La revista Espacio Laical, que en una reciente y confusa nota de prensa anunció que cinco meses antes había dejado de ser 'el órgano del Consejo de Laicos' de La Habana, ha colgado anoche un interesante documento, tomado de la revista digital Progreso Semanal, que lo había colgado unas horas antes, a las 6:43 p.m. del 4 de junio.
Es alentador, que en la introducción al documento, escrita esta por los redactores de Espacio Laical, se diga: "Más allá de las legítimas discrepancias que existen en torno a sus declaraciones en Harvard, ¿resulta aceptable juzgar los 30 años de liderazgo del cardenal Ortega a la luz de esos cinco minutos dentro de su comparecencia?" La frase, sin decirlo directamente, reconoce dos cosas importantes: que algunas de las declaraciones del Cardenal Jaime Ortega en Harvard fueron desafortunadas, y que las discrepancias subsiguientes tenían razones legítimas.
Cuba es un país en el que un grupo ha ejercido el poder en exclusiva por más de medio siglo reclamando para sí la infabilidad que les confiere estar "pertrechados de una ideología científica para el análisis de la realidad". En ese contexto, constatar que hay una institución capaz de reconocer que su líder se ha equivocado es una bocanada de aire fresco.
Los editores de Espacio Laical se preguntan: "¿resulta aceptable juzgar los 30 años de liderazgo del cardenal Ortega a la luz de esos cinco minutos dentro de su comparecencia?" Y la respuesta es que no, por supuesto. La obra del Cardenal Jaime Ortega debe ser juzgada en su totalidad. Y tampoco son aceptables las críticas ofensivas que han recibido la persona del Cardenal y la Iglesia durante los últimos tres meses.
Pero hay que partir de los dos hechos que la introducción de Espacio Laical reconoce tácitamente: que se cometió un error, y que era legítimo discrepar de ese error. Hasta ahora, las respuestas que habían salido de la Arquidiócesis habanera tenían otro cariz. Me refiero al editorial de Palabra Nueva, "En el mundo sin ser del mundo", el editorial "El compromiso con la verdad", de la propia revista Espacio Laical, y la Comunicación del Arzobispado que firmaron hace unos días los miembros del Consejo Episcopal de La Habana. En esos tres documentos se partía de que ningún error se había comentido y que, por tanto, todas las críticas era injustificadas e inaceptables. Los tres documentos contenían además una larga lista de acusaciones, algunas de ellas extremadamente graves, contra grupos y personas de la Isla y el exilio.
Estos párrafos de ahora en Espacio Laical son el primer signo de que se puede cambiar el tono del discurso. De hecho, las opinones que se recogen en el dossier son expresiones dialogantes y serias de diversos puntos de vista sobre el affaire Harvard, con excepción es el vitriólico texto de Arturo López Levy. Pero si se descuenta ese penoso contraejemplo, se puede notar aquí un cambio de actitud y de lenguaje son de agradecer.
Friday, November 6, 2026
Xavier Hernández
A continuación, el lector puede hallar la nota necrológica de Xavier Hernández en el New York Times del 27 de enero de 1909. Ofrezco mi traducción de la nota y, más abajo, la fotocopia de la misma en el New York Times.
Durante la guerra contra España, el hotel se llenaba de cubanos, algunos de los cuales no tenían siquiera con qué pagar. El maitre d'hotel les daba todo lo que tenía a esos menesterosos, y cuando se le acababa su propio dinero y se daba cuenta que alguno de sus compatriotas estaba hambriento, se escurría en medio de la noche para llevar hasta la habitación del compatriota hambriendo comida sustraída de la alacena del hotel.
El último miembro de la familia Griffou, Louis, desapareció hace unos dos años, tras tener problemas con la licencia del local. El hotel cerró, pero el antiguo maitre d'hotel siguió viviendo allí. Nunca había pasado una noche fuera del local desde que llegó a vivir allí. Algunos de los antiguos clientes pagaban sus gastos. Luego se fue al Hospital St. Vincent para recibir tratamiento por la enfermedad que lo llevó a la muerte, regresando al hotel sólo en días festivos, cuando Oreste Giolito, el dueño actual, cuidaba de él.
Temprano en la mañana del lunes pasado, Xavier bajó arrastrándose hasta la habitación de un joven ingeniero ruso y le dijo que se sentía muy enfermo. El ingeniero despertó al Sr. Giolito, quien llevó inmediatamente a Xavier al Hospital St. Vincent en un taxi, donde murió Xavier quince minutos después de llegar.
El Sr Giolito y otras dos personas fueron arretados por la policia, pues el caso parecía sospechoso. Tras permancer siete horas detenidos en las celdas, fueron puestos en libertad.
LA MUERTE DE XAVIER HERNÁNDEZ.
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Cubano nacido en esclavitud, trabajó en el antiguo Hotel Griffou por 35 años.
La muerte de Xavier Hernández, por más de 35 años maitre d'hotel del antiguo Hotel Griffou, donde se encuentra actualmente el Hotel Europa, en la calle 9 oeste, podría ser noticia para los miembros de la colonia literaria y artística que ya no viven en la zona de Washington Square, aunque sea un hecho es conocido para todos los parroquianos del hotel que aún viven en el barrio.
Xavier fue el último sobreviviente entre las personas íntimamente relacionadas por mucho tiempo con el hotel. Xavier era un negro cubano, que había nacido esclavo, y que nunca puso en duda que él fueese propiedad de la familia Griffou, con la que había llegado a este país. Servía con devoción a la familia y disfrutaba prestar sus servicios a los clientes habituales del hotel.
Durante la guerra contra España, el hotel se llenaba de cubanos, algunos de los cuales no tenían siquiera con qué pagar. El maitre d'hotel les daba todo lo que tenía a esos menesterosos, y cuando se le acababa su propio dinero y se daba cuenta que alguno de sus compatriotas estaba hambriento, se escurría en medio de la noche para llevar hasta la habitación del compatriota hambriendo comida sustraída de la alacena del hotel.
El último miembro de la familia Griffou, Louis, desapareció hace unos dos años, tras tener problemas con la licencia del local. El hotel cerró, pero el antiguo maitre d'hotel siguió viviendo allí. Nunca había pasado una noche fuera del local desde que llegó a vivir allí. Algunos de los antiguos clientes pagaban sus gastos. Luego se fue al Hospital St. Vincent para recibir tratamiento por la enfermedad que lo llevó a la muerte, regresando al hotel sólo en días festivos, cuando Oreste Giolito, el dueño actual, cuidaba de él.
Temprano en la mañana del lunes pasado, Xavier bajó arrastrándose hasta la habitación de un joven ingeniero ruso y le dijo que se sentía muy enfermo. El ingeniero despertó al Sr. Giolito, quien llevó inmediatamente a Xavier al Hospital St. Vincent en un taxi, donde murió Xavier quince minutos después de llegar.
El Sr Giolito y otras dos personas fueron arretados por la policia, pues el caso parecía sospechoso. Tras permancer siete horas detenidos en las celdas, fueron puestos en libertad.
Las medias me dan calor
El 22 de marzo, en un artículo curiosamente titulado "Los zapaticos me aprietan", FC dio la noticia de que había decidido no volver a ejercer el cargo de Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba ("CC del PCC" de aquí en adelante) que aún ostenta. Dice así:
Renuncié sin vacilación a todos mis cargos estatales y políticos, incluso al de Primer Secretario del Partido, cuando enfermé y nunca intenté ejercerlos después de la Proclama del 31 de julio de 2006, ni cuando recuperé parcialmente mi salud más de un año después, aunque todos continuaban titulándome afectuosamente de esa forma.El 21 de noviembre, a raíz de otro conato de renuncia de Fidel Castro ("FC" de aquí en adelante), escribí un post que pueden ver pulsando aquí. Si se quiere ser preciso en el lenguaje, habría que decir que FC no ha renunciado a ningún cargo. En su conocida "Proclama" del 31 de julio de 2005, FC delegó su cargo de Primer Secretario del CC del PCC en el Segundo Secretario, pero dejaba bien claro que no era una renuncia. Decía: "Delego con carácter provisional mis funciones como Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en el Segundo Secretario, compañero Raúl Castro Ruz".
FC también delegó "con carácter provisional" su cargo de presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, pero siguió manteniendo nominalmente ambos —mientras su hermano Raúl Castro los ejercía con carácter provisional. El 18 de febrero de 2008, poco antes de las elecciones en la Asamblea Nacional, FC anuncia oficialmente en su "Mensaje del Comandante en Jefe" "que no aspiraré ni aceptaré -repito- no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe". Técnicamente, nunca renunció a ellos. Los delegó provisionalmente en su hermano Raúl y, al llegar el momento de la reelección, anunció que no la aceptaría.
Algo semejante parece que sucederá ahora con su cargo más importante, el de Primer Secretario del CC del PCC. Lo que acaba de hacer ahora es anunciar que el día en que cuando llegue el VI Congreso del PCC en abril, él no aceptará que lo vuelvan a elegir como Primer Secretario del CC del PCC.
En otras palabras, en ambos casos FC se ha adherido a la letra de la ley para retrasar al máximo posible el anuncio de su decisión de dejar ambos cargos. Menos seguro es si se ha atenido al espíritu de la ley. Si una persona delega provisionalmente su cargo por motivos de enfermedad, sobre todo si se trata del líder de un país, ¿no exige el espíritu de esa ley que la persona informe lo antes posible su incapacidad permanente para ejercer el cargo? ¿No es de esperar que haga todo lo posible por minimizar el período de "provisionalidad" en la dirección del país?
Y sorprende que FC anuncie por primera vez su intención de no seguir formalmente al frente de su país de manera tangencial y en un artículo que llevaba un título de insoportable levedad: "Los zapaticos me apreitan".
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