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Saturday, October 17, 2015

Cuba a vuelo de pájaro: ‘Unseen Cuba’

Este artículo se publicó originalmente en El Diario de Nueva York el 15 de octubre de 2015. Es el primero de dos artículos que escribí sobre el libro de Marius Jovaiša para la presentación en Nueva York auspiciada por el Centro Cultural Cubano.

El Centro Cultural Cubano de Nueva York presenta hoy, sábado 17 de octubre, el libro de fotografías de Marius Jovaiša. Tras la presentación habrá una sesión de preguntas y respuestas con el autor.



Le costó cinco años y un millón de dólares, afirma Marius Jovaiša refiriéndose a su libro de fotografías Unseen Cuba. Tomó 50.000 fotografías y eligió 400 para este álbum de recuerdos. Después de ver el resultado, habrá que admitir que todo valió la pena.

Jovaiša es un fotógrafo lituano nacido de 1971 y con vocación para mirar las cosas con una perspectiva novedosa. Antes de este libro sobre Cuba, había hecho ejercicios similares en Lituania, Belice, la Riviera Maya y Cancún.

Haber nacido en Lituania, nación invadida y anexada por la Unión Soviética, le dio el entrenamiento necesario para lidiar con la burocracia —y la cleptocracia— de la Cuba actual. Uno de los milagros de Jovaiša fue haber obtenido los permisos necesarios para tomar fotografías aéreas en Cuba, como él mismo cuenta en su sitio web.


La novedad del libro es esa: estos paisajes y edificios, harto conocidos, nunca habían sido fotografiados desde el aire. Jovaiša ofrece, literalmente a vuelo de pájaro, una visión inédita de Cuba. Pero sería injusto reducir la magia de su libro a la novedad de la perspectiva. Sus fotos del valle de Viñales, el Capitolio o la Torre Iznaga son verdaderas evocaciones poéticas de la memoria vegetal o pétrea de cada lugar, de cada edificio; son retratos del alma de los lugares. Será difícil ver con los mismos ojos los mogotes de Viñales después de haberlos visto a través del lente de Marius Jovaiša. Será difícil ya mirar a Cuba con los mismos ojos.

Los cubanos tendremos que agradecerle a Marius Jovaiša habernos regalado esta prueba tangible de una belleza que a veces nos resulta sólo una nostalgia o un sueño difuso y asfixiado por los rigores de la historia y de la vida cotidiana. De alguna manera, Cuba se salva en este libro.

Y todo el que tenga interés en Cuba o en la fotografía tendrá que agradecerle sus cinco años de trabajo, su infinita energía y paciencia y su disposición a dilapidar  una fortuna para hacer este libro; pero sobre todo habrá que agradecerle su talento inusual, su capacidad para mirar lo que todo el mundo había visto por cinco siglos y hallar una hermosura secreta que esperaba por su lente. Habrá que agradecerle el descubrimiento de una belleza inocente y limpia, una belleza prendada de la frescura y la nitidez que hicieron a Colón escribir “esta es la tierra…”.

Jorge I. Domínguez-López


Unseen Cuba
Presentación organizada por el
Centro Cultural Cubano de Nueva York: 
Sábado 17 de octubre a las 6:00 p.m.
JOHN JAY COLLEGE
524 West 59th Street, bet. 10th &  11th Aves., NYC
Lobby, SCREENING ROOM L-63

Entrada gratis
RSVP: cccofny@aol.com

Para ver una muestra de las fotos del libro,
visite el sitio web 
http://unseencuba.com


Centro Cultural Cubano de Nueva York: http://www.cubanculturalcenter.org/

Saturday, July 21, 2012

Frank Guiller: el cristal con que se mira

Nota: Todas las fotos que aparecen en este post son obra de Frank Guiller.


Frank Guiller (FG) usa unas gafas que debe haber heredado de algún viceministro de agricultura soviético de los años setenta. Y ahí debe estar la clave de su secreto.

He visto a FG una sola vez. Le dije que me gustaban las fotos que cuelga en Facebook, que me gustaban muchísimo. Me aseguró que esas fotos eran un intento de desmitificar al fotógrafo. Le dije que en ese caso el resultado había sido un rotundo fracaso, pues sus fotos solo alimentan el mito. Me parece que no le importó que le dijera ninguna de las dos cosas, pero no me atrevería a asegurarlo: uno no le ve la cara a FG detrás de esas gafas moscovitas que podrían tener un área más grande que cualquiera de las tres repúblicas del Báltico.


El hecho es que las fotos que cuelga en Facebook me han sorprendido cada día por casi seis meses. Uno se pregunta cómo demonios alguien puede hallar, divisar, reconocer y captar en su cámara tantos rostros horripilantes, bellos, repulsivos, desolados o alucinados como lo hace cada semana FG.

Se lo dije en cuanto me lo presentaron: "¿Cómo puedes hallar todos esos rostros en las calles de New York? Yo camino al menos diez cuadras en Midtown cada día y no veo ni la décima parte de los que tú descubres." Me dijo que debía ir al Downtown, que allí sí pululaban las mujeres del Renacimiento y los iluminados del Medioevo y los desesperados del siglo XXI. Bueno, pensé, ¿se creerá este tipo que nunca he ido al Downtown? Tuve la sensación de que me estaba mintiendo.

Y no son solo los rostros. Cada escena que retrata Frank Guiller, cada calle, cada semáforo parece ser un trozo de una futura nostalgia. Es como si pudieras oler los pretzels quemados de los carritos ambulantes y escuchar la sirena del carro de bomberos y sudar el calor de este julio tropical en los senos de esa muchacha; y saber exactamente lo que vas a sentir cuando veas esas fotos de aquí a veinte años.



Y no son solo los rostros y las escenas; es también el instinto con que elige los filtros, los colores o la manipulación demoniaca a la que somete cada foto. FG sabe la intensidad de luz y la coloración exactas del aburrimiento, la lujuria, el cansancio, la tristeza y otros cincuenta y tres sentimientos humanos. Y lo demuestra cada día con una, cinco o diecisiete fotos.

Estoy convencido de que el tipo nos engaña. Sus fotos no pueden ser obra de una sola persona. Nadie puede encontrar tanta gente y tantos lentes, y tantos filtros y tantas muchachas lunáticas. Mi teoría es esta: Frank Guiller debe ser en realidad el hijo del viceministro de agricultura soviético que fue el dueño original de sus gafas. Sospecho que aprendió a hablar español de Centro Habana para despistar, pero que tendrá los dineros mal habidos de su padre en alguna cuenta secreta. Con ese dinero probablemente le paga a una docena fotógrados —mercenarios exsoviéticos de Brighton Beach— para que cada día salgan a la calle a tomar cientos de fotos que le entregan en la tarde y entre las que él selecciona las mejores y las cuelga al otro día en Facebook. Y usa esas gafas totalitarias como un camuflaje tras el que esconde su tremebunda historia.

Frank Guiller
Si mi teoría no fuera demostrable, entonces habría que aceptar que Frank Guiller es un fotógrafo de un talento y una sensibilidad singulares. Y que es además un artista que trabaja como un perro, y tiene el olfato de un perro para descubrir esos pequeños milagros que luego ves en la pantalla de la computadora y te hacen perdonar toda la otra tontería que vas a encontrar en Facebook.

Nota: Todas las fotos de este post fueron tomadas de la página de Facebook de su autor, Frank Guiller, quien tuvo la generosidad de permitirme usarlas.