógica indicaría que BHL debería dejar que a Polanski lo pongan en el primer avión que salga para La La Land y dedicarse a recorrer el África, donde no le faltarían nunca injusticias mucho más terribles y desoladoras que denunciar. Qué hipócrita, ¿no? Disculpe el lector, pero algunas de las razones de BHL son difíciles de comentar sin derivar al ensayo humorístico.
Y es que —para terminar— es vergonzoso que no sea posible, cuando se habla de esa vida, evocar la infancia en el gueto, la muerte de la madre en Auschwitz, la muerte de la joven esposa destripada junto al niño que esperaba, sin que los charlatanes de la nueva justicia popular clamen contra un supuesto chantaje. Cuando se trata del más abominable asesino en serie, la "cultura de la excusa" reinante no duda en echar mano de su infancia difícil, de una familia problemática, de los traumas... Pero Roman Polanski parece ser el único reo del mundo que no tiene derecho a ninguna circunstancia atenuante.
Este párrafo no es divertido, es terrible. La vida de Polanski ha sido visitada por el horror de una manera que la mayoría de los seres humanos no podemos siquiera imaginar en nuestras pesadillas. Haber nacido en Polonia en 1933, siendo judío, haber vivido (si es que se puede usar ese verbo en este caso) en el gueto de Varsovia, haber escapado, haber perdido a su madre y a otros miembros de la familia en el Holocausto, ¿cómo se podría calcular ese dolor? Y como si eso no fuera una cuota de sufrimiento absolutamente inhumana, haber perdido luego a su esposa, embarazada de ocho meses, en uno de los asesinatos más escalofriantes de la historia de los Estados Unidos. ¿Quién podría quedar indiferente ante esa historia?
Dice BHL que hay personas que piensan que esos hechos no deben ser considerados como atenuante a la hora de juzgar a Polanski. No he escuchado a nadie decir semejante cosa, pero me resisto a creer —a pesar de las otras mentiras que contiene el artículo de BHL— repito, me resisto a creer que un pensador judío pueda mentir y usar la memoria del Holocausto como moneda de cambio para defender la pedofilia. Prefiero pensar que sí, que hay gente tan desalmada que ha dicho que no debemos tomar en cuenta su historia personal a la hora de juzgarlo. Si fuera ese el caso, habría que denunciar a esos desalmados.
Ahora bien, una vez hecha la salvedad anterior, debo decir que este párrafo de BHL es también falaz. Más allá de la opinión de nadie sobre la pertinencia de los horrores de la biografía de Polanski a la hora de juzgarlo, lo cierto es que hay una sola persona responsable de que no se hayan podido usar esos atenuantes: Roman Polanski. Un abogado defensor no puede usar ningún atenuante si la persona juzgada está prófuga de la justicia. Los atenuantes se usan durante el juicio. Precisamente eso es lo que quieren las autoridades de California, que Polanski se presente y exponga sus razones.
En el orden personal, todo me predispone a favor de Polanski. Todo excepto que haya violado a una niña y que luego se haya dado a la fuga después de declararse culpable y de dar su palabra de presentarse a juicio. Preferiría disfrutar de Chinatown y Rosemary’s Baby, dos de mis películas preferidas, sin la sombra de este caso arruinándome la experiencia.
Y lo mismo digo de BHL, a quien siempre leo con interés. (El año pasado aburrí a mis amigos recomendándoles que leyeran el ensayo “The Task of the Jews”.) Admiro su lucidez y su agudeza. Pero la violación y la mentira son infames, aun cuando sean hombres brillantes quienes las practiquen.
*No he visto el artículo original en francés. En inglés dice “like all violent crimes”, expresión que no es un equivalente exacto de “como todos los de sangre”. Pero estoy comentando el artículo tal y como apareció en español. Quién sabe, a lo mejor los de El País tradujeron mejor el original francés que los traductores del The Huffington Post. El hecho de que El País exhiba a veces una prosa de cadalso no implica que sus traductores tengan que ser también malos.
