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Friday, March 15, 2013

Ernesto Tamayo: la pieza más difícil

Hace poco más de un mes, los médicos descubrieron que el conocido guitarrista y compositor clásico cubano Ernesto Tamayo tenía un tumor cerebral maligno en cuarta fase. Por supuesto que nadie merece recibir una noticia así; pero conozco pocas personas que lo merezcan menos que él.

En la primavera de 1995, recién llegado a Estados Unidos, 
Ernesto Tamayo vino a pasar una semana a nuestro apartamento en New York. Tenía 23 años y era ya un guitarrista de fama y estaba tratando de conseguir una beca en el Peabody Conservatory para estudiar con Manuel Barrueco. Yo no conocía a Ernesto, pero el mundo es pequeño: doce años antes, él y Madelca Suárez, quien más tarde se pondría mi apellido, habían comenzado a estudiar el nivel elemental de guitarra en la Escuela Nacional de Arte de Cuba. 

En 1995 yo daba clases de español en el Berlitz de Broadway y Wall Street y mi mejor alumno —y muy pronto amigo— era David Hurwitz, el conocido crítico musical que anima desde hace diez años "el único diario de música clásica del mundo", Classics Today. Le hablé a David de Ernesto e inmediatamente me propuso que lo llevara a su casa. Por esa época Ernesto no hablaba inglés ni David español, de modo que entre un estudio de Leo Brouwer y un preludio de Tárrega, hice de intérprete en aquella conversación de sordos de oído exquisito. 
Ernesto le preguntaba a David si podía ayudarlo a dar un concierto en el Carnegie Hall mientras que David, haciendo gala de su humor demoníaco, le explicaba que la guitarra no es un instrumento de concierto. 

Para demostrar su tesis, cuando Ernesto terminó de tocar su transcripción para guitarra del Andante de la Sonata en mi menor para flauta y bajo continuo de Bach, David le puso la misma pieza en la versión de Jean-Claude Gérard acompañado de piano y fagot. Tras la última nota, y dando por concluido el debate, David anunció que nos invitaba a almorzar a un restaurante tailandés excelente del que mi alumno sibarita era cliente habitual.

Llegamos al restaurante de alfombras rojas y dragones dorados y el camarero trajo el menú. Para Ernesto el inglés y el tailandés eran igualmente ignotos en aquella época. Y el restaurante n
o era uno de esos sitios baratos donde ponen fotos de los platos en la carta. David me pidió que le preguntara a Ernesto qué quería comer y así lo hice. Entonces Ernesto Tamayo, con su voz de profeta villaclareño, anunció su apetito: "Yo quiero arroz, frijoles negros y un bistec con papas fritas". Me volteé hacia David y le dije en inglés: "Ernesto dice que pidas tú por él, pues tú sabes bien cuál es el mejor plato de la casa". Luego le dije a Ernesto que el bistec con papas fritas tailandés no era exactamente igual al cubano. Y el almuerzo resultó delicioso. 

Ernesto aprendió muy rápido el inglés en sus primeros meses en EE.UU., recibió una beca y se fue a estudiar con Manuel Barrueco al 
Peabody Conservatory y dio su concierto en el Carnegie Hall unos años más tarde. Ha tenido una excelente carrera, ha recorrido el mundo con su guitarra, ha grabados seis discos exquisitos y en sus ratos libres aprendió a pilotar aviones (hasta que un susto icárico lo hizo olvidar su sueño de ser Charles Lindbergh) y a descifrar por fin los secretos de la comida tailandesa. La constante de su vida es, sin embargo, su amor por la guitarra. Un amor tan ardiente que a veces hace imposible hablar con él de cualquier cosa que no sea esa amante de cuerdas y madera pulida que abraza ocho horas cada día sin descanso.

Y es esa vida útil y casi monástica la que ha quedado en suspenso durante los últimos dos meses. 
El Concurso y Festival Internacional de Guitarra de Lancaster, que Ernesto Tamayo fundó, ha sido suspendido este año. En su lugar se va a celebrar en su honor el Festival de Guitarra de Lancaster, que comenzará con un concierto el 23 de marzo en el Ware Center, Millersville University, 42 N. Prince St., Lancaster, Pennsylvania. Para ver toda la información del festival-homenaje a Ernesto Tamayo pueden pulsar aquí.  

Ernesto ha sido operado y en este momento se encuentra recibiendo terapia. Sus amigos han creado un fondo para ayudarlo a lidiar con los gastos médicos. Los que deseen visitar el sitio y brindarle su apoyo, pueden
pulsar aquí. 

[Video: Ernesto Tamayo estrena una de sus guitarras.]

Wednesday, March 6, 2013

¿Celebrar de la muerte de Chávez?

Durante los dos últimos años, cada dos o tres meses, Hugo Chávez se declaraba curado, perfectamente curado, de la terrible enfermedad que hoy se lo ha llevado a la tumba. Los analistas percibían esas declaraciones de curación como jugarretas políticas de quien quería eternizarse en el poder o al menos hacer irreversible su proyecto político. A mí, en cambio, me parecían más bien un autoengaño tristemente humano. Hugo Chávez silbaba al pasar por cementerio para no entrar en él. ¿Cómo no compadecerse de su miedo a la muerte? 

Chávez fue un hombre ontológicamente incapaz de la elegancia o la deferencia con sus adversarios. Padecía una repugnante afición al escarnio, la burla y el acoso a quienes discrepaban de él. Respetarlo desde la divergencia, por tanto, era tarea de santos. Pero en su miedo a la muerte se hacia humano, querible casi. De veras se creía curado cuando afirmaba estarlo. Y cualquiera que tema su suerte puede identificarse con su espanto y con su engaño. 


Hoy finalmente la muerte le ha ganado la batalla. En los muros de Facebook unos se regocijan y otros lamentan el hecho. Unos dicen que no se puede celebrar la muerte de nadie, y otros que hay que celebrar la salvación de un país. Le pregunté a mi hija de 17 años qué pensaba del asunto. "
Cuando murió Osama bin Laden —me dijo— sentí un profundo alivio, pero no deseos de celebrar. La muerte es un suceso demasiado solemne y definitivo para celebrarlo como si fuera la victoria de tu equipo de hockey". Por una vez, estamos de acuerdo. [Hace casi tres años comenté mi reticencia a celebrar la muerte de los tiranos en un post titulado "El huevo de Franco".]

Y a eso habría que añadir en este caso que Hugo Chávez fue recientemente reelegido por los venezolanos para el cargo de presidente. No se puede ser demócrata solo cuando gana el candidato que te gusta. Es difícil no pensar que el objetivo de Chávez era la destrucción de las instituciones democráticas de Venezuela. Pero los votantes venezolanos lo eligieron a él. Alegrarse de su muerte es, de alguna manera, alegrarse de que el candidato electo no llegara a ocupar su puesto. Lo cual trae a la mente el titular de hoy del periódico humorístico The Onion: "El cáncer derroca a Chávez en un golpe de estado incruento". Así es: hay cierto tufo golpista, antidemocrático y poco enaltecedor en esas celebraciones de la muerte de Chávez. Y lo digo a sabiendas de que jamás quisiera vivir en un país gobernado por alguien como él. Descanse en paz, Hugo Chávez.