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Tuesday, June 15, 2010

Táctica y estrategia

La isla filipina de Mindanao será siempre la Gran Molucas para este nostálgico lector de Salgari. Por esos mares navegó Sandokan acompañado de Yánez y Tremal-Naik, para desgracia de los colonizadores británicos y divertimento infinito de mi infancia.

A pesar de que su nombre quiere decir "Tierra prometida", Mindanao no está habitada por el pueblo elegido. En la parte suroccidental de la isla se encuentra la región de Bangsamoro o Moroland, es decir, el "país de los moros". Esos moros son musulmanes, por supuesto, y desde los tiempos de Sandokan y Tremal-Naik se han querido independizar sucesivamente de España, Estados Unidos y Filipinas con infinita constancia y no menos infinitos fracasos.

Resulta que los moros tienen ahora dos grupos separatistas, que es como se les dice a los independentistas cuando se los quiere ningunear. Por un lado están los del Frente de Liberación Nacional Moro, cuya banderita pueden ver más arriba, y el grupo Abu Sayaf, que es el que nos ocupa en este post.

Son los muchachos de Abu Sayaf, separatistas de pura cepa, los que han logrado una plena identificación de la táctica y la estrategia. (Lo siento por los que esperaban que iba a hablar de Benedetti, primero me haría separatista moro.) Resulta que a esos chicos no les ha ido bien últimamente. En la segunda quincena de febrero, que es la más corta del año, el Ejército filipino dio muerte a su líder, Albader Parad, junto a otros tres "abusayafitas". Nos cuenta El País que el "teniente general Ben Dolorfino ha asegurado que el cadáver de Parad, por cuya captura Estados Unidos ofrece una recompensa de un millón de dólares, fue identificado por cuatro ciudadanos". Y si lo dice un teniente general de apellido Dolorfino, el cuento tiene que ser cierto, ¿no?

Además, el general que dirigió la operación afirmó que "sus tropas se enfrentaron a más de 50 militantes entre los que considera 'posible' que 'a juzgar por las armas incautadas' se encontraran algunos líderes prominentes de Abu Sayaf". ¿Que cómo se llamaba el general? Rustico Guerrero. Si ya creen que les estoy tomando el pelo, consulten el artículo de El País, caray.

Pues bien, esa muerte de su líder Albader Parad a manos de Dolorfino y el Rustico Guerrero no les podía caer nada bien a los muchachos de Abu Sayaf. [Me imagino que Mr. Parad les dijo: "Parad, deteneos", pero Dolorfino y el muy Rustico Guerrero hicieron caso omiso del occiso.] ¿Y que hacen los separatistas de Abu Sayaf cuando tienen un dolor grueso como el que les causó Dolorfino? Pues separan, que para eso son separatistas.

Por ejemplo, nos contaba ayer el New York Times que los "abusayafitas" secuestraron a tres pobres leñadores y, para dejar en claro su disgusto, los decapitaron. Evidentemente, estos muchachos tienen pasión por separar, y mientras no puedan separar su Morolandia de las Filipinas, le separan la cabeza del tronco a cuando leñador despistado se encuentren en esos bosques. Eso me parece una perfecta conjunción de táctica y estrategia, aunque podría llevar a algún malpensado a decir que esos muchachitos no son más que una banda de asesinos...

Por otra parte, hay que reconocer que los filipinos tienen una gracia para poner nombres que ya quisieran para sí los idiotas que acaban de ponerle "Mayabeque" a una provincia de Cuba. El bosque tan mal usado por los separatistas decapitadores se llama Maluso. Y la teniente del Ejército que dio la noticia se llama Stefanni Cacho. Me imagino que el Rustico Guerrero pensó, "si se trata de cachos de seres humanos, que dé la noticia la Cacho".

No debe ser nada fino el dolor de vivir en la muy rústica Morolandia en estos días, digo yo.

¿Y a qué viene todo esto, dirá el lector? ¿Por qué habla este de filipinos y moros y el Tigre de Malasia? Bueno, es que me había prometido escribir un post en estos días mundialistas sin mencionar las malditas vuvuzelas... ¡y estuve a punto de lograrlo!

Monday, June 7, 2010

¡Viva [Alex] Cuba libre!


MD me informó el sábado que su amigo de la infancia, Alex Cuba, tocaba en el Highline Ballroom de la calle 16 y que había que asistir. Más allá del deber, accedí porque había visto el video clip de "Agua del pozo" y había quedado fascinado con el mejunje que vende Alex Cuba empaquetado en música. Vi el video y me dije, "¿Quién coño es este tipo?" Pues a averiguarlo fui esta noche al Highline Ballroom. Aquí tienen el informe de la investigación.

Alex Cuba es un tipo encantador. Fuimos a verlo a su camerino antes del show y mientras MD y él conversaban les hice unas fotos. He visto pocas personas que parezcan sentirse tan cómodas en su piel como [Alex] Cuba. El tipo es real, que es lo mejor que se podría decir de nadie. Después de reapsar fotos de los respectivos hijos y recordar los cuentos de la infancia, nos fuimos a escucharlo.

La última vez que alguien me produjo una impresión semejante a la de Mr. Cuba en el escenario fue cuando vi hace cinco años —sin saber quién era— a Jack White tocando con The Raconteurs antes de un concierto de Bob Dylan.


Alex Cuba toca una música que sólo se puede calificar como "lo que le da la gana". Pasa de un lado a otro —de la guajira al son, del son a la nueva trova, de la nueva trova al rock, del español al inglés, de la guitarra acústica a la eléctrica— con una naturalidad que debería ser penada por la ley.

La ejecución es tan precisa como la navaja del barbero que le afeita las patillas; la voz es agradable —muy agradable, y distinta; la música, sencilla sin ser nunca elemental; las letras, interesantes y poéticas cuando la canción lo permite, y pegagosas cuando el ritmo pide.

Uno tiene la sensación de que este tipo hace en el escenario absolutamente lo que le da la gana... y lo hace muy bien. Alex Cuba podría ser, si quisiera, un remedo de Silvio Rodríguez, Chucho Valdés, Pablo Milanés, Pedro Luis Ferrer, El Tosco o Jimi Hendrix, pero ha preferido ser Alex Cuba realmente. Habría que darle las gracias por eso.

Esta semana tuvimos en New York una "semana cubana" con todas las de la ley. El jueves fue el homenaje a Alicia Alonso en el Metropolitan Opera House. El viernes tocó Silvio Rodríguez en el Carnegie Hall. El domingo tocó Alex Cuba en el Highline Ballroom. Los padres de familia debemos escoger muy bien adónde vamos. Dejé pasar a Alicia y a Silvio y decidí ir a ver a Alex Cuba esta semana. Después de verlo, me doy cuenta de que hice la mejor apuesta.

Si me interesara la polítifca, a cada uno de esos nombres podría asociarlos con una "F". Alicia, por supuesto, me recordaría la "F" de Fulgencio Batista, Silvio la "F" de Fidel. ¿Alex Cuba? La "F" de futuro. De ser así, podría decir como Lincoln Steffens: "He visto el futuro (de la música cubana), y funciona".

Gracias, Alex.

Fotos de Tersites Domilo. Si desea ver la foto ampliada, pulse sobre ella.








Friday, June 4, 2010

Las jevitas de Silvio

En estos instantes Silvio Rodríguez debe estar alegrándole la noche a un par de miles de buenas almas en el Carnegie Hall. Hubiese querido esta allí. Alguien me ofreció entradas gratis para ir. Mi mujer fue. Sin embargo, el temor me ha impedido asistir.

Cuento entre mis dichas haber ido repetidamente al Carnegie Hall en los últimos 17 años. Cada noche en el Carnegie Hall ha sido memorable. La más memorable de todas, sin embargo, fue la que me impidió asistir hoy a ver y escuchar al autor de "Pequeña serenata diurna".

Corría el año del Señor de 2002. Un día, como a las tres, me llamó MD. Era una de esas tardes de primavera de New York a las que ninguna película les puede hacer justicia —ni siquiera una película de Woody Allen. Alguien le había regalado unas entradas para el Carnegie Hall esa noche. La Filarmónica de Viena tocaba esa noche la 39 y la 40 de Mozart. Para un tipo de gustos musicales primitivos como este escriba, el Carnegie Hall, la Filarmónica de Viena y la 39 y la 40 de Mozart, son una conjunción cercana al Paraíso.

Sin embargo, resulta que la Filarmónica de Vienna —al menos en esa época—, no tenía ni una fémina en sus varoniles atriles. Esa ausencia provocó la ira de un nutrido grupo de feministas feroces que hizo una manifestación esa noche a la entrada del exquisito teatro de la calle 57. Nunca me he recuperado de la impresión de entrar a escuchar lo mejor de Mozart por sus mejores intérpretes en el mejor teatro del mundo bajo aquellos gritos.

Cuando pensé en ir a ver a Silvio, inmediatamente recordé a aquellas feministas de mis pesadillas. Me pareció entonces imprescindible —por mero ejercicio de prudencia— releer algunas letras de Rodríguez con los ojos de las niñas feroces.

Buscando alivio, comencé con la preciosa canción "Mujeres", que da título a mi disco preferido de Silvio. Al leerla con ojos feministas, quedé "estremecido", pero "for the wrong reasons", como dice el gringo.

Resulta que a Silvio lo estremeció su progenitora "porque era mi madre además". Y su hija lo estremeció porque era su hija, claro. ¿Las otras? Las otras lo estremecieron por el machote que tenían al lado. Veamos...

Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos
Hacia la estrella de aquella otra madre mayor
--------
Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo
Siempre a la sombra y llenando un espacio vital
Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos
De la melena invencible de aquel alemán


De modo que Mariana Grajales lo estremeció por sus hijos —Antonio, José y los otros—, todos machotes donde los haya. ¿Y la Mantilla? Lo estremeció por estar "siempre a la sombra". Eso es machismo del bueno, del butin, dirían mis amigas feministas. ¿Y Jenny von Westphalen, aquella jevita alemaman linda y con dinero? Pues esa estremeció a Silvio por incendiar "los trillos de la melena invencible" de Carlitos Marx, el menos simpático de los Hermanos Marx.

¿Será que ninguna hembra estremece a Silvio por sí misma? Bueno, prodríamos decir en su favor que cuando habla de "Tania la Guerrillera" no menciona al hombre de este siglo allí. Bueno, señor, no lo menciona porque en esa época en Cuba no se podía decir que Tania era la que le provocaba los ataques de asma y de alma a Mr. Guevara en la selva boliviana, pero se "deduce del contexto", ¿no? Silvio ha sido siempre un tipo prudente, y no se iba a buscar un problema por mencionar a destiempo esos amores guerrilleros...

En resumen, que ninguna jevita fuera de su familia estremeció a Silvio jamás sin "macho interpuesto". No creo que mis amigas feministas estén muy contentas con eso. Busquemos otra canción, me dije... Y ahí fui a dar con "La familia, la propiedad privada y el amor", donde el camarada Rodríguez dice, así como si nada:

Busca amor con anillos y papeles firmados
y cuando dejes de amar ten presentes los niños
no dejes tu esposo ni una buena casa
y si no se resisten serruchen los bienes
que tienes derecho también porque tú
tenías lazos blancos en la piel
tú, tenías precio puesto desde ayer
tú, valías cuatro cuños de la ley
tú sentada sobre el miedo
de correr.


O sea, que el derecho a que la mujer reciba una parte del patrimonio familiar en el divorcio le parece a Silvito un pujo pequeñoburgués, ¿verdad? Ese derecho que los defensores de la causa de la mujer han reclamado tanto, le parece a Silvio una ridiculez. Haciendo un "análisis marxista" del asunto, ¿podría estar esa posición motivada por el hecho de que Silvio es millonario y cambia a menudo de pareja? ¿Qué dirían mis amigas feministas al escuchar la canción? Pensé entonces que debía buscar otra...

¿Qué pensará Silvio de la prostitución?, me dije. Porque sabemos que las feministas en lo único que coinciden con el Papa es en su condena a la prostitución. Buscando y buscando me encontré "Flores nocturnas", la canción de SR sobre las jineteras cubanas que salen a ganarse la vida vendiendo el ardor de sus verijas a los galleguitos cheos.

El resto de la humanidad considera que las muchachas que se dedican a la prostitución lo hacen porque no les queda absolutamente otro remedio. Y eso, por supuesto, es lo que piensan mis amigas feministas. ¿Qué piensa Silvio del asunto? El pobre Silvio no sabe qué causa la prostitución en Cuba. Fíjense en la letra:

Se abren las flores nocturnas de quinta avenida
para esos pobres señores que van al hotel
flores que rompen en la oscuridad
flores de guiños de complicidad
flores silbando suicidios
flores de aroma fatal.

Qué jardinero ha sembrado la quinta avenida
con variedad tan precisa de nocturnidad
cuál es su especie y cuál su país
qué fino abono nutrió su raíz
dándoles tono silvestre
dónde estará su matriz.

A ver. Silvio sabe que los hombres que compran las carnes y los gemidos de las cubanitas son "pobres señores que van al hotel". Silvio sabe también que las putas cubanas huelen mal, "flores de aroma fatal" las llama, ¿se habrá acercado él a alguna de ellas? Lo que no sabe Silvio es quién es el culpable de que las jóvenes cubanas se dediquen a la prostición. ¡Ay, no, esta niña, Silvio no tiene ni idea! Ni siquiera sabe si el culpable es cubano o no. Por eso dice: "Qué jardinero ha sembrado la quinta avenida/con variedad tan precisa de nocturnidad/cuál es su especie y cuál su país".

En el resto del mundo las putas son putas por la injusticia económica que reina a su alrededor. En Cuba, la versión oficial es que las cubanas venden su cuerpo porque son congénitamente putas. "Lo hacen por tener un pullover de Calvin Klein", te explican los funcionarios. Y el pobre Silvio ni sabé por qué esas muchachas salen a las siete de la noche a venderle el amor a un tipo gordo, hediondo y aburrido. ¿Qué dirían mis amigas feministas de eso? Decidí buscar otra canción. Por desgracia, topé con "Cierta historia de amor". Dice Silvio:

Aprendí, de un buen amigo
A pegarle a mi mujer
A llevar los pantalones, como es la tradición

La canción es evidentemente autobiográfica, pero también es humorística. Vamos a asumir la mejor de las tesis posibles. Pensemos que Silvio nunca le cayó a puñetazos a su novia. Lo que es evidente, innegable, es que a Silvio Rodríguez la imagen de un machango que le cae a puñetazos a una mujer físicamente más débil y la deja con los labios sangrientos, los ojos morados y llenos de lágrimas y el alma destrozada, le parece una imagen simpática, jocosa. No me quiero imaginar siquiera lo que dirían mis amigas feministas del asunto.

Asaltado por esos miedos —por mi cobardía, que es infinita— decidí no ir al concierto. Pensé, leyendo esas letras de Silvio, que mis amigas feministas estarían como fieras hambrientas protestando a la entrada del teatro. Si fuera por la Filármonica de Viena tocando la 39 y la 40 de Mozart, las volvería a enfrentar. Pero no por Silvio. (Uno tiene sus límites, como todo el mundo.) Así que si algún lector tiene entradas gratis para escuchar a la Filarmónica de Viena uno de estos días en el Carnegie Hall, aún me los puede mandar.)

Sigo escribiendo mientras escucho a Silvio. Canta ahora "¿Adónde van?", una canción por la que uno nunca acabará de agradecerle. Y subiré las fotos del concierto cuando llegue MD. Pero no fui, pero no voy.





Las fotos de MD...












Tuesday, June 1, 2010

Las bellas tetas de Marina Abramovic



Anteayer la artista serbia (¿O decimos yugoslava?) Marina Abramovic ha completado sus 700 horas sentada en una silla en el MoMA. Esas 700 horas quieta en las sentaderas eran el performance central de su restrospectiva "The Artist is Present", la mayor exposición personal de un artista del performance jamás expuesta en el MoMA.

Ha sido un éxito rotundo. Nuestra belle du jour ha tenido una cola constante de admiradores y buscadores de la verdad que han esperado pacientemente para sentarse frente a ella por unos minutos o por horas, para mirarla fijamente a los ojos, retina a retina. Por allí pasaron, según The New York Times, Lou Reed, Bjork, Marisa Tomei e Isabella Rossellini a hacerle guiños a Marina. Lo mismo hicieron varios miles de seres anónimos pero igualmente devotos.



El resto de la exposición era una colección de videos, fotos y artefactos de su carrera como artista del performace, más una serie de recreaciones de sus performances anteriores con actores contratados y entrenados para la ocasión. La exposición me pareció interesante —fui tres veces a verla— pero básicamente una farsa. Veamos...

1. Cuando los dadaístas comenzaron a hacer performances —que aún no tenían ese nombre— en el Cabaret Voltaire en febrero de 1916, la mayor parte de la crítica, y casi todas las buenas almas, dijo que se trataba de una locura o una payasada. El éxito de público y crítica de Marina (y de otros artistas de su misma "onda") podrían hacernos pensar que "la gente ahora sí le mete al arte moderno". Nada de eso, Juana. La gente sigue sin "entender" el asunto. Lo que pasa es que ya no es cool decir que una obra de arte es una basura o es inentigible. Eso es lo que la gente aprendió, desgraciadamente: a ser cool. La gente ve a Marina (u otra jevita en su lugar) encueruza y acostada sobre un bloque de hielo, a Marina (u otra jevita en su lugar) en cueros dándose cuero como monjita en Cuaresma, o a Marina (u otra jevita en su lugar) en pelotas sobre un asiento de bicicleta a dos metros de altura con las piernas y los brazos abiertos, y todo el mundo sale encantado. "Oye, esta niña, ¿pero tú viste que cositas más originales hace la señora esa?", le dicen al otro día a su colega de la oficina. Y su colega responde: "Y le encanta la encuaradera, ¿viste?"

2. Borges decía que después del éxito de las vanguardias nadie se atrevía a criticar el arte moderno por temor a hacer el ridículo cincuenta años más tarde. (¿La gente creerá que no se va a morir o tiene vergüenza ultratumba?) Esto nos ha llevado a tragarnos un montón de bazofia. Me hubiese encantado preguntarle a cualquiera de los admiradores de Marina cuál era la diferencia entre su obra y la de un farsante desvergozado. Y que me dijera de paso a qué artista conceptual o de performance consideran un farsante. Porque, no todo el mundo puede ser bueno, ¿verdad? Pero ya nadie se atreve a criticar a nadie... menos en el MoMA.


Ezra Pound afirmó que la literatura del siglo XIX era puro cliché. Lo mismo podría decirse de las artes plásticas de los últimos noventa años. Después de Dada, el ciclo febril de rupturas que comenzó —o que me gusta pensar que comenzó— con el Salon des Refusés en 1863, no tenía adónde ir. En ese sentido, el arte occidental —el arte que muestra cierta progresión— termina cuando Marcel Duchamp firma "R. Mutt" en el urinario y lo manda a una exposición en 1917. Lo demás ha sido vanidad y atrapar vientos, camaradas.

Y con eso no quiero decir que lo demás no fuera (a veces) interesante, sorprendente, conmovedor. Lo que digo es que la pretensión de novedad, supuestamente esencial en ese arte, era falsa.

3. La recreación de los performances anteriores desdice el carácter efímero que los mismos se atribuyen. Viendo sus recreaciones, uno recuerda esos documentales donde John Lennon o John Kennedy no se parecen a ellos mismos porque no son ellos mismos, sino unos actores que vagamente recuerdan esos rostros demasiados familiares. El mismo aire de falsedad rodea las recreaciones de los performances de la Sra. Abramovic.

4. El cuerpo humano desnudo es un medio eficaz para expresar erotismo, indefensión o sufrimiento. Marina Abramovic intenta repetidamente convertirlo en motivo de nuestra indeferencia. Me parece una profanación de la desnudez.

5. El remedo de crucifixión, la flagelación de Marina desnuda y otros performances que uno puede ver en la exposición tratan de analizar y desnudar el papel de los ritos en nuestra vida. Sin embargo, ver a toda esa multitud que observa reverente la propuesta de la artista sin entender absolutamente nada, lo hace a uno pensar en el rito moderno y vacío de asistir a una exposición de arte como una obligación cultural. El único rito que Marina desnuda al quitarse la ropa es el del artista que vende y el público que compra un producto esencialmente falso: el arte contemporáneo.

6. Marina Abramovic, sentanda en absoluto silencio durante 700 horas delante de una fila de admiradores que esperan pacientemente a sentarse frente a ella para mirarla a los ojos durante un buen rato sólo me evoca los viernes de Cuaresma en que los católicos hacemos filas para confesar nuestros pecados antes de resucitar. Pero Marina, silenciosa, no absuelve a nadie.

7. Marcel Duchamp, que con un gesto hizo abosoleta la "pintura retiniana", se reiría de buena gana al ver este infinito diálogo de retinas que Marina pretende establecer con su público. En el Cabaret Voltaire, hace 94 años, se intentó reconciliar el arte con el pueblo. Ése, y otros numerosos experimentos mucho menos originales, nos dicen que se trata de una tarea imposible. Dudo mucho que Marina Abramovic no lo sepa. Y es por eso que, de cierto modo, me parece una farsante.

8. Dicho lo anterior, habría que decir de ella, como se dijo antes de Holly Golightly, que "she is a real phony", una impostora absolutamente honesta en su mentira. Y una mujer inquietante, y con unos senos hermosísimos además —al menos antes de que se los rellenara de silicona. Quizás fui tres veces por eso, para ver las bellas tetas de Marina Abramovic. Ese podría ser un rito con verdadero significado.

Fotos de Tersites Domilo excepto la de la pieza "Fountain" y la de Marina Abramovic con kepi.

Wednesday, May 26, 2010

El vergonzoso oficio del blogger

El mayor mérito de Facebook es haber ofrecido a los borrachos una nueva manera de hacer el ridículo. El borracho entra en Facebook a las dos de la mañana, escribe tres idioteces, se va a la cama y al otro día al depertar se entera de que le ha dicho al mundo entero que sus cantantes preferidos son los hermanitos del Dúo Pimpinela o que cuando se afeita el bigote se deja el pedazo del medio hasta el final porque le gusta ver su rostro en el espejo con el bigotito de Hitler.

Por su parte, el mayor mérito de los blogs o las bitácoras o como se llamen esos engendros, es ofrecer a un ejército de imbéciles la posibilidad de anunciar al mundo su egolatría. Un blogger es un tipo al que le falta talento o disciplina para escribir nada serio, pero que al mismo tiempo carece de la humildad o el valor necesarios para aceptarlo. El blogger es un cobarde con delirio de grandeza.

Al principio el tipo se convence a sí mismo de que sólo se trata de una "blogedera", un chiste. Le da un poco de vergüenza decir a sus amigos que ahora se dedica a perder el tiempo en una faena tan inútil, que desatiende a su familia para escribir sus llantenes de genio incomprendido. Pero no tarda mucho en perder el recato. El blogger entonces se llena de entusiasmo y lo mismo escribe una nota sobre la Guide to Kulchur de Ezra Pound que sobre el concurso de perros del Westminster Kennel Club o las marchas de las Damas de Blanco. El tipo, que antes leía el periódico por puro placer, ahora lo escrutiña en busca de "temas". Lo mismo pasa con las conversaciones con los amigos, los correos electrónicos de la noviecitas de la adolescencia, las guerras de rapiña, los viajes familiares, las crisis económicas o la muerte prematura de un tío sifilítico. La vida se le convierte en "materia prima" para su blog. "Todo va a dar a un libro", se decía antes, pero ahora ya sabemos a dónde va a parar todo.

El blogger es cheo, pero quiere ser un tipo cool. Los moralistas dicen que lo peor del Internet es la pornografía, los precavidos dicen que es el robo de identidad, pero tanto unos como otros se equivocan. Lo peor de todo es esa masa de escritores de bazofia, que nos aburren a diario porque son incapaces de aceptar su insignificancia con un mínimo de dignidad.

Los pobres amigos son los que tienen que sufrir el onanismo intelectual del idiota. Si te encuentras con un blogger, lo llamas por teléfono o, peor aún, le escribes un email, te espanta la puñetera pregunta: "Oye, ¿viste lo que colgué anoche?" Y uno se siente obligado a decirle a este Sancho que se cree Cervantes que sí, que lo leyó tres veces, que "qué bueno te quedó eso, brother". Uno trata de cambiar el tema de conversación, pero ni modo. Al blogger solo le interesa hablar de su último post. Cuando uno no ve otra salida, le dice: "Socio, tú de veras tienes talento, deberías estar escribiendo un libro". Hay que ver la cara de monaguillo con roquete nuevo que pone el blogger cuando le dicen eso. Y es esa carita de satisfacción angelical la que le sugiere a uno la idea de darle una buena patada en el culo para que deje de machacarnos los sesos con sus babosadas de niño sin abuela.

Si admiro a los gobiernos de Zimbabwe, Corea del Norte, Siria y Libia (y de algún otro país cuyo nombre no recuerdo ahora), es porque tratan a los bloggers como se merecen. Los ingenuos acusan a esos gobiernos de reprimir la libertad de expresión. Yo celebro su sabiduría, el celo con que defienden el buen uso de la sintaxis, sus esfuerzos contra la pérdida de tiempo. Porque, ¿qué cosa es un blog sino una suma de oraciones cojas y ratos perdidos? En esa loable represión profiláctica de los que piensan que tienen algo que expresar quizás esté la calve de la armonía y la prosperidad. No en balde Zimbabwe, Corea del Norte, Siria y Libia (y algún otro país cuyo nombre no recuerdo ahora), gozan de la paz social y la prosperidad económica que tanto les envidian los países del Primer Mundo, idiotizados como están por la proliferación de los malditos blogs, las bitácoras o como quiera que se llamen esos engendros.

Yo le he advertido a mi familia que si alguna vez me da por escribir un blog será la señal inequívoca de que ha llegado el momento de comenzar a darme las medicinas contra la demencia senil. Es algo que jamás haría en mi sano juicio.



Wednesday, May 19, 2010

Diez dólares por el ocaso

No sé qué utilidad tiene saber ciertas cosas. Por ejemplo, ¿a quién le importa saber cuánto vale mirar la puesta del sol sobre Manhattan? Ni idea tenía... Ahora sé su valor exacto: $10.

El viernes fuimos MD y este escribano —sería más exacto decir escrivano— a un concierto del cantante Kurt Elling y el acordionista francés Richard Galliano en el Allen Room del Jazz at Lincoln Center. El concierto era de lo que los músicos cubiches llaman "música de sopa", pero bien despachada: una selección de canciones de amor cocinadas con jazz. Kurt Elling sabe cantar y sabe hacerlo en cinco o seis idiomas. Es una lástima que no tenga mucha voz. Pero tiene la pose. Y compensa sus carencias vocales siendo un anfitrión inigualable. Hacía comentarios útiles y divertidos antes de cada canción, y los hacía en inglés y francés, para beneficio de la numerosa audiencia gala.

Esa cantidad de franceses en el público, por cierto, me resultó deprimemente. Era una prueba más de la decadencia de las Galias. Ese provincialismo de llenar un teatro porque viene un idiota del terruño a pararse en el escenario está bien para gente como nosotros, cubiches con comprensibles complejos de inferioridad, pero, ¿los franceses? Parece mentira...

Bueno, Kurt Elling cantó desde "You are too beautiful", a una versión en jazz de la "Norwegian Wood (This Bird Has Flown)" de Lennon/MaCartney y hasta "Si te contara", que por alguna razón atribuyó a Graciela Pérez Grillo, la cantante cubana que murió el mes pasado.


Elling se ocupó de dejar aquel era el cocierto de Richard Galliano, un acordionista con cara de chef gallego que puede hacerte olvidar que estás oyendo un acordión. Sin gracia escénica alguna, Galliano en cambio parece incapaz de hacer nada mal con el incómodo acordión, como pueden ver en este ejemplo.


Sin embargo, la verdadera estrella de la noche era quizás el Allen Room, un teatro construido en el piso superior de la base del edificio Time Warner Center. El fondo del escenario es una inmensa pared de cristal por la que se divisa Columbus Circle, la Calle 59 y parte del Parque Central. Uno observa el espectáculo de la ciudad como si fuera una película silente, acompañada por la música que viene desde el escenario. A medida que cae la tarde, el parque se oscurece y la Calle 59 se llena de huidizas luces de autos, como si fuera un árbol de Navidad acostado sobre Manhattan. Los músicos, que al principio parecían estar tocando una matinée en la playa, ahora quedaban bañados por las luces del teatro. Uno pudiera ir al Allen Room a ver caer la noche aunque nadie estuviera tocando.

Cuando fui a comprar los boletos, la señora de la taquilla me explicó que la entrada para el concierto de las siete valía $65, mientras que el de las nueve sólo costaba $55. Al final de la función caí en la cuenta de que aquellos diez dólares extras lo cobraban por el crepúsuculo. Me parece que esa gente está regalando sus ocasos. Uno pagaría más por verlos desde allí.

Friday, May 14, 2010

Carlos Varela: no sirvió de nada



Carlos Varela es, de cierto modo, un santo de falsa devoción. Por eso fui a verlo esta noche a SOB's.

SOB's es un sitio de buena fama y malos recuerdos al sur de Manhattan, en la esquina de Varick y Houston Street. El lugar tiene una acústica diabólica y precios caros para lo que sirven. Pero de algún modo es real. Hay algo tangible y hediondo que le dice a uno que el sitio es real. Y uno va... si no le queda más remedio. Esta noche, no me quedó más remedio.

Hacía casi diez años que no me aparecía por allí. La última vez fue la noche del 10 de septiembre de 2001. Había ido a encontrarme con mi hermana, que había venido de Cuba y a la que hacía dos años que no veía. Salimos de allí a las dos de la mañana del 11 de septiembre y, al cruzar el puente de la calle 59 que cantan Simon y Garfunkel, le dije que mirara la silueta de Manhattan, rematada al sur por las Torres Gemelas. Siete horas después de decirlo, las Torres Gemelas no exisitían. Se entiende que SOB's no es mi bar preferido.

Pero esta noche fui. Cantaba Carlos Varela. Alguien le dijo a MD anoche que Carlos Varela cantaba en Manhattan. Y fuimos a verlo.

El gnomo salió al escenario con media hora de retraso y una barba de dos días. Los gringos, por falta de imaginación, le dicen "el Bob Dylan de Cuba". Es una afirmación doblemente falsa. En primer lugar porque ya nadie es Bob Dylan —ni siquiera él mismo. En segundo lugar porque Silvio Rodríguez, mal que pese, sería lo más cercano al judío de Duluth. Pero la afirmación en este caso funcionó como una maldición: el audio no permitía descifrar lo que decía. Al principio, era como estar en un concierto de Bob Dylan, donde uno no entiende nada de lo que se dice en el escenario.

Las primeras dos canciones eran nuevas... no entendimos ni una palabra. Después habló Carlos Varela... tampoco se entendía. Entonces comenzó a cantar las canciones que uno se sabe de memoria y todo fue más llevadero.

MD salió a fumarse un cigarrillo y al regresar me dijo: "Me encontré con Rubén Blades". Me llevó hasta donde estaba y le hice una foto tomándose su mojito (la pueden ver en la página de las fotos que tomé en el concierto). Unos minutos más tarde, Carlos Varela lo llamó al escenario. Le dijo que fuera de una vez a la La Habana. Rubén, como disculpándose, le dijo: "Iré... a una Cuba libre". "Viva Cuba libre", gritó Varela al final de una canción, y los cubiches del público —inmensa mayoría— repitieron el grito.

La gente coreó "Memorias del subdesarrollo", "Como los peces" —que Varela dedicó a los balseros—, "Habáname" y "La polítia no cabe en la azucarera" —con improvisaciones de Rubén Blades. Cuando comenzó a cantar "Retrato de familia", sin embargo, se hizo un silencio sepulcral. Me imagino que en ese momento Varela se haya dado cuenta de que el público era enteramente suyo.

Carlos Varela, para los cubanos que andamos por la cuarentena, es el tipo que comparte nuestro escepticismo. Uno supone que la generación anterior —la de Silvio y Pablo y todos los demás—, alguna vez se creyó la revolución cubana. Pero Carlos Varela tenía 16 años, como tantos de nosotros, cuando se organizaron las turbas fascistas del Mariel. Si no es tonto —y no lo es— sabrá bien que los cubanos hemos vivido una gigantesca y perversa idiotez.

Para los que nos tocó esa experiencia, no importan mucho los malabarismos que Varela hace, como asi todo el mundo, con la verdad. Para nosotros es evidente que habla sabiendo "lo que hay". Y sus canciones revelan ese conocimiento. Es curioso que el público presente no hizo mucho caso a su petición de "un minuto de silencio" por los balseros muertos —que no sonó muy sincera—, ni a su grito de "Viva Cuba libre", pero aplaudió rabiosamente cuando cantó su conocido juicio final sobre esa revolución "que no sirvió de nada, de nada, de nada, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual". Uno le cree a Carlos Varela cuando canta eso. Y coreando esos recuerdos se nos fue la noche. Gracias, gnomo.

Post data: Tomé una docena de fotos durante el concierto que pueden ver aquí.

Tuesday, May 11, 2010

Obama sí merece el Nobel


Es difícil abrir el periódico en la mañana, en la modorra amigable de un tren del Long Island Rail Road, sin imaginar que uno es un Tyrannosaurus Rex al borde de la extinción que se embarra las ridículas paticas delantera de tinta barata. La gente va leyendo su Kindle, mirando el Blackberry con inexplicable fascinación, jugando a quién sabe qué en su iPad. Y uno insiste en el papel y los prodigios de Gutenberg. Bueno, pero a lo que íbamos...

En la primera plana del New York Times hoy había una foto de Elena Kagan, nominada para ocupar el puesto vacante en la Corte Suprema, entre el presidente Obama y el vicepresidente Biden. La buena señora tiene una expresión en la cara que va muy bien con su apellido... but I digress. En la portada hay también un par de artículos más o menos propagandísticos sobre Elenita; otros dos sobre el billón de dólares que les va a costar a los pobres alemanes mantener a los lánguidos nietos de Aristóteles; un artículo sobre otra idea ridícula de nuestro gobernador Patterson; uno más sobre el derrame de petróleo del Golfo; y como colofón, uno sobre la próxima visita del presidente afgano y cómo Michelle va a sacar "la mejor vajilla" de la Casa Blanca esta vez. "Sin novedad en el frente", diría Erich Maria se no hubiese tenido tan mala estancia en aquel hospital de Locarno allá por el 70...

Seguí leyendo mi periódico y, como suele suceder, después de la portada leí algunas otras tonterías en la página 2, más tonterías en la página 3, y cuando mi tren casi entraba en Manhattan arribé a la página 4. "Mueren más de 100 personas en ataques simultáneos en varias ciudades iraquíes". Sí, señor. Ataques terroristas. En Irak. En varias ciudades. Simultáneos. Más de cien muertos. ¡Ah, pero no les cupo en la primera plana! Ni en la página 2, ni en la 3. En tiempos de Bush, caray, cada iraquí que moría tenía garantizada la portada, con fotos de la familia y el velorio. Y es que Bush es tan idiota y pesado...

Ahora matan a cien iraquíes y, con suerte, van a dar a la página 4. ¿Fotos? No, señor. Nada de fotos en la página 4. Para ver fotos de la carnicería había que llegar a la página 8 —después de todo, ocho es muerto en la charada— donde continuaba el artículo.

Y es que los muertos ahora ya no son muy interesantes, no tienen onda, no venden periódicos. Los muertos que se mueran, señor. En tiempos de Bush los muertos nos hacían temblar de rabia, exigir justicia, escribir editoriales. ¿Pero qué importan 100 iraquíes asesinados en un día cuando tenemos un presidente tan simpático como Obama? ¡A la página 4, muertitos!

Y después hay gente que dice que Obama no se merecía el Nobel. ¡Por Dios! Si el hombre terminó con la injusta, cruel, estúpida Guerra de Irak... bueno, tal vez no la terminó, pero sin dudas la hizo desaparecer de la primera plana del New York Times. ¿No es esa una razón suficiente para darle el Nobel?