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Wednesday, April 25, 2012

Lenin, Dios & rock 'n roll

Este domingo, 22 de abril, en el 142 aniversario del nacimiento de Lenin, tuvo lugar en Moscú la manifestación más concurrida de la "Era Putin". Se dice que participaron 65,000 personas. Sin embargo, esa multitud no se reunió a celebrar el cumpleaños del inventor de la pesadilla del proletariado. (Su momia sigue siendo pasto de las polillas en ese mausoleo con diseño de caja de chocolates que le hicieron sus secuaces en la Plaza Roja, pero el buen señor, tan aficionado en vida a construir campos de concentración y a coleccionar Rolls Royces, ya no despierta las pasiones de antes, ni a favor ni en contra.)
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Su Santidad Cirilo I, Patriarca de Moscú, junto a otros dignatarios de la Iglesia Ortodoxa, en la manifestación en Moscú el 22 de abril de 2012

La manifestación no fue convocada por ningún comunista nostálgico, sino por Su Santidad Cirilo I, Santísimo Patriarca de Moscú y de Todas las Rusias, el líder de la Iglesia Ortodoxa Rusa. El Santísimo Patriarca había organizado una jornada de oración nacional por la Iglesia Ortodoxa porque —afirmó— "estamos siendo atacados por nuestros perseguidores". ¿Quiénes eras esos perseguidores a los que se refería el Patriarca y cuál había sido el ataque?

El 21 de febrero pasado, las chicas que forman el grupo de punk-rock Pussy Riot* realizaron una protesta blasfema en la Catedral de Cristo el Redentor de Moscú. En medio de una misa, comenzaron a bailar y cantar
 una canción titulada "Plegaria Punk". Lo hicieron —afirman ellas— como protesta por la creciente colaboración de la Iglesia Ortodoxa Rusa con el régimen de Vladimir Putin, a quien critican en la canción. Las muchachas fueron detenidas, continúan en prisión y, según reportes de prensa, podrían ser condenadas a siete años de cárcel por vandalismo.



Me parece necesario recordar un par de detalles. La Catedral de Cristo el Redentor fue construida en el siglo XIX para celebrar la retirada de Napoleón acosado por el frío y los cosacos. Es un monumento a la supervivencia de Rusia como nación y de Moscú como "la tercera Roma". El 5 de diciembre de 1931, por órdenes de Stalin, la catedral fue dinamitada. Tomó un año limpiar los escombros de lo que antes fuera un edificio espectacular, inspirado en la Hagia Sofía de Constantinopla. Stalin planificaba construir en su lugar 
Palacio de los Sóviets, un sueño idiota de su egolatría que la ineptitud connatural al comunismo le impidió realizar. Finalmente, su cómplice y sucesor, Nikita Khrushchev, hizo una piscina en el lugar. (Nikita no sabía nadar, dato que Mao usaría en su momento para humillarlo, pero esa es otra historia.) Tras la caída del comunismo, los rusos reconstruyeron piedra a piedra su catedral. El nuevo templo fue consagrado el 19 de agosto de 2000, Fiesta de la Transfiguración y noveno aniversario del golpe de estado contra Gorbachev, que llevó a la disolución de la Unión Soviética.

Foto: REUTERS/Sergei Karpukhindd
Desde joven supe la historia de la Catedral de Cristo el Redentor. Recuerdo la felicidad que sentí el día que leí en The New York Times que los rusos la estaban reconstruyendo. Todas las profanaciones me son repugnantes, especialmente si se trata de un templo que parece una metáfora de los embates del mal y el triunfo de la esperanza en el siglo XX.

Ahora bien, cabría preguntarse, ¿es ese acto irreverente y ofensivo de las Pussy Riot la profanación original o es en cambio una reacción contra otras profanaciones no menos malignas, aunque menos estridentes
? ¿Es ese acto lo que hace peligrar el alma de la Iglesia Ortodoxa hoy? ¿En bien de quién redunda la alianza del Patriarca Cirilo I con el régimen de Putin que ellas denuncian?

¿De veras cree Su Santidad Cirilo I que la Iglesia Ortodoxa está "bajo el ataque de sus perseguidores" por lo que hicieron las Pussy Riot? ¿Y cuándo —se preguntaría cualquiera—, habrá adquirido ese celo para denunciar a sus perseguidores Su Santidad? Porque en tiempos del comunismo —esa orgía de profanaciones y persecuciones que duró 74 años—, el Patriarca fue de los que optó por la prudencia y el silencio. De hecho, en 
1971, fue nombrado representante del Patriarcado de Moscú ante el Consejo Mundial de Iglesias, un cargo que en la era Brezhnev requería gozar de la camaderil confianza del KGB.

De la historia reciente de la Iglesia Ortodoxa Rusa se pueden sacar muchas lecciones perversas. La primera es que los que ayer no se atrevieron a reclamar la libertad propia hoy tiene el derecho de limitar la ajena. La segunda es que una iglesia que se plegó ayer al poder totalitario que la perseguía, se puede aliar al poder autoritario que la corteja hoy para recibir prebendas y no tener que tolerar a los que considere incómodos, desde blasfemas chicas punk y adversarios políticos, hasta sacerdotes católicos y ministros protestantes. Y muchos podrían llegar a la conclusión de que si los comunistas de ayer —los que profanaron, robaron y destruyeron miles de iglesias y causaron millones de muertes—, son los que siguen en el poder hasta ahora y los que reparten los privilegios, ¿qué sentido hubiese tenido oponérseles antes? Es como si la mancha de la infamia se pudiera borrar de la foto con Photoshop como el reloj Breguet de $30,000 que Cirilo I usa en su muñeca. Pero el Patriarca sabe por experiencia propia que siempre queda algún rastro —y todos deberíamos saberlo también.  

*Dejo el nombre del grupo en inglés por dos razones: en primer lugar, porque así es como aparece en la versión rusa de Wikipedia; y en segundo lugar, porque no creo que mis escasas dotes de traductor me permitan traducir "Pussy Riot" al castellano haciendo justicia a su esplendor poético.     
 

Sunday, April 15, 2012

El Titanic y Kim Il Sung: Un siglo para dos desastres

Norcoreanos inclinan la cerviz ante la estatua del
Presidente Eterno Kim Il Sung.
Foto: The New York Times
El 15 de abril de 1912 se hundió el Titanic, como no nos queda más remedio que saber. 

Los periódicos de la época hicieron de la noticia una epopeya del sensacionalismo. En el desastre murieron unas 1600 personas, pero los efectos aún se sienten: una decena de películas y series televisivas lacrimosas, cientos de libros más o menos morbosos, una industria necrofílica que comercia con relojes oxidados y fragmentos de la vajilla de tercera clase, las parejitas de Kansas, Hialeah o Buenos Aires que se retratan en la proa de los barcos de la línea de cruceros Carnival, todo tipo de obras "artísticas" de insuperable ridiculez, los turistas ricos dispuestos a pagar millonadas por ver los restos mohosos del barco en el fondo del Atlántico, un set cinematográfico tan grande que parecía un país, un director de cine con ego napoleónico gritando que es el rey del mundo...


Sin embargo, ese mismo día, el 15 de abril de 1912, ocurrió otro desastre que ningún periódico anunció, y que a la larga haría parecer lo del Titanic como un pequeño contratiempo marino: nació Kim Il Sung, el Presidente Eterno de Corea del Norte. Como el Titanic, este desatre también 
ha generado decenas de películas y óperas proletariamente lacrimosas, miles de libros absolutamente infumables, una industria necrofílica que comercia con estatuas gigantescas y sellitos para poner en la solapa, todo tipo de obras "artísticas" de insuperable ridiculez, turistas dispuestos a dejarse estafar por ver los restos mohosos de un país hundido en el fondo del estalinismo, un país tan irreal que parece un gigantesco set cinematográfico, una dinastía de dictadores ineptos y criminales con complejo de directores de cine... 

La principal diferencia entre los dos desastres del 15 de abril de 1912 es que mientras el
Titanic ocasionó apenas 1600 muertes, las víctimas de Kim Il Sung se cuentan por millones. Bueno, y que ninguna pose de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet podría igualar la memez de los principitos verdugos del comunismo dinástico norcoreano.




Thursday, April 12, 2012

En la esquina de Broadway y Ayestarán: Lecturas de "La cuarta pared"

Bárbara María Barrientos. Foto: Tersites Domilo
El sábado pasado, 7 de abril, con el patrocinio del Centro Cultural Cubano de New York, se presentó a sala llena en el Symphony Space de Broadway y la 95, La cuarta pared, obra de Víctor Varela sobre la que ya he hablado antes en este blog. En reciente artículo en Diario de Cuba se decía, y con razón, que la obra es "una metáfora que permite tantas lecturas como espectadores quepan en la sala". Después de haberla visto en la logia Hijos de la Patria de la calzada de Ayestarán, en La Habana de 1991, en el Theatre of the Arts de 17 Frost Street en Brooklyn el año pasado, y ahora en Broadway, añadiría que la obra permite una lectura diferente cada vez que el mismo espectador la ve.

En Ayestarán en 1991, La cuarta pared fue para mí la expresión inquietante y desgarrada de la soledad del individuo ante el poder totalitario. El proyecto de sociedad que nos fue destinado se había quedado sin libreto, como los personajes de la obra: los gemidos y gruñidos de los cinco actores parecían un eco amplificado de los nuestros. Éramos, en el teatro y en el teatro de la vida, espectadores abrumados con la añoranza de ser sujetos. Y La cuarta pared fue entonces la sublimación de esa pesadilla y de ese anhelo.

Ya he comentado también la experiencia de verla en Brooklyn hace un año. Esta vez, otra vez, fue diferente. Era Sábado Santo, ese momento del año litúrgico católico en que más cerca estamos de la muerte de Dios. Recordé, camino al teatro, cuando iba cada año a la iglesia de mi pueblo en la mañana del Sábado Santo a rezar y "acompañar a Virgen en su soledad", en ese día árido en que su hijo, mi Dios, estaba muerto.

Podríamos decir que desde la conocida sentencia de Nietzsche, hemos vivido más de un siglo en esa soledad. La cuarta pared trata, entre otras cosas, de la relación de la creatura con su hacedor: el personaje ha sido desechado por el autor, y tiene que inventar una dolorosa autonomía, porque está solo.

Sola también, como la Virgen del Sábado Santo, estaba Bárbara María Barrientos sobre el escenario árido y negro del Symphony Space. Sola y muda, pues la obra no tiene parlamentos. Desde la segunda fila, la vimos nacer, aprender a andar, a caminar, a reír y gemir, a ser humana, en poco menos de una hora. Lo sabía desde 1991: esta mujer pequeña y delicada puede dominar a los espectadores como por arte de encantamiento. Esta vez tuve una prueba más tangible.

Detrás de nosotros, en la tercera fila, se sentaron dos señoras cuyo acento revelaba que eran madrileñas, cuyos rostros indicaban que estaban un poco más allá de los cincuenta, y cuya conducta dejaba en claro que la cena había sido rociada con tres copas de más. Poco después de sentase, comenzaron a pedir a gritos que comenzara la función. Al apagarse las luces empezaron a reír sin parar, como se ríe uno en un velorio de puro nerviosismo. Pensé que iban a arruinar la puesta, pero los primeros gemidos agónicos de Bárbara Barrientos les hicieron recuperar la cordura. No se volvió a saber de ellas hasta el final, en que escaparon de sala después de los aplausos.

Víctor Varela durante el conversatorio con el
público tras la puesta de La cuarta pared
en Symphony Space. Foto: Tersites Domilo
Es de agradecer que el Centro Cultural Cubano haya decidido poner en una importante sala de New York, en medio de ese río de ilusiones que es la calle Broadway, esta obra. Y es bueno reiterar que en La cuarta pared, Víctor Varela nos propone repensar varias relaciones y límites que son esenciales al teatro —y no solo al teatro. Y que el peso de esta 'pared', la importancia que tuvo y que tiene en nuestros contextos, en el archipiélago disperso de la cubanidad, reclama un acercamiento que rebase las tres cuartillas de un post. La obra toda que Víctor Varela ha desarrollado en más de dos décadas con Teatro Obstáculo, la que está más allá de La cuarta pared (pun intended), tiene que hallar un espacio más permanente entre nosotros. Ninguna cultura puede darse el lujo de diluir una obra como la suya en esporádicos acercamientos. Menos una cultura enferma, como el nuestra.  

Nota: Recomiendo también la lectura del artículo "Víctor Varela: un teatro amable con el espectador" que ha publicado esta semana la crítica Rosa Ileana Boudet en su blog Lanzar la flecha bien lejos  y la entrevista que ha publicado hoy Diario de Cuba con Alcibiades Zaldívar, uno de los actores de la puesta original.

Saturday, April 7, 2012

Cristo muere crucificado en Washington Heights

Ayer, en la tarde del Viernes Santo, fuimos con los pequeños a desandar el Via Crucis en las calles de Washington Heights. La crucifixión de Jesús, nos asegura San Pablo, fue "escándalo para los griegos", que era la gente bien pensante de su tiempo. Y a ver el escándalo salimos. 


Foto: Tersites Domilo

En una esquina donde la única pasión que se adivinaba era la de cuatro quisquellanos por el dominó, una señora dijo a sus acompañantes: "No se deberían demorar tanto, los disfrazados andan sin zapatos". Un filósofo cibaeño que estaba a su lado le respondió inmediatamente: "Pero e' que e'ta vaina e' así, doña".

Este Via Crucis, que organiza la parroquia Reina de los Mártires, no será confundido nunca con la Semana Santa de Sevilla. Es simplemente una expresión de fe marcada por la inmediatez de la inocencia: su objetivo es claramente proselitista. No es cool, es real.

Los legionarios —romanos genuinos de San Pedro de Macorís—, llevaban sandalias Clark y espinilleras plásticas de centuriones de mentiritas, pero se comportaban con la convicción que regala el celo apostólico, no las clases de dramaturgia. El jefe de la cohorte increpaba a Jesús con una aspereza y una naturalidad dignas del Actor's Studio. Los dos ladrones tenían la estampa perfecta de los tígueres del barrio, y llevaban la ropa que lucen siempre los detenidos en los telediarios de New York, y una blusa muy parecida a la de los inquilinos de Rikers Island. Pier Paolo Passolini se hubiese enamorado de los dos, cinematográficamente hablando, al instante.


Al desembocar en una calle la procesión se detuvo frente a una botánica; Jesús cayó por primera vez ante una tienda de ropa para jovencitas llamada Bless, cuyo letrero era de ese color hereje que llaman Barbie pink; su segunda caída fue en un paso peatonal frente a la farmacia Caribe; un borracho pasó entonces gritando improperios, no sé si dirigidos a Cristo o a los cristianos; en un momento, Jesús se detuvo frente a un letrero que decía "Store for rent" y cayó por tercera vez; 
un gato miraba la escena desde el anuncio de cerveza Corona donde se había trepado para escapar de la multitud.

Llegamos de vuelta a la iglesia, los ladrones fueron crucificados en silencio; los altavoces transmitieron entonces los martillazos con que clavaban las manos y los pies de un gimiente Jesús. (Recordé a mi amigo David, judío y ateo, devotamente anticatólico, que me decía: "Ustedes tienen la repugnante costumbre de colgarse al cuello un cadalso labrado en oro".) M
is hijos hacían preguntas incesantes a su madre y me pedían que los cargara para ver la ejecución. Cristo dijo las Siete Palabras desde lo alto de la cruz. Me pregunto cuánto habrán entendido mis hijos de lo que veían; cuánto habrán comprendido los feligreses, cuánto entiendo yo de ese escándalo de un dios que muere cada año rodeado por inmigrantes dominicanos en el Alto Manhattan. Pero ayer en la tarde, en las calles de Washington Heights, estuve tan cerca de entenderlo todo como nunca antes. 

[Aquí pueden ver las fotos que tomé durante el Via Crucis. Si pulsan la imagen la pueden agrandar.]



Thursday, April 5, 2012

Una camilla milagrosa


Si usted entra ahora en Goggle y hace una búsqueda con las palabras camillero y papa, verá que los veinte primeros resultados se refieren al ataque de un camillero de la Cruz Roja cubana a un asistente a la misa del Papa en Santiago de Cuba que gritó "abajo el comunismo" poco antes del incio de la celebración. 

Si usted hace la misma búsqueda, pero limitándose a los sitios del domino cubano ".cu", no hallará ni una sola referencia al incidente en los cien resultados que aparecen. El primer enlace que verá  es un artículo de Juventud Rebelde que tiene un 
título irreprochable: "El mejor oficio: hacer el bien". Hay otro que lleva el sugerente encabezado de "Respuestas certeras frente a golpes enemigos", pero —contra todas las probabilidades— no trata del incidente de la misa papal.

Tampoco en el sitio de la Cruz Roja Cubana hay ninguna referencia al asunto, a pesar de que ayer se informó que el camillero había sido expulsado de esa entidad. En la sección "Al día" tienen noticias de evidente relevancia e interés como, por ejemplo, una sobre "El tomillo, una cura potencial para el acné" y otra que hace una advertencia devastadora para el futuro del ciclismo femenino: "Montar bicicleta puede afectar a la sensibilidad genital de las mujeres". Pero no se dice nada del atlético camillero de Santiago.


Todo parece indicar que ninguna persona de las que escriben en los dominios ".cu" tiene nada que decir al respecto. Será que los periodistas, blogueros y comentaristas que escriben en esos dominios coinciden en que es un hecho sin importancia. No solo eso: ni uno solo de ellos cree que valga la pena comentar, criticar o rebatir la algarabía que ha hecho cierta prensa sobre el asunto. Es un caso de coincidencia nacional casi milagroso. Esa unidad singular, si bien no es frecuente, es sin dudas posible. Bastaría recordar el caso de Corea del Norte, por ejemplo... 

Wednesday, April 4, 2012

Una crónica: La cuarta pared, esta vez en New York

El Centro Cultural Cubano de Nueva York presentará  La cuarta pared, obra del dramaturgo y director cubano Víctor Varela, producida por Teatro Obstáculo, este sábado 7 de abril de 2012, a las 8:00 p.m., en la sala Leonard Nimoy Thalia del Symphony Space de Manhattan. Sobre la puesta anterior en Brooklyn de esta obra publiqué el año pasado una crónica que pueden leer aquí:


Tersites: La cuarta pared, esta vez en New York: En el año de gracia de 1989, mientras en Europa la libertad derribaba el Muro, en Cuba las balas derribaban a un general y a varios de sus c...

Thursday, March 29, 2012

El camillero y la historia

Anteayer, monseñor Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, le dijo al Papa en su mensaje de bienvenida:
Hemos llegado a la violencia entre cubanos que hace sufrir a todos y no beneficia a nadie, hiere la dignidad y dificulta el verdadero desarrollo material y espiritual de nuestro pueblo. Es necesario superar todas las barreras que separan a los cubanos entre sí.
Minutos después, el Santo Padre tuvo ante sus ojos, allí mismo en la misa, un ejemplo de la violencia entre cubanos que lamentaba minutos antes el Arzobispo. (Abajo está el video.) Cuando ocurren incidentes como estos, en los que alguien grita alguna frase contra el Gobierno y al instante es violentamente atacado por varios individuos o toda una turba, se repite un ritual que ya conocemos. La disidencia afirma que los atacantes son agentes o policías vestidos de civil, mientras que los partidarios del Gobierno afirman, una y otra vez, que se trata de simples ciudadanos 'enardecidos'.

¿Es una manera eficaz de defender al Gobierno cubano decir que se trata de 'el pueblo enardecido'? No lo parece. Si fueran policías vestidos de civil o paramilitares los encargados de agredir físicamente al que expresa cualquier idea distinta de la oficial, el problema sería penoso y grave, pero no indicaría una quiebra moral del país. En cambio, si fuese cierto que hoy en día para la mayoría de los habitantes de la Isla la única reacción posible ante quien piensa diferente es la agresión física, entonces sí habría que temer que el alma misma de la nación estuviese enferma —grave. Y esa no es una responsabilidad con la que nadie, a la larga, querría cargar. 




Monday, March 26, 2012

Benedicto XVI en La Habana: el pasado de la esperanza

En La ciudad de Dios, San Agustín refuta la teoría del eterno retorno aduciendo que la cruz y la resurrección no pueden ser rebajadas a la banalidad de las innúmeras repeticiones. En ese sentido, la visita del papa Benedicto XVI a Cuba es el final de la esencial singularidad de aquella que hiciera en 1998 Juan Pablo II. Y como sucede con todo evento repetido, uno se pregunta qué ha pasado desde la última vez. ¿No es acaso este el momento de pasar revista? ¿Cuáles fueron las expectativas y los sueños que Juan Pablo II trajo a Cuba o generó entre los cubanos que lo escucharon y aplaudieron? ¿Y qué pasó con aquellas esperanzas? 

Uno mira atrás, y recuerda el paso del papa Wojtyla por Cuba, su exhortación a no tener miedo; uno recuerda aquellos días de júbilo genuino, de adivinadas certezas, de infinita potencialidad; uno recuerda su insistencia en el carácter católico y occidental de la nación cubana; su evocación del soplo del Espíritu Santo sobre La Habana; uno recuerda que pareceía posible  soñar con la reconciliación. ¿Y qué pasó entonces? ¿Cuál fue el efecto de esa visita en la Iglesia que peregrina en la Isla, en el país mismo, en los cubanos?

¿En qué medida Cuba se abrió al mundo y el mundo a Cuba? ¿Fue el miedo despojado de su preeminencia entre nosotros? Estos catorce años, ¿fueron los tiempos de mayor tolerancia, de fe renovada y creciente libertad, de más apertura y menos odio, que la visita de Juan Pablo II hizo imaginar a tantos? 

Catorce años después, ¿ha dejado Cuba de ser un país donde hay solo una manera aceptable de pensar, un solo partido en el que militar, un solo programa que obedecer; donde pensar diferente se considera como una modalidad de la traición? Catorce años después, ¿es aún posible que si un grupo de mujeres salen a la calle a protestar contra el gobierno, las siga un una turba que incita a asesinarlas cantando: "Machete que son poquitas"? ¿Se parece ese país de hoy a la esperanza de aquellos días o es una pesadilla de la que no acabamos de despertar?

¿Cuál ha sido la tónica dominante de estos catorce años: la fe, la audacia y la mirada puesta en el futuro; o el cinismo, el miedo y el estacamiento en el pasado? ¿Hay en Cuba hoy menos odio o menos injusticia que en 1998?  

¿Cómo ha cambiado la imagen de la Iglesia en Cuba desde entonces? ¿Es hoy esa Iglesia más eficaz en su misión evangelizadora, más solidaria con los que no tienen voz y más cercana a su pueblo, que hace catorce años?  

Juan Pablo II, al entrar en La Habana en 1998, era un hombre envejecido y enfermo, pero con la mente y el alma intactas. Durante aquellos días se entregó a Cuba con una fuerza que evidentemente no provenía de aquel cuerpo macerado por el trabajo, los años, la enfermedad y las balas. Todo lo que pudo hacer, lo hizo. El resto dependía de los cubanos. ¿Y qué hicimos?

A la hora de fijar expectativas para la visita que el papa Benedicto XVI inicia hoy, deberíamos tener en cuenta lo que sucedió con las expectativas la vez pasada. Y sumarle a eso que el papa Ratzinger no tiene el don de gentes que tuvo el papa Wojtila. Y que monseñor Meurice, que tenía el valor de decir la verdad, ya no está entre nosotros. Solo después de sacar esas cuentas deberíamos comenzar hilvanar expectativas para esta visita. Quizás eso nos haga regresar a donde debimos ponerlas siempre: a Dios. Porque —digámoslo con perfecta honestidad—, lo que necesitamos a estas alturas sólo puede calificarse de milagro. 

Saturday, March 24, 2012

En los zapatos del Cardenal

El día 14 de marzo, el Arzobispado de La Habana informaba que en el día 13, trece personas, identificándose como disidentes, habían entrado a la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad y se negaban a abandonar el templo. (Se supondría que en Cuba todo el mundo sabe que el 13 es número de mala suerte, pero eso ese otro cuento.) El resto de esta historia es conocido, y es un hecho que marcará la imagen de la Iglesia en Cuba y el episcopado del cardenal Jaime Ortega. Y que hará que muchos juanes lo piensen dos veces antes de montarse en cualquier bote confiando su suerte a la protección de Cachita. Pero volvamos a la nota de prensa original, que parece sacada de una edición de Pravda de la época de Brezhnev, pero que sugiere algunas preguntas necesarias.

La nota apareció primero —se supone— en el sitio web de la Arquidiócesis, para luego pasar al Granma, donde la colgaron* a las 7:00 p.m. del día 14, es decir, poco más de 24 después del inicio de la "situación crítica". En esas 24 horas, ¿qué había logrado averiguar el redactor del comunicado? Varias cosas: 
1. "Se trata de una estrategia preparada y coordinada por grupos en varias regiones del país"; 2. "No es un hecho fortuito, sino bien pensado y al parecer con el propósito de crear situaciones críticas a medida que se acerca la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba"; 3. "otros grupos y personas disidentes fueron convocados a ocupar templos en otras diócesis".

Si en la Arquidiócesis de La Habana sabían todo eso el día 14 a las 5:00 p.m., ¿es posible creer que la Seguridad del Estado no supiera absolutamente nada del asunto 24 horas antes? 
¿Cómo se puede explicar que los omniscientes agentes de "Las razones de Cuba" de pronto hayan quedados ciegos ante una acción de protesta coordinada entre decenas y decenas de personas de varias provincias del país? 

Aceptando la tesis más probable —que las autoridades sabían lo que iba a suceder y decidieron callarse y permitir que ocurriera—, ¿qué objetivo perseguían con esa estrategia?
 Y, lo que es más relevante¿no se habrán hecho esa misma pregunta ese día en el Arzobispado de La Habana? ¿Habrá sido esa extraña ignorancia gubernamental la que llevó al Cardenal Arzobispo a tomar la decisión de llamar a la policía para que sacara a los disidentes del templo?

Orlando Luis Pardo Lazo, en un artículo desgarrador, ha dicho que la nota prensa de Orlando Márquez fue el "suicidio de una ilusión". Sin dudas, en la esquina de Salud y Manrique murieron ese día varias ilusiones. Pero quizás no se trate de un mero suicidio.

Criticar al Cardenal de La Habana es, desde hace tiempo, moneda corriente. 
No vendría mal, por justicia y por prudencia, tratar de ponerse uno de vez en cuando en sus zapatos cardenalicios, para ver si desde allí se ve siempre —y con tanta nitidez como desde el teclado de la computadora—, el mejor trillo entre la maleza de la realidad. 

* En la "versión impresa" del Granma que se ofrece en Internet, la nota del Arzobispado habanero no aparece publicada el día 15. Es curioso que una noticia que aparece claramente destacada a las 7:00 p.m. de la noche el día 14 (el sitio web del Granma hace muy pocas actualizaciones durante el día), no haya siquiera aparecido impresa al día siguiente.

Saturday, March 10, 2012

El camino del Hotel Griffou al Delmonico's: otro modo de contar la historia de Cuba

[Este es el cuarto post sobre el Hotel Griffou y la relación de ese hotel con la historia de Cuba. Estos son los títulos/enlaces de los posts anteriores:]
  1. Hotel Griffou, 1884: El insoportable aroma en las axilas cuartelarias del Generalísimo 
  2. El efímero fervor de José Martí: de vuelta al Hotel Griffou.
  3. Por qué Máximo Gómez no podía pagar la cena en el Hotel Griffou

José Martí, el Dr. Ramon Luis Miranda (con barbas), Gonzalo de 
Quesada (extremo derecho), Gustavo Govín (de espaldas) y Luis
Rodolfo Miranda (a la derecha de Martí) en el Delmonico's el 28 de
enero de 1895.  Dibujo de Juan Emilio Hernández Giro (1882-1960)
Tras los hechos del Griffou y la carta del 20 de octubre de 1884, Martí por voluntad propia queda al margen de todos los esfuerzos independentistas. Quien lea la carta de Martí a Manuel Mercado (es larga) del 13 de noviembre de 1884 se dará cuenta del precio altísimo e inmediato que pagó por enfrentarse a los dos guerreros. La carta, si se la compara con las de Gómez y Maceo sobre el mismo asunto, también muestra la superioridad de visión y carácter de Martí. Refiriéndose a la renuncia a su puesto de cónsul, que ya mencioné en el post anterior, le dice a Mercado: "...no tenía más modo de vivir que lo que me producía el Consulado del Uruguay, en que hacía de Cónsul interino y como el Uruguay está en amistad con España, renuncié, con el Consulado, a mi único modo de vivir...".

La separación de Martí duraría más de dos años. Poco a poco los jefes del 68 se dieron cuenta de que necesitaban el concurso del "Dr. Martí". En 1887, Martí volvería, por primera vez en tres años, a dar el discurso del 10 de octubre en New York.

Por su parte, Félix Govín* moriría el 23 de mayo de 1891. Poco después, el 4 de septiembre de 1891, el New York Times informaba que Luz Díaz de Govín, la viuda, había demandado a las hijas de Govín por cuestiones de herencia. Por suerte para el tema que nos ocupa, una nota del 22 de noviembre de ese mismo año en el Times indica que la demanda había hecho escasos progresos. (Todos los detalles se pueden leer en el archivo de la Corte de Apelaciones de New York de 1895, donde hay más de 200 páginas con los documentos del caso.) Luciana Govín, la hija del indeciso Félix, heredaría buena parte de la fortuna. Y Luciana era, por demás, la esposa del Dr. Ramón L. Miranda, el amigo a quien Martí dedicó sus Versos Sencillos 
al publicar el libro en 1891 ("A un médico que cura siempre"). Después del fracaso del Fernandina, Martí se ocultó en la casa** del Dr. Miranda y Luciana Govín por varias semanas para evadir la vigilancia de los agentes de España.  

En la edición del 16 de marzo de 1907 del semanario The Chrisitian Work and the Evangelist
el autor de una nota sobre sobre una nueva ley contra los sobornos lamenta que la misma no se extienda también a las propinas de los restaurantes. Y dice: "Así que, después de todo, desde el Griffou hasta el Delmonico's, tendremos que seguir dando propinas como hasta ahora". Sabiendo que Delmonico's era el restaurante más famoso de New York en la época, se entiende que el Griffou se cita aquí como ejemplo del más humilde.

El Delmonico's de la 5ta Avenida y la calle 26, dondese cree que
Martí cenó el 28 de enero de 1895, su últimocumpleaños.
Delmonico tenía más de un restaurante, pero, como afirma Ripoll,
este era el más cercano a la casa de los Miranda-Govín.
Foto de 1902, New York Public Library
Pues bien, el 28 de enero de 1895, el día de su último cumpleaños, los Miranda-Govín invitaron a José Martí a cenar en el Delmonico's, como cuenta Carlos Ripoll en su ensayo "Martí: su último cumpleaños". Dice Ripoll: "Al día siguiente iba a firmar en casa del doctor la Orden de Alzamiento para enviarla a La Habana, y el 31 se embarcaría hacia Santo Domingo para encontrarse con Máximo Gómez y seguir hacia Cuba". Al fin y al cabo, el dinero de Govín, que no le pagó una cena de 75 centavos en el Griffou en 1884, le pagaría su lujosa "última cena" en el Delmonico's el 28 de enero de 1895. 

Para los amantes del "azar concurrente", apunto que en la edición de julio de 1883 de la revista The American Catholic Quarterly Review, se dice lo siguiente: "El Sr. John Delmonico, de New York, fundador de la familia de ese apellido en la gran metrópolis, fue uno de los más fervientes admiradores de Félix Varela. Un día en que iba por la calle Chambers camino a casa, pasó por enfrente de una iglesia prebisteriana que estaba a punto de ser puesta en subasta. Entró en la subasta y logró comprar el edificio por $56 000.00. [...] El edificio, tras ser reparado y decorado, fue dedicado el 31 de marzo de 1836 como la Iglesia de la Transfiguración. La gente siempre la llamó 'la iglesia de Félix Varela'." (Una mención de la amistad de Varela y Delmonico que hace Ripoll me llevó a buscar y hallar este ensayo sobre Varela en la revista católica del siglo XIX.)

Gonzalo de Quesada y Aróstegui
y Angelina Miranda Govín con
José Martí, 1893
Los Miranda-Govín donaron generosamente a los esfuerzos independentistas de Martí, y en su casa quedaron muchos de sus papeles al partir Martí definitivamente a Cuba. (Loynaz del Castillo habla de esas donaciones de Luciana Govín en sus Memorias de la guerra, página 112.) 

La esposa de Gonzalo de Quesada y Aróstegui, el secretario y albacea literario de Martí, era Angelina Miranda y Govín, hija del Dr. Miranda y de Luciana Govín, y de ese modo, tras la muerte de Martí y de sus suegros, se reunieron en la persona del dichoso Gonzalo parte del dinero de Félix Govín y buena parte de la obra martiana. Pocos hubiesen imaginado ese destino quince años antes, cuando Félix Govín decidió que era demasiado arriesgado pagar las cuentas y financiar los sueños de aquellos ensimismados mambises que llenaban de humo de tabaco negro y palabras ardientes las escuálidas habitaciones del Hotel Griffou. 


Notas: 


*En las fuentes donde se habla del ofrecimiento de Félix Govín a Gómez y Maceo, nunca se menciona su segundo apellido. Siendo cubano acaudalado, cercano a los líderes mambises, propenso a apoyar la causa con su dinero, y residente en New York, asumo que se trata del mismo Félix Govín y Pinto, suegro del Dr. Miranda, que se menciona en todas las demás fuentes citadas. De todas formas, sigo buscando prueba firme de que se trata de la misma persona.


**Habrá un post aparte dedicado a la casa de los Miranda-Govín, donde Martí pasó los últimos días de su vida neoyorkina y firmó la Orden de Alzamiento de la Guerra del 95.