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Saturday, October 13, 2012

Justicia poética... ¿o pelotera?

Raúl Ibáñez (27) recibido por sus compañeros de equipo
tras su segundo jonrón contra los Orioles.
Foto tomada del periódico Boston Globe.

El miércoles, con un out en la parte baja de la novena entrada, los Yankees perdían 2 a 1 ante los Orioles de Baltimore. El manager Joe Girardi tomó entonces una decisión arriesgada: sentar a Alex Rodríguez, el pelotero mejor pagado de las Grandes Ligas y tercer bate de los Yankees, y enviar al plato como emergente al cubanoamericano Raúl Ibáñez, un jugador de 40 años, con garra pero sin el brillo o el talento de Alex. Al segundo lanzamiento, Ibáñez disparó un jonrón sobre la "cercana cerca" del jardín derecho del Yankee Stadium. La subsiguiente locura en las gradas era también de alivio: la temporada de los Yankees había estado al borde del abismo. 

En el inning 12, con el partido aún empatado a dos, volvió a salir Ibáñez a batear. Le hizo swing al primer lanzamiento y envió la pelota al segundo balcón del jardín derecho. El público volvió a enloquecer, pero esta vez con más alegría. Todo el equipo salió a recibir a Ibáñez. Parecía el final de una Serie Mundial. Por supuesto, Frank Sinatra empezó entonces a cantar "New York, New York", como lo hace cada vez que ganan los Yankees.

Fue una derrota dura para Baltimore, un equipo que llevaba 15 años sin clasificar para la postemporada y que anoche fue finalmente eliminado, gracias a una magnífica labor de C.C. Sabathia... y otra carrera impulsada por Ibáñez. Pero esos dos jonrones del miércoles fueron los que salvaron la temproada de los Yankees. Y deben haber sido muy amargos para Peter Angelos, el archimillonario abogado dueño de los Orioles. A mí los dos jonrones de Ibáñez me supieron a gloria... y no solo por haber salvado a los Yankees.

Desde que en 1947 Jackie Robinson salió a defender la segunda base de los Brooklyn Dodgers, las Grandes Ligas han sido una institución cada vez menos racista y más abierta. Una de las excepciones a esa regla son los Orioles de Baltimore. En mayo del año 2000, a través de su vicegerente de operaciones deportivas Syd Thrift, Peter Angelos declaró  que su equipo jamás contraría a ningún pelotero cubano que lograra llegar a Estados Unidos desde la Isla. El anuncio oficial parecía ser una invitación a los demás dueños a establecer una medida semejante contra los cubanos en todas las Grandes Ligas. El carácter manifiestamente discriminatorio —e implícitamente racista— de semejante decisión provocó un escándalo y una investigación de parte de Major League Baseball. Peter Angelos, que hizo sus millones en demandas legales de todo tipo, olió el peligro enseguida y se retractó dos días más tarde. Pero nunca ha contratado a un pelotero que haya salido de Cuba.

Peter Angelos ha sido un dueño desastroso para los Orioles. Bajo su égida, ese club legendario se ha convertido en el hazmerreír de las Grandes Ligas. En el 2009 la revista Sports Illustrated lo nombró como "el peor dueño de equipo de las Grandes Ligas". En una de sus escasas decisiones acertadas, en el 2010 contrató a Buck Showalter para dirigir el equipo. Este año los Orioles han jugado su mejor temporada de las últimas dos décadas. Parecían destinados a la gloria... hasta que Joe Girardi envió a Raúl Ibáñez, hijo de exiliados cubanos, a batear de emergente por Alex Rodríguez... 

Peter Angelos se ofreció como rancheador voluntario para perseguir a los cimarrones cubanos en las Grandes Ligas hace más de una década. Ahora tendrá todo el invierno para ver una y otra vez el video de los dos jonrones de Ibáñez y la locura absoluta en las gradas del Yankee Stadium, y para escuchar la voz de Frank Sinatra recordándole que New York is a helluva town. Y a lo mejor se dará cuenta que el trabajo de rancheador, además de ser indigno, no siempre reporta ganancias.

Thursday, September 15, 2011

La camisa es Manhattan, el resto es selva


A mis 15 años, me paseaba yo por la calle Obispo, guajirito orgulloso, con Manhattan sobre el corazón. No la isla, por supuesto, sino una de aquellas camisas de poliéster caluroso que hacían su verano en la Cuba internacionalista y supuestamente no alineada del otoño de 1979. Mi Manhattan sintética me la había traído una tía abuela de West Palm Beach. Tenía un tigre precioso (la camisa, no mi tía) en la parte frontal izquierda y el resto era selva... No lo digo por citar a Guillén el bueno y hacerme Jorge el fino: de veras el resto de la camisa era una monserga amazónica de lianas y flores tropicales que ponían muy en duda la supuesta fiereza de mi tigre zurdo).

Siempre asumí que ese nombre camisero, 'Manhattan', era un pujo cubano similar a los tacones Hollywood* y las ventanas Miami. Anoche, cuando pasaba canales frente al televisor, me detuve en el canal de los Yankees, YES, por unos instantes. Ponían uno de esos documentales sobre "la época dorada del béisbol" y Mickey Mantle se acercaba al cajón de bateo. Supuse que iba a dar un jonrón —¿cuántas veces usted ha visto a Mickey Mantle poncharse en el canal de los Yankees?—, y me detuve a verlo. Por supuesto, Mickey hizo un swing monstruoso, mostró el número 7 en esa espalda de mulo, y después la cámara siguió la bola a lo profundo del left-center. Y allí, en la cerca que en su día Babe Ruth cuidaba, vi el anuncio: Manhattan Shirts. Sí, señor, yes, en YES lo vi.


Camisa Manhattan del presidente
Harry Truman (1951)
Fui a la computadora y me enteré enseguida: hubo una compañía que se llamó Manhattan Shirts, camisas Manjata, asere, como se diría en la calle Obispo. Y resulta que Harry Truman tenía una de 1951, como pueden ver en su colección de camisas deportivas, que se parecía a la mía. El hombre que usó los frutos del Proyecto Manhattan usaba también camisas Manhattan. Sería una obsesión de guajiro de Barton County con la isla de los rascacielos. ¿Vendería las Manhattan también en su camisería de Missouri? Quién sabe.  La de Harry, en todo caso, no tenía tigre: era verde que te quiero verde y pare usted de contar. El tigre que le sopló dos bombas atómicas a los tíos de Mishima era vegetariano cuando se trataba del estampado de las camisas.

Bueno, pero el asunto es que la marca de camisas Manhattan, contrariamente a mis peores sospechas, no fue inventada en Marianao. Y es que el maldito Internet cada vez le deja menos espacio a nuestro orgullo invencionero cubiche. No es de extrañar entonces que haya tanto patriota empeñado en darle largas al cable ese que promete dejar entrar tantos datos incómodos en La Habana.

Ahora que lo pienso, en La Habana de los noventa se le decía "bacteria" a cierto tipo de camisas que las tías del Norte traían a los descamisados sobrinos de la Isla. ¿Habrá existido también alguna vez una "Bacteria Shirt"? Ahora mismo comienzo a poner en YouTube, uno por uno, los 536 jontones de Mickey Mantle, a ver si descubro algún anuncio revelador en la cerca del jardín derecho del Yankee Stadium.

*En la zapatería de mi pueblo, a principios de los años ochenta, había un letrero inolvidable, escrito a mano y con betún negro sobre un pedazo de cartón, que rezaba: "Se ponen tacone Holibo".