Esta mañana salí del metro y caminé tres cuadras por la Tercera Avenida camino a mi oficina. Manhattan tenía hoy ese aire virginal, filtrado y puro, esa luz inmaculada que uno casi puede oler al inicio de la película "Breakfast at Tiffany's" cuando Holly Golightly regresa en la mañana a casa tras una noche de viajecitos al powder room con billetes de $50 como viático.
Pero en mi Manhattan de las nueve de la mañana uno no se encuentra a Holly regresando de la fiesta sino a muchos hijos de vecinos que van a morir ocho horas frente a una computadora para seguir viviendo... igual que este amanuense. Bajo esa luz hollywoodense y el cielo sin nubes, la gente se apresuraba, con el bagel y el café en la mano, para llegar al sitio donde sudan —donde teclean— su salobre salario.
Al llegar a la esquina de la Tercera Avenida y la calle 49, me llamó la atención una señora asiática, probablemente japonesa, de mediana edad. Llevaba una pamela enorme de pajilla y lazo blanco, una vaporosa falda blanca de verano por debajo de la rodilla, una blusa floreada por Renoir y una gafas de sol que hubiesen podido ser muy bien las de la Srta. Golightly.
De pronto, se apartó del río de transeúntes y depositó su cartera en el suelo, junto a la primera columna del único edificio de esa manzana. A continuación se levantó lentamente su elegante falda blanca hasta revelar unas bragas de flores que hubiesen podido hacer juego con su blusa. Con la sincronización de un samurai que se dispone a ejecutar el seppuku, se agachó mientras se bajaba las bragas. Quedó en cuclillas: al instante una dorada lluvia asiática comenzó a formar a sus pies un lago amarillo, un remanso de paz líquida, tibia y maloliente en medio de la premura mañanera de los oficinistas.
Los involuntarios espectadores de este harakiri del pudor simulamos no haber visto nada. Pensé que el acto era tan sorprendente, si no tan trágico, como el harakiri físico, real, de Yukio Mishima. Me pregunté si la dama de los rubios efluvios habría compuesto un jisei esa mañana como preparación para la micción ritual. Acaso a ella tampoco la había querido escuchar nadie, como al pobre Mishima. Nuestra reacción natural ante el excéntrico —sobre todo en una ciudad de locos como ésta— es ignorarlo.
Pero era imposible obviar lo sucedido: acababa de ver a una elegante señora mear en medio de la Tercera Avenida en una mañana radiante de Midtown. Carlos Enríquez comienza su novela Tilín García con aquella escena del guajiro que se siente secretamente conmovido por las flores del campo, por el aroma arrollador de las flores silvestres, y se saca allí mismo su hombría elemental y mea sobre los pétalos cubiertos de rocío. Quizás fue eso, quizás fue la belleza febrilmente civilizada de esta mañana en New York lo que llevó a esa hija de Mishima a hacerse el harakiri del decoro en una transitada acera de Manhattan.
Wednesday, June 29, 2011
Monday, June 13, 2011
Mi verdadero exilio
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Expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal. Masaccio. Fresco. Capilla Brancacci de la iglesia de Santa María del Carmine de Florencia, Italia |
En cuanto puse un pie en New York me di cuenta de que el tiempo comenzaba de nuevo a fluir, como el río de Heráclito, y que ya no era jueves cada día —como me sucedía en Miami—, sino que la vida había recuperado ese carácter lineal que antes tuvo siempre, y que se me descompuso una tarde de otoño de 1992 en el aeropuerto de Miami. El asunto, contrariamente a las predicciones de mi amiga, se volvió mucho más llevadero, por no decir amable. Lo menos que yo me imaginaba entonces era que mi verdadero exilio comenzaría el 13 (tenía que ser trece) de junio de 2010, es decir, hoy mismo.
Hay americanos que dicen que la civilización occidental se reduce a la Isla de Manhattan. Por supuesto que esa es una idea arrogante y superficial. Hay muchas regiones de la Isla que tienen un ineludible aire provinciano. Tras un prolijo estudio que me ha tomado los últimos dieciséis años de mi vida, puedo afirmar con certeza que esa imagen que se produce en el cerebro cuando uno dice "Occidente" con mayúscula corresponde en realidad a un cuadrilátero irregular cuyos límites son los siguientes: Columbus Circus al noroeste, el Seagram Building al noreste, Bryant Park al suroeste, y el Chrysler Building al sureste. En cuanto uno pone un pie fuera de ese perímetro, puede notar una precipitada deriva a la barbarie provinciana.
Durante doce los últimos dieciséis años he producido mi plusvalía en dos edificios que se hayan al centro de ese espacio que llamo, en propiedad, Occidente. Son los dos rascacielos "nuevos" (1970) del Rockefeller Center. A algún iluminado —deseoso de ahorrarse cuatro o cinco milloncejos al años— se le ocurrió la idea de mudar la empresa para la que trabajo desde ese sitio amable a los arrabales de la Tercera Avenida y la calle 49, a cinco cuadras de la sede actual. Cinco cuadras. Cinco cuadras que son cinco mil millas. ¿Qué diferencia hay entre la Tercera Avenida y Siberia? Nimiedades serán, si es que pueden hallarse. Y allá voy en unas horas.
Se acabaron las escapadas al MoMA a la hora de almuerzo, las visitas al rink y al árbol de Navidad del Rockefeller Center, las andanzas por Times Square, el trío del placer de la calle 49: el ramen especial del restaurante Sapporo, los espaguetis con crema de salmón de Pasta Lovers (que ya no están el menú, pero que te preparan si los pides), y el tandoori del Bombay Masala ("el restaurante indio más antiguo de EE.UU.", dicen los dueños). Un poco más al oeste, digamos también adiós la mousaka y el pulpo de Uncle Nick's, y a las innumerables delicias de los otros cuarenta restaurantes baratos de cuarenta países diferentes que hay en la Novena Avenida.
El exilio no es la salida del país propio para ir a otro ajeno, como dicen los diccionarios. Ese viaje, más que exilio, es casi siempre un alivio. El exilio, el verdadero exilio, supone siempre viajes más cortos. El exilio más radical es cuando uno se va a dormir a la habitación de al lado en la propia casa. El que le sigue en intensidad es mudarse a tres cuadras de distancia, desde Occidente hasta un páramo de la Tercera Avenida, para no estar más en Rockefeller Center. Es un desastre que acaba de ocurrirme. Hoy, finalmente, soy un desterrado.
Tuesday, May 31, 2011
Fotos de un desfile (01)
Foto: Tersites Domilo, 2011 |
Uno se levanta y es el Día de Recordación, y vuelve a añorar el Alzheimer. ¿Cuándo celebraremos el Día del Olvido? Después de todo, quizás no es tan perversa esa costumbre americana de diluir a los héroes en los "Memorial Weekend Specials" que anunciaban las tiendas esta semana.
El más pequeño de los hijos va a desfilar con su equipo de pelota, de modo que nos levantamos todos y vamos al desfile. Haber nacido en cierta isla y en cierta década lo hace a uno estar vacunado contra todos los desfiles. (Uno recuerda a Milan Kundera hablando de la repugnante alegría del ser en el desfile del Primero de Mayo.) Pero el benjamín de la familia no puede hacer quedar mal a su equipo. De modo que allá vamos, y cargo con la cámara.
De pronto, pasa esta muchacha minusválida. El señor que empuja su carrito, un catequista a quien saludo cada domingo, me ignora: sólo la mira a ella con arrobo. Pero ella me mira a mí en el momento mismo en que voy a hacer la foto y me saluda agitando su bandera americana. Avergonzado, aprieto el obsturador.
Recuerdo de pronto a otra chica minusválida en otro desfile el mes pasado, allá en La Habana. Otro detalle que proclama —cuando quisiera también olvidarlo— que todos los desfiles son el mismo, el único desfile de los entusiastas.
Foto: Tersites Domilo, 2011 |
Pasa después el líder de una tropa de Boy Scouts. Lo veo a través de la lente y temo que en cualquier instante levante la mano y comience a gritar "Sieg Heil!, Sieg Heil!" Pero el señor pasa en silencio al frente de su tropa sin dar chillidos germanos de salve a la victoria.
Uno se pregunta, sin embargo, quién sería él en otra década, en una ciudad de Alemania, por ejemplo. Quien ha vivido ciertos experimentos se pregunta cómo se comportaría cada quien si le pideran que pateara al que se sienta a su lado en la escuela, si le ordenaran espiar a los vecinos o delatar a los amigos como un deber patriótico.
Y sin embargo, este señor no ha hecho nada que debiera ofenderme, y nadie debería reprocharle ser rubio, tener treinta libras de más, llevar el pelo muy, muy corto, o desfilar con un uniforme que recuerda al de los camisas pardas. Dos o tres coincidencias no deberían inquietar a nadie.
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| Foto: Tersites Domilo, 2011 |
Después pasa la banda, en filas y marchando. Tocan una música vagamente marcial, como si estuvieran invitando a alguien a irse a la guerra. Porque es eso: cada muestra de gratitud por quien murió oliendo pólvora y lodo es una invitación, una validación de lo que hicieron. Y ante ese homenaje, podría parecer una señal de ingratitud buscar matices, pensar dos veces, preguntarse.
Thursday, May 26, 2011
Las cuentas claras
| Sin título, 1989. Óleo sobre cartulina. Jorge Báez |
Hoy hace un año que puse un contador de visitas en este blog. Indica unas 14 600 visitas, es decir, exactamente 40 por día. Ese es un número engañoso: si descontamos las veces que entré yo antes de saber cómo excluir mis visitas de la cuenta, la cifra sería quizás 30 visitas al día, o menos.
Ahora bien, hay que tomar en cuenta que uno de mis post llevaba por título "Las bellas tetas de Marina Abramovic". Ese post es uno de los que más visitas recibe. Al principio pensé que se trataba de un alza súbita en la popularidad del arte conceptual o el efecto de mi 'agudeza' como crítico de arte. Después descubrí que las palabras de búsqueda que llevaban a tanta gente al post eran "bellas tetas". Me disculpo con esas personas. Debe ser una lata estar buscando pornografía en Internet y caer en el blog de un tipo que no tiene nada mejor que hacer que hablar de arte conceptual. De veras lo siento.
Ahora bien, hay que tomar en cuenta que uno de mis post llevaba por título "Las bellas tetas de Marina Abramovic". Ese post es uno de los que más visitas recibe. Al principio pensé que se trataba de un alza súbita en la popularidad del arte conceptual o el efecto de mi 'agudeza' como crítico de arte. Después descubrí que las palabras de búsqueda que llevaban a tanta gente al post eran "bellas tetas". Me disculpo con esas personas. Debe ser una lata estar buscando pornografía en Internet y caer en el blog de un tipo que no tiene nada mejor que hacer que hablar de arte conceptual. De veras lo siento.
Si descontamos pues, las bellas tetas de Marina —por duro que sea—, llegaríamos a la conclusión de que no son 40, ni 30, las visitas, sino más bien diez o doce. Si descontamos a mi familia inmediata, quedarían —creo yo— unas seis personas que entran "voluntariamente" cada día. (Ustedes saben quiénes son.) Esa cantidad me parece exorbitante. Si le dijera a mi madre que diariamente entran seis personas a mi blog se moriría de la risa y diría: "Mira que hay gente extraña en este mundo."
He leído muchos consejos sobre cómo escribir un blog. Yo he seguido uno, casi sin darme cuenta: escribir de lo que me dé la gana, cuando tengo tiempo y ganas. Bueno, y he tratado de que las oraciones estén bien escritas. A varias personas, creo que son seis, eso les ha bastado. Les digo aquello que decían los horribles restaurantes estatales de nuestra juventud: "Gracias por su visita. La Admón".
Sunday, May 22, 2011
¡Viva cubalibre!
Uno se levanta y es 20 de mayo y se acuerda de la República. Carajo, cómo se demora el maldito Alzheimer, dice uno desolado para sus adentros.
Uno tiene un dolor más o menos inaguantable en la parte izquierda de la cara, regalo de su dentista cubano y hebreo angloparlante, pero uno, de todas formas, piensa en la República. Es 20 de mayo, cubano, hay que pensar en la República. Y entonces uno ve a Máximo Gómez dándole la mano a todo el mundo hasta que se cansa y da la espalda y se muere. Hemos llegado, dice el dominicano, y uno piensa qué le habrán echado en el mangú esa mañana o qué sabría de partidas o llegadas ese señor de malas pulgas. Porque es de suponer que sólo sabría de campamentos después de tantos años, y uno se acuerda de Martí, claro, general, un pueblo no se funda... ¿Y quién le habrá dicho al abogado cómo se fundaba nada?
Uno piensa en las dos intervenciones, en Estrada Palma que iba a Palacio montado en su tranvía, con su bigote almidonado y la perversión gringa y protestante del ahorro, y en Menocal, que según decía su biznieto aceptó de mala gana dar la "brava" para que no volvieran los americanos, muchacho, tú no te imaginas, y en el Chino Zayas escribiendo poemitas modernistas y estatuas de mármol, y en Machado, repartiendo palillos de dientes a los horrorizados comensales tras una cena en un restaurante de lujo en el New York de 1918.
Y uno ve luego a Tony Guiteras con la rayita al medio disparando y a Capablanca templando rusas frívolas (pero no frías, es de imaginar). Y uno ve a Lorca entrando en casa de Dulce María, que anda la pobre —la rica—, como siempre, sin brassiere, y que, por supuesto, no logra interesar a Lorca en esos senos saltarines, gacelas son tus senos en la llanura de Galaad, verde que te quiero verde. Uno va y se toma un Motrin de 600 miligramos, se pone hielo en la quijada izquierda, se prepara un cubalibre patriótico con el hielo que sobra, ¡viva cubalibre!, y piensa en el Diario de la Marina, ¡fusilen a los estudiantes, joder!, Sones para turistas, mulato, las guayaberas de hilo, los espejuelos calobares, el centenario... y empieza uno a ver fuegos artificiales sobre el traje blanco del drill cien de Fulgencio el Taquígrafo.
Uno se acuerda de la firma de su abuelo en una página de los "Cincuenta años de poesía cubana" que Cintio escogió antes del sarampión. Uno rememora a Hemingway borracho al final del mostrador de El Floridita, el Premio Nobel en El Cobre y el besito a la bandera en el aeropuerto, que no lo repito, que es muy sincero, y entonces Batista se toma el vaso de agua en la foto de Bohemia, porque esa carrerita hasta la posta de Columbia da una sed tremenda, inaplazable, éste es el hombre, decían los comunistas del 40, y el hombre se toma el agua toda como si fuera una isla diminuta, y el Benny se fuma su marihuana y llega tarde a todo como Marilyn... y canta Santa Isabel de las Lajas, y esa es toda la suerte que nos queda, cubano, invítame a un trago, me decía Argilio que el Benny le dijo en El Martillo de Bejucal en 1961... cuando ya la marihuana estaba a punto de acabarse —de acabarlo— como se había acabado la República.
Uno piensa que ya es hora de tomarse otro Motrin de 600 miligramos y piensa entonces en el Capitolio saqueado por la muchachada auténtica en 1933, vendiendo los libros de la biblioteca capitolina para comprar tragos, putas y marihuana. Y uno se acuerda de que el Capitolio está lleno de animales disecados. Y uno se pregunta si habrán disecado también a la República y la tendrán allí, con los ojos de vidrio y el culo apolillado, esperando tiempos mejores. Es hora de preparse un tercer cubalibre.
Uno tiene un dolor más o menos inaguantable en la parte izquierda de la cara, regalo de su dentista cubano y hebreo angloparlante, pero uno, de todas formas, piensa en la República. Es 20 de mayo, cubano, hay que pensar en la República. Y entonces uno ve a Máximo Gómez dándole la mano a todo el mundo hasta que se cansa y da la espalda y se muere. Hemos llegado, dice el dominicano, y uno piensa qué le habrán echado en el mangú esa mañana o qué sabría de partidas o llegadas ese señor de malas pulgas. Porque es de suponer que sólo sabría de campamentos después de tantos años, y uno se acuerda de Martí, claro, general, un pueblo no se funda... ¿Y quién le habrá dicho al abogado cómo se fundaba nada?
Uno piensa en las dos intervenciones, en Estrada Palma que iba a Palacio montado en su tranvía, con su bigote almidonado y la perversión gringa y protestante del ahorro, y en Menocal, que según decía su biznieto aceptó de mala gana dar la "brava" para que no volvieran los americanos, muchacho, tú no te imaginas, y en el Chino Zayas escribiendo poemitas modernistas y estatuas de mármol, y en Machado, repartiendo palillos de dientes a los horrorizados comensales tras una cena en un restaurante de lujo en el New York de 1918.
Y uno ve luego a Tony Guiteras con la rayita al medio disparando y a Capablanca templando rusas frívolas (pero no frías, es de imaginar). Y uno ve a Lorca entrando en casa de Dulce María, que anda la pobre —la rica—, como siempre, sin brassiere, y que, por supuesto, no logra interesar a Lorca en esos senos saltarines, gacelas son tus senos en la llanura de Galaad, verde que te quiero verde. Uno va y se toma un Motrin de 600 miligramos, se pone hielo en la quijada izquierda, se prepara un cubalibre patriótico con el hielo que sobra, ¡viva cubalibre!, y piensa en el Diario de la Marina, ¡fusilen a los estudiantes, joder!, Sones para turistas, mulato, las guayaberas de hilo, los espejuelos calobares, el centenario... y empieza uno a ver fuegos artificiales sobre el traje blanco del drill cien de Fulgencio el Taquígrafo.
Uno se acuerda de la firma de su abuelo en una página de los "Cincuenta años de poesía cubana" que Cintio escogió antes del sarampión. Uno rememora a Hemingway borracho al final del mostrador de El Floridita, el Premio Nobel en El Cobre y el besito a la bandera en el aeropuerto, que no lo repito, que es muy sincero, y entonces Batista se toma el vaso de agua en la foto de Bohemia, porque esa carrerita hasta la posta de Columbia da una sed tremenda, inaplazable, éste es el hombre, decían los comunistas del 40, y el hombre se toma el agua toda como si fuera una isla diminuta, y el Benny se fuma su marihuana y llega tarde a todo como Marilyn... y canta Santa Isabel de las Lajas, y esa es toda la suerte que nos queda, cubano, invítame a un trago, me decía Argilio que el Benny le dijo en El Martillo de Bejucal en 1961... cuando ya la marihuana estaba a punto de acabarse —de acabarlo— como se había acabado la República.
Uno piensa que ya es hora de tomarse otro Motrin de 600 miligramos y piensa entonces en el Capitolio saqueado por la muchachada auténtica en 1933, vendiendo los libros de la biblioteca capitolina para comprar tragos, putas y marihuana. Y uno se acuerda de que el Capitolio está lleno de animales disecados. Y uno se pregunta si habrán disecado también a la República y la tendrán allí, con los ojos de vidrio y el culo apolillado, esperando tiempos mejores. Es hora de preparse un tercer cubalibre.
Thursday, May 19, 2011
José Martí: el agua turbia
| Foto: Tersites Domilo |
"...el baño en el Contramaestre: la caricia del agua que corre; la seda del agua", anotaba en su Diario el día 15 de mayo. Dos días más tarde, escribe: "Está muy turbia el agua crecida del Contramaestre". Es la penúltima oración de su Diario. Más turbia se pondría el agua dos días después.
La estatua del Parque Central de Nueva York, de la escultora norteamericana Anna Vaughn Hyatt Huntington, lo muestra en el momento mismo del balazo. Hay una exquista incongruencia en este señor que va a caballo vestido de abogado, que no parece tener arma alguna en medio de la guerra, que no se sabe si cabalga o si se está cayendo de su caballo relinchante.
Es habitual escuchar elogios a Anna Vaughn por haber logrado congelar a Martí en ese momento último de su vida, ese primer momento de su larga muerte. La estatua sugiere también otra idea: la de un país, la de una narrativa que quedó petrificada en ese momento, que nunca logró caer ni cabalgar tras el balazo. No es Martí muriente quien habita ese bronce: somos nosotros, un pueblo que no logra arrancar sus ojos del suceso. Es como si la historia de Cuba hubiese estado destinada a ahogarse, con inmovilidad de estatua, en el agua turbia del Contramaestre.
Monday, May 9, 2011
Las trampas de la ilusión
| General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Presidente del Consejo de Estado y Presidente del Consejo de Ministros de la República de Cuba |
"¿De veras?", pensé. Es cierto que Raúl Castro mencionó algo así en el reciente Congreso del PCC. Pero uno tiene esa manía de consultar ciertos datos. Veamos qué ha pasado desde que él es la máxima figura del gobierno de Cuba...
• 6 de los 15 miembros del Buró Político del Partido Comunista de Cuba recién electo son a su vez miembros tanto del Consejo de Estado (rama legislativa) como del Consejo de Ministros (rama ejecutiva) de la república. Raúl Castro ocupa el cargo principal en las tres instituciones, y José R. Machado Ventura ocupa el segundo cargo más importante en las tres.
• 10 de los 15 miembros del Buró Político son a su vez miembros del Consejo de Estado.
• 7 de los 15 miembros del Buró Político son a su vez miembros del Consejo de Ministros.
• Ricardo Alarcón no es miembro de los Consejos de Estado ni de Ministros pero es Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
• Las únicas 2 personas —entre los 15 miembros del Buró Político del Partido Comunista— que no tienen altos cargos en las ramas legislativa y/o ejecutiva del gobierno son el general Ramón Espinosa Martín (Jefe del Ejército Oriental) y Mercedes López Acea (Primera Secretaria del PCC en la Ciudad de La Habana).
• Todas estas personas han sido elegidas o designadas para ocupar estos cargos después de que Raúl Castro asumiera el liderazgo de cada una de las tres instituciones.
Aquí se puede ver un resumen. La lista es de los miembros del Buró Político. Los que aparecen en rojo son también miembros del Consejo de Estado. Los que aparecen subrayados son también miembros del Consejo de Ministros.
Raúl Castro Ruz
José Ramón Machado Ventura
Ramiro Valdés Menéndez
Abelardo Colomé Ibarra
Julio Casas Regueiro
Esteban Lazo Hernández
Ricardo Alarcón de Quesada
Miguel Díaz-Canel Bermúdez
Leopoldo Cintra Frías
Ramón Espinosa Martín
Álvaro López Miera
Salvador Valdés Mesa
Mercedes López Acea
Marino Murillo Jorge
Abdel Izquierdo Rodríguez
Ahora bien, queda el misterio, ¿cómo llegó esa persona a la conclusión de que Raúl Castro quiere separar las funciones del Partido Comunista de las del gobierno cubano? ¿Cuáles serán los datos en los que basa sus conclusiones? Me gustaría saberlo.
Friday, May 6, 2011
Un gramo de ternura para el terrorista muerto
La sangre parece un descuido de algún especialista en efectos especiales. Debe ser, definitivamente, falsa. Los cables muy bien podrían ser tubos de una sala de cuidados intensivos. No hay modo de explicar qué hacen en el suelo. La lata de leche condensada le da un carácter casero y dulzón a la escena. Las manchas de sangre de la cara no permiten hilvanar ninguna historia coherente para los minutos que precedieron a su muerte.
La mano parece haber sido colocada sobre el pecho por un fotógrafo perfeccionista, no por el azar de la agonía. Los ojos podrían ser los de un actor que se simula muerto. El paquetito blanco sería un condón que ya no frenará el flujo de ningún espermatozoide nadador y voluntarioso.
La pistola de agua, verde y anaranjada, permite adivinar a un niño jugando en esa misma habitación unos minutos antes. Permite imaginar también a una madre extenuada por los quehaceres diarios que se dice soñolienta: "Mañana la recojo en cuanto me levante".
¿Habrá pensado esa madre en que el condón del sobrecito blanco evitaría la llegada de otro hijo de piel aceitunada que dejaría en cualquier esquina otra pistola de agua anaranjada y verde? ¿Estaría en ese instante tratando de convencer al hombre de tímido bigote para que se quitara el austero camisón blanco y se adentrara en ella?
¿Cuántas veces habrá lamentado este joven tener una barba tan rala, tan poco musulmana?
¿Cuántas veces habrá soñado este joven dinamitar la escuela donde estudian mis hijos?
La mano parece haber sido colocada sobre el pecho por un fotógrafo perfeccionista, no por el azar de la agonía. Los ojos podrían ser los de un actor que se simula muerto. El paquetito blanco sería un condón que ya no frenará el flujo de ningún espermatozoide nadador y voluntarioso.
La pistola de agua, verde y anaranjada, permite adivinar a un niño jugando en esa misma habitación unos minutos antes. Permite imaginar también a una madre extenuada por los quehaceres diarios que se dice soñolienta: "Mañana la recojo en cuanto me levante".
¿Habrá pensado esa madre en que el condón del sobrecito blanco evitaría la llegada de otro hijo de piel aceitunada que dejaría en cualquier esquina otra pistola de agua anaranjada y verde? ¿Estaría en ese instante tratando de convencer al hombre de tímido bigote para que se quitara el austero camisón blanco y se adentrara en ella?
¿Cuántas veces habrá lamentado este joven tener una barba tan rala, tan poco musulmana?
¿Cuántas veces habrá soñado este joven dinamitar la escuela donde estudian mis hijos?
Obama y Osama: Muerto el perro, comenzó la rabia
Los americanos, definitivamente, ven demasiada televisión. Muerto Osama, comenzaron a gritar "¡U, S, A!, ¡U, S, A!". Pero han pasado más de tres días y el cadáver nada exquisito del carnicero saudita comienza a oler mal. Cosas veredes: En unos días más, querrán ajusticiar a Obama. Parece oportuno entonces aclarar ciertas nociones. (Asuma el lector que, delante de cada uno de los enunciados que siguen, está la palabra "probablemente", pues de no tengo certeza de lo que digo más allá de la que regala el sentido común.)
1. Los Navy SEALs no tuvieron nunca la intención de apresar a Bin Laden vivo, como nunca tuvieron intención alguna de tomar un té con él discutiendo los valores arquitectónicos de la mezquita de Córdoba. Fueron a matarlo como un perro. Y eso fue lo que hicieron.
2. No hay modo de justificar legalmente la entrada a otro país soberano, la realización de una operación militar, el asesinato de cuatro personas y el robo de computadoras, diversos equipos y un cadáver.
3. Si Bin Laden dio señales de rendirse, y los Navy SEALs lo asesinaron de todas maneras, ninguna de las normas comúnmente aceptadas en la guerra lo justificaría.
4. La decisión de matar a Osama bin Laden mediante la operación realizada el domingo fue no solo correcta, sino imperativa.
5. El método elegido fue horripilante, pero esencialmente correcto. Y perfectamente ejecutado. (Pun intended.)
Me imagino que los puntos 4 y 5 requieren justificación. Allá vamos.
Osama bin Laden fue el responsable de los ataques del 11 septiembre, donde murieron miles de ciudadanos de EE.UU. El horror de esas muertes, el horror de esas personas colgando de las columnas del Word Trade Center antes de lanzarse al vacío, marcó la historia de los EE.UU... como se marcan las reses con hierro candente.
Osama bin Laden fue responsable de varios miles de muertes más. (Algunos comentaristas indican que más de 20,000.) Y fue el arquitecto de una red terrorista internacional que ha causado innumerables muertes y daños materiales. Más allá de las razones que se puedan aducir para explicar sus actos —y serían muchas, y la política internacional de EE.UU. forma parte esencial de ellas—, Bin Laden era un enemigo implacable, amoral, sanguinario y eficaz, y una amenaza constante para los EE.UU. Para el presidente del país, dejar pasar la oportunidad de sacarlo de escena hubiese sido un acto irresponsable. [Por cierto, ya se divulga en las computadoras ocupadas en el asalto han hallado planes de ataque para el décimo aniversario de Septiembre 11.]
Si aceptamos que el deber de Obama era hacer todo lo posible por eliminarlo, quedan otras preguntas. ¿Por qué no ir "por los canales normales" y pedir su extradición a Pakistán? Bueno, se sabe que los servicios de inteligencia pakistaníes jamás hubiesen detenido y entregado a Osama bin Laden. (Las pruebas son conocidas y no hay que repetirlas.)
Y entonces, si había que sacarlo de escena, y había que violar las normas internacionales y entrar a Pakistán por la fuerza y capturarlo, ¿por qué no apresarlo? ¿Por qué ese asesinato al estilo de los Corleone? (Las fotos disponibles hasta ahora parecen indicar que se trató más de una ejecución que de una batalla.)
Enjuiciar a Osama bin Laden hubiese sido, desde el punto de vista jurídico, un laberinto imposible de salvar, como lo demuestran los casos —mucho menos complejos— de los prisioneros de Guantánamo. (Los detalles del asunto rebasan un simple post, pero son bastante claros y convincentes.)
Y políticamente hubiese sido inviable también. Primero porque hubiese ofrecido a Osama bin Laden el tiempo y los medios para proseguir su labor de patrón universal del terrorismo islámico, y segundo porque las propias violaciones del derecho internacional que el gobierno de los Estados Unidos ha cometido en Guantánamo harían imposible la conducción de un juicio aceptable para la opinión pública internacional. Y tercero porque Osama bin Laden era una persona suficientemente carismática —al menos para su audiencia natural: el mundo árabe e islámico— como para causar muchísimos males en los años de juicio y prisión. ¿Por qué habría que ofrecer esa carta al asesino de miles de estadounidenses? ¿No sería eso, desde el punto de vista del presidente de EE.UU., una irresponsabilidad?
Póngase el lector en el lugar del presidente Obama. Un asesor llega y le dice que saben dónde está Osama bin Laden. ¿De veras cree que podría hacer algo diferente? La decisión que tomó Obama tiene sus esquinas repugnantes, su olor a crimen, su sabor a sangre y a matanza. Pero fue la decisión correcta. Y hay que agradecerle que cargue en su conciencia con una decisión horrible de la que todos, incluso los que lo critican, nos beneficiamos.
Las quejas y las críticas que se oyen ahora son, por una parte, la reacción natural de cualquier persona ética y sensible ante hechos de dudosa moralidad, de evidente ilegalidad y de grotesca violencia. Pero esas críticas son también un síntoma de nuestra falta de entereza para aceptar que el mundo no es una película donde los actos de los buenos (y "los buenos" siempre somos "nosotros") no tienen resonancias malignas. ¿Quién dijo que la vida era una película donde el bueno se queda siempre al final con la muchacha de los ojos húmedos?
1. Los Navy SEALs no tuvieron nunca la intención de apresar a Bin Laden vivo, como nunca tuvieron intención alguna de tomar un té con él discutiendo los valores arquitectónicos de la mezquita de Córdoba. Fueron a matarlo como un perro. Y eso fue lo que hicieron.
2. No hay modo de justificar legalmente la entrada a otro país soberano, la realización de una operación militar, el asesinato de cuatro personas y el robo de computadoras, diversos equipos y un cadáver.
3. Si Bin Laden dio señales de rendirse, y los Navy SEALs lo asesinaron de todas maneras, ninguna de las normas comúnmente aceptadas en la guerra lo justificaría.
4. La decisión de matar a Osama bin Laden mediante la operación realizada el domingo fue no solo correcta, sino imperativa.
5. El método elegido fue horripilante, pero esencialmente correcto. Y perfectamente ejecutado. (Pun intended.)
Me imagino que los puntos 4 y 5 requieren justificación. Allá vamos.
Osama bin Laden fue el responsable de los ataques del 11 septiembre, donde murieron miles de ciudadanos de EE.UU. El horror de esas muertes, el horror de esas personas colgando de las columnas del Word Trade Center antes de lanzarse al vacío, marcó la historia de los EE.UU... como se marcan las reses con hierro candente.
Osama bin Laden fue responsable de varios miles de muertes más. (Algunos comentaristas indican que más de 20,000.) Y fue el arquitecto de una red terrorista internacional que ha causado innumerables muertes y daños materiales. Más allá de las razones que se puedan aducir para explicar sus actos —y serían muchas, y la política internacional de EE.UU. forma parte esencial de ellas—, Bin Laden era un enemigo implacable, amoral, sanguinario y eficaz, y una amenaza constante para los EE.UU. Para el presidente del país, dejar pasar la oportunidad de sacarlo de escena hubiese sido un acto irresponsable. [Por cierto, ya se divulga en las computadoras ocupadas en el asalto han hallado planes de ataque para el décimo aniversario de Septiembre 11.]
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| "Falling man", 11 de septiembre de 2001 |
Y entonces, si había que sacarlo de escena, y había que violar las normas internacionales y entrar a Pakistán por la fuerza y capturarlo, ¿por qué no apresarlo? ¿Por qué ese asesinato al estilo de los Corleone? (Las fotos disponibles hasta ahora parecen indicar que se trató más de una ejecución que de una batalla.)
Enjuiciar a Osama bin Laden hubiese sido, desde el punto de vista jurídico, un laberinto imposible de salvar, como lo demuestran los casos —mucho menos complejos— de los prisioneros de Guantánamo. (Los detalles del asunto rebasan un simple post, pero son bastante claros y convincentes.)
Y políticamente hubiese sido inviable también. Primero porque hubiese ofrecido a Osama bin Laden el tiempo y los medios para proseguir su labor de patrón universal del terrorismo islámico, y segundo porque las propias violaciones del derecho internacional que el gobierno de los Estados Unidos ha cometido en Guantánamo harían imposible la conducción de un juicio aceptable para la opinión pública internacional. Y tercero porque Osama bin Laden era una persona suficientemente carismática —al menos para su audiencia natural: el mundo árabe e islámico— como para causar muchísimos males en los años de juicio y prisión. ¿Por qué habría que ofrecer esa carta al asesino de miles de estadounidenses? ¿No sería eso, desde el punto de vista del presidente de EE.UU., una irresponsabilidad?
Póngase el lector en el lugar del presidente Obama. Un asesor llega y le dice que saben dónde está Osama bin Laden. ¿De veras cree que podría hacer algo diferente? La decisión que tomó Obama tiene sus esquinas repugnantes, su olor a crimen, su sabor a sangre y a matanza. Pero fue la decisión correcta. Y hay que agradecerle que cargue en su conciencia con una decisión horrible de la que todos, incluso los que lo critican, nos beneficiamos.
Las quejas y las críticas que se oyen ahora son, por una parte, la reacción natural de cualquier persona ética y sensible ante hechos de dudosa moralidad, de evidente ilegalidad y de grotesca violencia. Pero esas críticas son también un síntoma de nuestra falta de entereza para aceptar que el mundo no es una película donde los actos de los buenos (y "los buenos" siempre somos "nosotros") no tienen resonancias malignas. ¿Quién dijo que la vida era una película donde el bueno se queda siempre al final con la muchacha de los ojos húmedos?
Thursday, May 5, 2011
Los desvelos de la Sra. Pillay
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| Liu Xiaoboen, Premio Nobel de la Paz 2010 |
De modo que un hombre solo, que se enfrenta a uno de los gobiernos más poderosos y represivos de la Tierra para defender los derechos de sus conciudadanos, no merece la solidaridad de la Sra. Pillay. ¿Con quién entonces se solidarizaría esta mujer que ocupa el cargo más importante del planeta en relación con los derechos humanos?
Bueno, la Sra. Pillay, esta semana, finalmente encontró una causa que sí merece su simpatía. Según comentaba The New York Times ayer y reportaba la Associated Press, "Navi" Pillay ha pedido públicamente que el gobierno de los Estados Unidos ofrezca más detalles sobre la operación en que fueron ejecutados Osama bin Laden —terrorista responsable por más de diez mil muertes— y tres de sus secuaces. Lo que no deja dormir a "Navi" Pillay no es que Liu Xiaoboen se pudra ilegalmente en una cárcel china, sino que los Navy Seals hayan disparado contra Osama bin Laden si éste no les había disparado antes a ellos.
Y luego nos quejamos cuando algún redneck dice que las Naciones Unidas no es más que una banda de inútiles con placas diplómaticas en sus autos de lujo.
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