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Saturday, March 24, 2012

En los zapatos del Cardenal

El día 14 de marzo, el Arzobispado de La Habana informaba que en el día 13, trece personas, identificándose como disidentes, habían entrado a la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad y se negaban a abandonar el templo. (Se supondría que en Cuba todo el mundo sabe que el 13 es número de mala suerte, pero eso ese otro cuento.) El resto de esta historia es conocido, y es un hecho que marcará la imagen de la Iglesia en Cuba y el episcopado del cardenal Jaime Ortega. Y que hará que muchos juanes lo piensen dos veces antes de montarse en cualquier bote confiando su suerte a la protección de Cachita. Pero volvamos a la nota de prensa original, que parece sacada de una edición de Pravda de la época de Brezhnev, pero que sugiere algunas preguntas necesarias.

La nota apareció primero —se supone— en el sitio web de la Arquidiócesis, para luego pasar al Granma, donde la colgaron* a las 7:00 p.m. del día 14, es decir, poco más de 24 después del inicio de la "situación crítica". En esas 24 horas, ¿qué había logrado averiguar el redactor del comunicado? Varias cosas: 
1. "Se trata de una estrategia preparada y coordinada por grupos en varias regiones del país"; 2. "No es un hecho fortuito, sino bien pensado y al parecer con el propósito de crear situaciones críticas a medida que se acerca la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba"; 3. "otros grupos y personas disidentes fueron convocados a ocupar templos en otras diócesis".

Si en la Arquidiócesis de La Habana sabían todo eso el día 14 a las 5:00 p.m., ¿es posible creer que la Seguridad del Estado no supiera absolutamente nada del asunto 24 horas antes? 
¿Cómo se puede explicar que los omniscientes agentes de "Las razones de Cuba" de pronto hayan quedados ciegos ante una acción de protesta coordinada entre decenas y decenas de personas de varias provincias del país? 

Aceptando la tesis más probable —que las autoridades sabían lo que iba a suceder y decidieron callarse y permitir que ocurriera—, ¿qué objetivo perseguían con esa estrategia?
 Y, lo que es más relevante¿no se habrán hecho esa misma pregunta ese día en el Arzobispado de La Habana? ¿Habrá sido esa extraña ignorancia gubernamental la que llevó al Cardenal Arzobispo a tomar la decisión de llamar a la policía para que sacara a los disidentes del templo?

Orlando Luis Pardo Lazo, en un artículo desgarrador, ha dicho que la nota prensa de Orlando Márquez fue el "suicidio de una ilusión". Sin dudas, en la esquina de Salud y Manrique murieron ese día varias ilusiones. Pero quizás no se trate de un mero suicidio.

Criticar al Cardenal de La Habana es, desde hace tiempo, moneda corriente. 
No vendría mal, por justicia y por prudencia, tratar de ponerse uno de vez en cuando en sus zapatos cardenalicios, para ver si desde allí se ve siempre —y con tanta nitidez como desde el teclado de la computadora—, el mejor trillo entre la maleza de la realidad. 

* En la "versión impresa" del Granma que se ofrece en Internet, la nota del Arzobispado habanero no aparece publicada el día 15. Es curioso que una noticia que aparece claramente destacada a las 7:00 p.m. de la noche el día 14 (el sitio web del Granma hace muy pocas actualizaciones durante el día), no haya siquiera aparecido impresa al día siguiente.