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Saturday, March 16, 2013

Yoani Sánchez: la palabra y los gritos

Panel "Cuba in a Global Context:
Social Media and Political Change".
The New School, New York
Fue el sábado 9 de abril de 1994. Hacía exactamente cuatro meses que habíamos llegado a New York y José Prince y María Cristina Herrera, dos amigos cuya bondad nunca podré pagar, me invitaron a un evento titulado "Cuba: Roads to the Future", que se celebraría en The New School. En el primer panel al que asistí estaban esos dos amigos más Carmelo Mesa Lago, Marcelino Miyares, Wayne Smith y otras personalidades. Cuando Wayne Smith comenzó a hablar, un joven cubano se levantó de su asiento y caminó hacia el escenario tapándose los oídos con las manos. Varios asistentes comenzaron a imprecar a Wayne Smith. Le gritaban "comunista" y otras lindezas. 

Teniendo aún vivo el recuerdo de los actos de repudio que había presenciado en Cuba, me levanté y salí inmediatamente de la sala. Cuando llegué al lobby, vi que iba entrando el representante Charles Rangel. "Mr. Rangel", le dije, "debo decirle algo". Charlie Rangel me miró extrañado, pero con la simpatía genérica del animal político que siempre ha sido. "Allá adentro el ambiente está muy caldeado. Hay unos señores gritando improperios. Me temo que no son simpatizantes suyos. Por favor, evítese el disgusto". Rangel me dio las gracias y yo salí del edificio sin mirar atrás. 
Nunca más volví a The New School. 

Hasta hoy. 
En el mismo auditórium de hace diecinueve años, se celebraba otro coloquio sobre Cuba. El segundo panel de la tarde, "Cuba in a Global Context: Social Media and Political Change", fue excelente. John Kelly y Thomas Werner hablaron sobre las corrientes políticas y culturales que se pueden observar en la blogosfera mundial y sobre la influencia del Internet en la historia reciente de diferentes países del mundo. Yoani Sánchez y Nitin Sawhney disertaron sobre el uso de la tecnología y las redes sociales por parte de la resistencia palestina y de los disidentes cubanos. 

Tras el debate, mientras Yoani contestaba una pregunta del público, un grupo de hombres y mujeres se levantaron con pancartas "antiyoani" y comenzaron a gritar improperios contra ella. Por casi un cuarto de hora interrumpieron el debate, a pesar de los repetidos reclamos de la moderadora Coco Fusco. Mientras tanto, Yoani se mantuvo sentada en el escenario, con la calma y la paciencia de quien espera una guagua en Infanta y Carlos III. Solo hizo un comentario: "Parece que el acto de repudio llegará a ser el único producto de exportación de mi país".


Coco Fusco dijo entonces que todos debían sentarse o habría que llamar a los guardas jurados de la escuela. Con la misma sincronización con que se habían indignado y habían chillado sus improperios, los vociferantes se calmaron al instante y se retiraron. Había terminado el acto de repudio. Sentí la misma repugnancia que he experimentado siempre al presenciar la mezcla de impotencia e intolerancia de un grupo que no soporta escuchar opiniones contrarias a la suya. ¿Habrá otro modo más claro de demostrar que no se tiene la razón? 


Para Yoani Sánchez debe ser agotador lidiar con ese odio itinerante que va tras ella de ciudad en ciudad, de país en país. Es como si la intolerancia medieval de algún ayatola hubiese escrito una fatua contra ella. Y sin embargo, tendría que dar gracias a esa gente que, teniendo la oportunidad de dialogar con ella, prefiere insultarla e impedirle hablar. Es la mejor prueba de la razón que la asiste, y de la eficacia con que sabe exponerla.

Friday, March 15, 2013

Ernesto Tamayo: la pieza más difícil

Hace poco más de un mes, los médicos descubrieron que el conocido guitarrista y compositor clásico cubano Ernesto Tamayo tenía un tumor cerebral maligno en cuarta fase. Por supuesto que nadie merece recibir una noticia así; pero conozco pocas personas que lo merezcan menos que él.

En la primavera de 1995, recién llegado a Estados Unidos, 
Ernesto Tamayo vino a pasar una semana a nuestro apartamento en New York. Tenía 23 años y era ya un guitarrista de fama y estaba tratando de conseguir una beca en el Peabody Conservatory para estudiar con Manuel Barrueco. Yo no conocía a Ernesto, pero el mundo es pequeño: doce años antes, él y Madelca Suárez, quien más tarde se pondría mi apellido, habían comenzado a estudiar el nivel elemental de guitarra en la Escuela Nacional de Arte de Cuba. 

En 1995 yo daba clases de español en el Berlitz de Broadway y Wall Street y mi mejor alumno —y muy pronto amigo— era David Hurwitz, el conocido crítico musical que anima desde hace diez años "el único diario de música clásica del mundo", Classics Today. Le hablé a David de Ernesto e inmediatamente me propuso que lo llevara a su casa. Por esa época Ernesto no hablaba inglés ni David español, de modo que entre un estudio de Leo Brouwer y un preludio de Tárrega, hice de intérprete en aquella conversación de sordos de oído exquisito. 
Ernesto le preguntaba a David si podía ayudarlo a dar un concierto en el Carnegie Hall mientras que David, haciendo gala de su humor demoníaco, le explicaba que la guitarra no es un instrumento de concierto. 

Para demostrar su tesis, cuando Ernesto terminó de tocar su transcripción para guitarra del Andante de la Sonata en mi menor para flauta y bajo continuo de Bach, David le puso la misma pieza en la versión de Jean-Claude Gérard acompañado de piano y fagot. Tras la última nota, y dando por concluido el debate, David anunció que nos invitaba a almorzar a un restaurante tailandés excelente del que mi alumno sibarita era cliente habitual.

Llegamos al restaurante de alfombras rojas y dragones dorados y el camarero trajo el menú. Para Ernesto el inglés y el tailandés eran igualmente ignotos en aquella época. Y el restaurante n
o era uno de esos sitios baratos donde ponen fotos de los platos en la carta. David me pidió que le preguntara a Ernesto qué quería comer y así lo hice. Entonces Ernesto Tamayo, con su voz de profeta villaclareño, anunció su apetito: "Yo quiero arroz, frijoles negros y un bistec con papas fritas". Me volteé hacia David y le dije en inglés: "Ernesto dice que pidas tú por él, pues tú sabes bien cuál es el mejor plato de la casa". Luego le dije a Ernesto que el bistec con papas fritas tailandés no era exactamente igual al cubano. Y el almuerzo resultó delicioso. 

Ernesto aprendió muy rápido el inglés en sus primeros meses en EE.UU., recibió una beca y se fue a estudiar con Manuel Barrueco al 
Peabody Conservatory y dio su concierto en el Carnegie Hall unos años más tarde. Ha tenido una excelente carrera, ha recorrido el mundo con su guitarra, ha grabados seis discos exquisitos y en sus ratos libres aprendió a pilotar aviones (hasta que un susto icárico lo hizo olvidar su sueño de ser Charles Lindbergh) y a descifrar por fin los secretos de la comida tailandesa. La constante de su vida es, sin embargo, su amor por la guitarra. Un amor tan ardiente que a veces hace imposible hablar con él de cualquier cosa que no sea esa amante de cuerdas y madera pulida que abraza ocho horas cada día sin descanso.

Y es esa vida útil y casi monástica la que ha quedado en suspenso durante los últimos dos meses. 
El Concurso y Festival Internacional de Guitarra de Lancaster, que Ernesto Tamayo fundó, ha sido suspendido este año. En su lugar se va a celebrar en su honor el Festival de Guitarra de Lancaster, que comenzará con un concierto el 23 de marzo en el Ware Center, Millersville University, 42 N. Prince St., Lancaster, Pennsylvania. Para ver toda la información del festival-homenaje a Ernesto Tamayo pueden pulsar aquí 

Ernesto ha sido operado y en este momento se encuentra recibiendo terapia. Sus amigos han creado un fondo para ayudarlo a lidiar con los gastos médicos. Los que deseen visitar el sitio y brindarle su apoyo, pueden
pulsar aquí

[Video: Ernesto Tamayo estrena una de sus guitarras.]

Thursday, March 14, 2013

Francisco: el nombre y el hombre


[Este artículo se publicó originalmente en Diario de Cuba.]

“La Iglesia Católica se desmoronó cuando la jerarquía dejó de creer en su propios dogmas”. La frase lapidaria de Ezra Pound, como tantas otras suyas, es una exageración que contiene una simiente de verdad. Desde la fe, significa que la fidelidad al Evangelio de los pastores es un ingrediente esencial para la eficacia de la Iglesia como fuente de salvación. En términos mundanos, significa que la influencia de la Iglesia Católica y su capacidad de hacer el bien dependen en buena medida de la coherencia con el Evangelio de la vida del clero y los fieles. Y ese es el primer reto al que se enfrenta el papa Francisco.

Específicamente, el Papa deberá limpiar los establos de Augías de los escándalos sexuales y los persistentes rumores de divisiones y corrupción en el seno de la curia, amén de los conocidos problemas del sistema bancario vaticano. Esas miserias rebajan la autoridad moral y el poder de convocatoria de la Iglesia (que son las únicas divisiones con que cuenta el Papa, para responder a la pregunta de Stalin) y paralizan su funcionamiento institucional. Al margen de ser un imperativo ético, el Papa deberá poner orden en casa porque de lo contrario estaría en riesgo la capacidad misma de la Iglesia para cumplir su misión. La designación de un nuevo Secretario de Estado será clave para lograrlo. Es un criterio casi unánime que buena parte de las dificultades del pontificado de Benedicto XVI provienen de las tensas relaciones del cardenal Bertone con la Curia. Aquí se juega el nuevo papa su pontificado.

Más allá de esos escollos, que son inmensos, ¿qué debemos esperar del papa Francisco? Sería bueno saber en cuál de los dos grandes Franciscos estaba pensando al elegir su nombre. ¿Se habrá inspirado en San Francisco de Asís, que en medio de la Quinta Cruzada prefirió “ir entre sarracenos” como mensajero de paz y llegar a dialogar con el sultán de Egipto, el peor enemigo de la Iglesia? Por su talante, no sería sorprendente que el papa Francisco intentara redefinir las relaciones de la Iglesia con el mundo musulmán. Él podría mostrar a Occidente un estilo de diálogo que no sea el de la cruzada, sino el del santo de Asís. Y eso bastaría para darle sentido a su misión.

Su nombre puede evocar también la figura de San Francisco Javier, patrono de los misioneros y jesuita como el nuevo papa, que predicó el Evangelio en la India y Japón. Como ha ocurrido con los últimos pontífices, Su Santidad Francisco tendrá en el centro de sus preocupaciones la Iglesia de Asia, y en especial el complejo proceso de reconciliación con la Iglesia patriótica china. Equilibrar la solicitud por los cristianos chinos fieles a Roma, y la misión profética de la Iglesia, con el trabajo en pos de una normalización de las relaciones del Vaticano con la Iglesia patriótica y el Gobierno chino, para bien de todos los católicos de ese país, será un reto tan inevitable como amargo, como lo ha sido por muchas décadas.

Naturalmente, América Latina, por tener más del 40% de todos los católicos del mundo y ser su cuna, será definitoria para su misión. El reto de las sectas seguirá siendo un motivo de preocupación para el Papa, y quizás ese haya sido uno de los motivos de su elección. En el orden social, la Iglesia no ha definido líneas maestras para la relación con los gobiernos populistas o de izquierda que se han multiplicado en la región en los últimos quince años. En sus años de arzobispo de Buenos Aires, el Papa denunció repetidamente el escándalo de la extrema pobreza, identificándola con la violación de los derechos humanos, como proponen a veces esos mismos gobiernos. Pero su relación con las administraciones del matrimonio Kirchner, por ejemplo, han sido menos que amigables. Y es conocida su oposición a ciertas corrientes de la teología de la liberación. El Papa proyectará a escala continental una vocación de justicia que no supone la identificación con proyectos políticos específicos ni con propuestas que se aparten de la ortodoxia. El testimonio de su vida sencilla y su preocupación por los menos privilegiados le dará a su mensaje una legitimidad esencial. Pero esa misma resonancia lo podría hacer incómodo para las élites gobernantes de uno u otro signo y con ciertas corrientes dentro de la misma Iglesia en Latinoamérica.

En el caso de Cuba en particular, la primera pregunta clave será la designación del nuevo arzobispo de La Habana, una vez que el Papa acepte la renuncia del cardenal Jaime Ortega. Monseñor Dionisio García Ibáñez, el arzobispo de Santiago, a pesar de tener ya 68 años, parece ser el candidato más lógico. Y ahora más, pues su estilo pastoral está en consonancia con el del nuevo obispo de Roma. En la última década, la figura del cardenal Ortega ha sido definitoria en la forma y la esencia de la labor de la Iglesia en Cuba. Quienquiera que sea su sucesor, no tendrá su estatura ni su influencia. Habrá un estilo más colegial, y probablemente un acompañamiento más cercano de Roma a la misión de los obispos cubanos. En ese sentido, puede ser que la visión personal de este papa pese más en los destinos de la Iglesia en Cuba que el de su predecesor.

Y esos son tan solo algunos de los retos que halló esta mañana en su escritorio este argentino afable, amante de Borges —ese agnóstico—, aficionado al futbol y a los tangos tristes. Uno no puede más que conmiserarlo, rezar por él, desearle que salga ileso de la cancha, que halle el camino en ese laberinto borgiano que deberá ahora descifrar a diario.

San Francisco de Asís hizo de la pobreza su vocación. Y su misión fue la restauración de la Iglesia. Probablemente el papa Francisco se miró en ese espejo al elegir su nombre. Tiene ante él una tarea inmensa, y es un hombre de 76 años al que le falta un pulmón. Pero para la Iglesia son tiempos de practicar la humildad y de restaurar lo dañado. Sí, Francisco es el hombre —y el nombre— indicado para este momento. Pero Dios tendrá que ayudarlo. Mucho.

Monday, March 11, 2013

Venezuela: la Constitución embalsamada

Foto tomada del sitio theworldweekly.com
[Este artículo se publicó originalmente en Penúltimos Días]

Esta semana, el presidente encargado de Venezuela Nicolás Maduro anunció que el cadáver del presidente Hugo Chávez sería embalsamo para dejarlo en exposición permanente. La manera en que se ha llevado a cabo el proceso de sucesión presidencial hace pensar que la Constitución del país también está siendo momificada. 

I. Dice la
 Constitución de la República Bolivariana de Venezuela:
Artículo 231. El candidato elegido o candidata elegida tomará posesión del cargo de Presidente o Presidenta de la República el diez de enero del primer año de su período constitucional, mediante juramento ante la Asamblea Nacional.
Al fallecido presidente Hugo Chávez —o a sus colaboradores— se le hizo incómodo cumplir esta norma el pasado 10 de enero. De modo que el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela dictaminó lo siguiente el 9 de enero de 2013:
La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) sentenció que la juramentación del Presidente reelecto, Hugo Chávez Frías, puede ser efectuada en una oportunidad posterior al 10 de enero de 2013 ante el Máximo Juzgado, de no poder realizarse ese día ante la Asamblea Nacional [...]
II. Dice la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela:
Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal [...] Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.
Al vicepresidente Nicolás Maduro se le hizo incómodo cumplir esa norma al fallecer el presidente Hugo Chávez el pasado 5 de marzo. La razón es obvia: es más fácil para Maduro ganar las próximas elecciones si se mantiene en el cargo de presidente interino que si ocupa el puesto el Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello, como establece claramente la Constitución. Y de nuevo el Tribunal Supremo de Justicia lo complació dictaminando lo siguiente:
La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en ponencia conjunta, interpretó el contenido y alcance del artículo 233 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. 
Indica la sentencia de la Sala Constitucional que ocurrido el supuesto de hecho de la muerte del Presidente de la República en funciones, el Vicepresidente Ejecutivo deviene Presidente Encargado y cesa en el ejercicio de su cargo anterior. En su condición de Presidente Encargado, ejerce todas las atribuciones constitucionales y legales como Jefe del Estado, Jefe de Gobierno y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
III. Dice la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela:

Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes.
El presidente Hugo Chávez murió el 5 de marzo, de modo que para cumplir lo establecido con la Constitución se tendrían que celebrar elecciones antes del 4 de abril. Parece que a la dirigencia chavista se le hizo incómodo cumplir esa norma. Prefirieron celebrar la elección no 30, sino 40 días después de la muerte de Chávez. Sucede que el 14 de abril se cumplen once años del regreso de Hugo Chávez al poder tras el golpe de estado perpetrado contra su gobierno el 12 de abril de 2002. Evidentemente, celebrar las elecciones ese día tendría una gran importancia simbólica para Maduro, pero violaría lo establecido en la Constitución. El Consejo Nacional Electoral, mostrándose tan complaciente como TSJ, ha llamado a elecciones en la fecha que más le conviene al chavismo, el 14 de abril, como se puede leer en su sitio web:
El Consejo Nacional Electoral decidió convocar la Elección Presidencial sobrevenida para el día domingo 14 de abril, en una larga sesión extraordinaria celebrada de este sábado 9 de marzo.
Tres violaciones graves de la Constitución en dos meses, con el claro objetivo de inclinar la balanza electoral hacia Maduro, dejan en entredicho el proceso de sucesión presidencial en Venezuela. El Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral de Venezuela parecen estar dispuestos a refrendar cualquier cosa que Nicolás Maduro y sus seguidores deseen, sin importar si cumplen o no con la ley fundamental de la república. Las "lecturas" que estas instituciones han hecho de la Constitución en los últimos dos meses son lamentablemente tendenciosas. Maduro y sus asesores parecen estar convencidos de que ese es el camino para retener el poder, y de que cuentan con suficiente apoyo para tratar la Constitución del país como si fuera una serie de sugerencias que el poder ejecutivo está en libertad de cumplir o no según le convenga.

Y ese no es el único síntoma inquietante. Maduro y sus partidarios se comportan a ratos como si su proyecto gozara con un apoyo unánime o arrallodaramente mayoritario en el país. En realidad, m
ás de seis millones y medio de ciudadanos (casi el 45% del electorado) votaron en contra del chavismo en las elecciones del 7 de octubre pasado. Ningún presidente que busque el bien de su patria puede gobernar declarando traidora (o "majunche" o "pitiyanqui") a casi la mitad de la nación. 

El apoyo al chavismo de poco más de la mitad de los venezolanos se ha basado en el culto a un líder omnipresente, en la defensa de la dignidad de los más pobres a nivel simbólico y en planes concretos y extensos del gobierno para elevar la calidad de vida de las capas más humildes de la población. Maduro, antiguo conductor de autobuses y líder sindical, puede reclamar legítimamente el papel de defensor de los pobres. No se puede asegurar, sin embargo, que tendrá la misma capacidad de convocatoria que Hugo Chávez para mantener el apoyo del 55% del electorado que votó hace cinco meses 
por el presidente que acaba de fallecer.

Y la capacidad del gobierno de Maduro para ampliar —o siquiera continuar— los programas sociales de Chávez está en entredicho. La economía venezolana ha entrado una temporada de desaceleración, como explicaba 
este viernes en The New York Times Clifford Krauss en un artículo titulado "Dwindling Production Has Led to Lesser Role for Venezuela as Major Oil Power"

Nicolás Maduro es un líder menos carismático que su maestro, que recibe el poder con una economía en baja y que tiene una preocupante inclinación a ignorar las normas del juego democrático. A partir de esos presupuestos, es difícil creer que el ex conductor de autobuses guiará los destinos de su país de manera que la mayoría de "sus pasajeros" pueda tener un viaje agradable. El año próximo por estas fechas quisiera poder decir que mis temores eran completamente infundados.         

Wednesday, March 6, 2013

¿Celebrar de la muerte de Chávez?

Durante los dos últimos años, cada dos o tres meses, Hugo Chávez se declaraba curado, perfectamente curado, de la terrible enfermedad que hoy se lo ha llevado a la tumba. Los analistas percibían esas declaraciones de curación como jugarretas políticas de quien quería eternizarse en el poder o al menos hacer irreversible su proyecto político. A mí, en cambio, me parecían más bien un autoengaño tristemente humano. Hugo Chávez silbaba al pasar por cementerio para no entrar en él. ¿Cómo no compadecerse de su miedo a la muerte? 

Chávez fue un hombre ontológicamente incapaz de la elegancia o la deferencia con sus adversarios. Padecía una repugnante afición al escarnio, la burla y el acoso a quienes discrepaban de él. Respetarlo desde la divergencia, por tanto, era tarea de santos. Pero en su miedo a la muerte se hacia humano, querible casi. De veras se creía curado cuando afirmaba estarlo. Y cualquiera que tema su suerte puede identificarse con su espanto y con su engaño. 


Hoy finalmente la muerte le ha ganado la batalla. En los muros de Facebook unos se regocijan y otros lamentan el hecho. Unos dicen que no se puede celebrar la muerte de nadie, y otros que hay que celebrar la salvación de un país. Le pregunté a mi hija de 17 años qué pensaba del asunto. "
Cuando murió Osama bin Laden —me dijo— sentí un profundo alivio, pero no deseos de celebrar. La muerte es un suceso demasiado solemne y definitivo para celebrarlo como si fuera la victoria de tu equipo de hockey". Por una vez, estamos de acuerdo. [Hace casi tres años comenté mi reticencia a celebrar la muerte de los tiranos en un post titulado "El huevo de Franco".]

Y a eso habría que añadir en este caso que Hugo Chávez fue recientemente reelegido por los venezolanos para el cargo de presidente. No se puede ser demócrata solo cuando gana el candidato que te gusta. Es difícil no pensar que el objetivo de Chávez era la destrucción de las instituciones democráticas de Venezuela. Pero los votantes venezolanos lo eligieron a él. Alegrarse de su muerte es, de alguna manera, alegrarse de que el candidato electo no llegara a ocupar su puesto. Lo cual trae a la mente el titular de hoy del periódico humorístico The Onion: "El cáncer derroca a Chávez en un golpe de estado incruento". Así es: hay cierto tufo golpista, antidemocrático y poco enaltecedor en esas celebraciones de la muerte de Chávez. Y lo digo a sabiendas de que jamás quisiera vivir en un país gobernado por alguien como él. Descanse en paz, Hugo Chávez.

Wednesday, February 27, 2013

Entre balas y marihuana: la música cubana en 1947

[La semana pasada colgué aquí mi traducción de la primera parte del artículo en un post titulado "Cuba sin música, ¿una república bananera más?", y unos días máas tarde añadí otros comentarios sobre el mismo tema en el post "Si el tango es cubano". En unos días colgaré la tercera parte (final) de mi traducción del largo artículo de Winthrop Sargeant. Quien quiera leer el artículo completo en español y sin comentarios, puede ver mi traducción íntegra en el post "El Tin Pan Alley cubano".]

En esta segunda parte del artículo de Winthrop Sargeant —“Cuba’s Tin Pan Alley”—, la más interesante de las tres en las que lo he dividido, el autor describe el mundo habanero donde surge la música que en esa época se hizo universal. 

Añado un par de detalles. Sargeant, para ilustrar la cultura mafiosa del mundo musical habanero, habla de "un negro inmenso y vestido con ropas muy llamativas, llamado Chano Pozo
". Explica la admiración que gozaba Pozo en La Habana, no solo por su talento musical, sino por vivir al margen de cualquier ley y por su pasmosa habilidad para tentar y burlar la muerte. Un año y dos meses después de publicar su artículo, Chano Pozo moriría en Harlem, baleado en la escalera que llevaba a su apartamento.

Sargeant usa la canción "Penicilina" para ejemplificar el proceso creativo y de comercialización de la música cubana. Es bueno recordar que su autor, Abelardo Valdés, fue también el compositor del famoso danzón "Almendra". La "Penicilina" es una oda a la milagrosa eficacia de ese medicamento para tratar las enfermedades venéreas. El uso masivo de la penicilina era muy reciente: antes de su introducción al mercado en 1942, contraer sífilis o gonorrea era un viaje sin retorno. La penicilina cambió las reglas del juego, y la canción de Abelardo Valdés viene a expresar lo que debió ser un sentimiento de alivio generalizado en el mundo musical habanero de entonces. Al mencionarle la canción al musicólogo Armando López, me recordó enseguida otro dato interesante: la "Penicilina" fue grabada en 1945 por el Conjunto Matamoros, cantando Beny Moré. Es una de las primeras grabaciones que hiciera en Beny en su carrera.



[Revista LIFE, edición del 6 de octubre de 1947. Páginas 145 a 148 y 151 a 157. Esta es la primera parte del ensayo de Winthrop Sargeant. Próximamente colgaré el resto.]

El Tin Pan Alley cubano [segunda parte]

                                                                    Winthrop Sargeant



Una música que florece entre balas y marihuana

A diferencia del azúcar y el tabaco, la música cubana es cultivada en las calles de La Habana por una masa humana políglota y marginal que canta, bebe y se muere de hambre con una exuberante indiferencia. Nace en los prostíbulos, en las “academias de baile” y en los centros clandestinos de santería, esos que los cubanos de las clases altas siguen acusando de ser escenario de horripilantes sacrificios humanos. Muchas de esas canciones son compuestas en pianos prestados, algunos de ellos con agujeros de balas, por marihuaneros que las venden por el precio de un trago de ron. Las estrenan en los inmundos cabarets de Las Fritas, una calle de pequeños negocios al estilo de Coney Island, cerca de La Playa, donde los negros de La Habana van a pasear en las noches. De la Las Fritas esas canciones pasaban al corazón de La Habana, donde el estruendo de los tambores es atenuado para hacerlo más paladeable para los turistas de los cabarets más caros como el Chanflán y el Faraón. Con un poco de suerte y promoción por parte de los editores de música del caótico Tin Pan Alley de La Habana, podrán llegar a los oídos de directores de orquestas y bandas de Estados Unidos y catapultar a  sus autores a la fama internacional. Con mayor frecuencia, se pierden en el enloquecido torbellino de la vida nocturna habanera, descendiendo irremediablemente, como las prostitutas de La Habana, desde los cabarets de lujo hasta los antros de 6¢, muriendo luego para dar paso a otras canciones más nuevas y más frescas.

En Las Fritas uno de los éxitos más recientes es una cancioncita movida conocida como "Penicilina", que celebra las propiedades curativas de lo que, en esa Habana relajada y libertina, es un medicamento particularmente útil. La letra de “Penicilina” automáticamente anula la posibilidad de que se convierta en un éxito internacional:


¡Ay!, ¿qué es esto? 

¡Ay, ay, ay!, ¿qué es esto?

Qué malo me siento.
Ay, que si da mal de amor,
ay, que si da mal de amor,
te digo que

la penicilina lo podrá curar.
Pruébela y ya usted verá.

*1945 PEER INTERNATIONAL CORPORATION (USED BY PERMISSION)

La “Penicilina” tiene varias versiones. La más popular de todas no tiene texto, y es interpretada con ojos ardientes y caderas enloquecidas al compás de una letra reveladora: "Bum-bum, bum, bum-bum, bum". Su repetitiva melodía de seis notas se basa en un acompañamiento punzante, traqueteante, que suena como si se estuviera derrumbando un almacén de cubertería. Cuando invitaron a grabar su canción, el autor, un negro genial llamado Abelardo Valdés, incluyó apenado una estrofa de la “Marcha nupcial” de Mendelssohn para que la canción llegara a tener la duración estándar de los discos. Su popularidad local finalmente llegó a tales proporciones que Valdés se sintió inspirado a componer una segunda canción titulada “Sulfatiasol”. "Mis amigos" anunció Valdés en tono triunfal, "me dicen que debería abrir una botica”.





El problema no es el dinero

La “Penicilina”, obviamente, no fue escrita con ojos sagaces fijos en las posibilidades comerciales en Estados Unidos. El predominio de canciones de este tipo saca de quicio a los editores musicales más emprendedores de Cuba. Aunque los compositores cubanos más conocidos tienen una organización semejante a la ASCAP de Estados Unidos, la realidad es que el saldo de la exuberante producción musical habanera no se crea con el ánimo de ganar dinero, sino por pura diversión, por un ejército de 
compositores desconocidos e indigentes. Varios intentos de organizarlos en una estructura razonable y profesional han terminado siempre en rotundos fracasos.

Los esfuerzos por lograr mejores condiciones económicas que han surgido en la prevaleciente aura de marihuana e indigencia han sido esporádicos y extremadamente individualistas. Uno de ellos explotó el año pasado cuando un negro inmenso y vestido con ropas muy llamativas, llamado Chano Pozo, se obsesionó con su deseo de tener un Buick convertible nuevo. Pozo, cuya obra maestra es una canción titulada “El Pin Pin”, se había hecho relativamente famoso también como bailador y ejecutante de tumbadora. Un día fue a hablar con su editor, un tal Ernesto Roca, y le exigió  mil dólares extras de adelanto por una nueva canción. Roca se negó a darle el dinero y Chano Pozo lo atacó. Como todos los editores de música prudentes de La Habana, Roca tenía un guardaespaldas armado que al instante le depositó cuatro balas 
en el vientre a Chano Pozo. Ligeramente incomodado, Pozo pasó dos semanas en el hospital, se recuperó y logró reunir el pago parcial para comprar el Buick sin la ayuda de Roca. Unos meses más tarde Pozo volvió a tentar a la muerte, esta vez como el desbocado chofer de su nuevo Buick. El Buick quedó destrozado en el accidente, pero Pozo volvió a burlar la muerte. Aun sigue siendo la estrella mimada de los cabarets y las estaciones de radio de La Habana.

El limbo musical homicida de La Habana flota en algún lugar indeterminado entre dos mundos. Uno es el cielo del éxito internacional, el dinero, los cabarets de New York y la fama de Hollywood, al que los cubanos buenos llegan a veces a pesar de ellos mismos. El otro es el submundo de la Cuba africana. Y la Cuba africana es, tanto desde el punto de vista musical como espiritual, un bastión fronterizo de una civilización selvática cuyo estado mayor sigue estando en las cercanías de los ríos Níger y Congo. En este submundo se mezclan los dialectos tribales africanos con el español mal hablado. Aún hoy se pueden hallar en Cuba negros ancianos que se consideran exiliados temporales y que, cuando se les pregunta por su nacionalidad, no se describen como cubanos, sino como yorubas o ararás transplantados. Sus organizaciones tribales, con sus ritos religiosos, su música, su medicina y su magia, son motivo de moderada preocupación para las autoridades cubanas, quienes los consideran como una posible amenaza política. Durante la dictadura de Machado, que terminó en 1933, las canciones de sátira política de origen negro eran causa frecuente de disturbios, y más de un compositor negro desapareció tras ponérsele precio a su cabeza.

Su ritmo proviene de las selvas africanas

El veinte por ciento de la población cubana es africana, y una buena porción del sector masculino de ese porcentaje está afiliada  a una organización poco definida que los cubanos conocen como “los ñáñigos”, que ha existido desde los tiempos de la colonia.  Los cubanos de las clases privilegiadas a veces asustan a sus hijos diciéndoles que los ñáñigos se los van a llevar si no se portan buen. La policía cubana mantiene las ceremonias tribales ñáñigas bajo estrecha vigilancia y está lista a lanzarse sobre ellos en el mismo instante en que noten que la inocua brujería puede convertirse en una conspiración política.  

Una vez al año, durante el carnaval, los ñáñigos salen a la calle para celebrar el gran evento: las comparsas cubanas. Su valor como atracción turística es innegable. En las noches de cinco sábados consecutivos las calles de La Habana se inundan de una alegre muchedumbre de negros en trajes fantásticos que van pavoneándose al compás de los tambores y cantando canciones que parecen haber salido del mismo corazón de África. Pero cuando terminan las comparsas, los ñáñigos regresan a los barrios pobres y sus campos de cultivo. Las grandes tumbadoras, que aparecen ocasionalmente durante el carnaval, vuelven a su condición de instrumento ilegal. Su uso ha sido prohibido excepto durante las fiestas, y hay una buena razón para ello: ese instrumento se usaba como un telégrafo de la selva, y su poderoso repique servía para enviar mensajes secretos de un pueblo a otro a través de los campos cubanos, y de un barrio a otro en La Habana.

Con escasas excepciones, los instrumentos de la música cubana se construyen a partir de modelos originarios de África y son sin dudas los más primitivos que se hayan usado jamás en la música civilizada. Los cubanos negros los fabrican a partir de güiras secas, hojas de guatacas, cuchillos viejos, huesos de animales, troncos de árboles, cencerros inservibles y cueros de chivo. Pero su manufactura para la exportación ha llegado a convertirse en una industria bien regulada. Incluso la exótica quijada, que se hace con la mandíbula del caballo, ahora se  manufactura de acuerdo a normas estrictas. La firma habanera de instrumentos musicales de José A. Solís, que suministra instrumentos a la mayoría de los virtuosos de la quijada en todo el mundo, ofrece dicho instrumento acompañado de la siguiente explicación: “[La quijada] se hace con el maxilar inferior de un caballo criollo de unos 2 años de edad, y se prepara de manera tal que cuando se la golpea con el puño produce una peculiar vibración, muy original y exclusiva de este instrumento. Dimensiones: 14 pulgadas de largo. Peso: 1,250 gramos”.

El componente indispensable de toda agrupación de rumba es, por supuesto, un par de maracas, las cuales agita con incesante entusiasmo un músico que dedica toda su carrera al dominio de ese instrumento. Otro instrumento muy relacionado con las maracas es el güiro, que se hace de una güira más larga, de superficie corrugada, que se toca rayando un clavo o un pedazo de madera sobre él, produciendo así un sonido similar al de un motor fuera de borda. Otro elemento básico es un par de bongós, o tambores grandes hechos con troncos de árbol huecos y cuero de becerro, y que se hacen sonar golpeándolos con las manos.

Una banda de rumba grande no estaría completa sin al menos una tumbadora, que se hace del tronco hueco de un árbol o de un barril viejo. Y las orquestas de rumba de más categoría pueden tener también una marímbula, un instrumento grande, en forma de caja con una serie de hojas de metal sujetas a su superficie. Cuando se pulsan con los dedos, como se hace con el harpa de boca, esas tiras de metal producen un poderoso sonido que recuerda al del contrabajo. La marímbula es un instrumento muy común en el Congo belga. Los ñáñigos lo fabrican con cajas o maletas viejas y flejes de relojes de cuerda desechados. Las orquestas también pueden tener cencerro y claves. E incluso pueden incluir una vasija grande de barro llamada botija, que es precisamente el mismo instrumento que usaban las antiguas “jug bands” de los negros de Estados Unidos. Una de las características más notables de todos estos instrumentos es que ninguno de ellos, excepto quizás la marímbula, es capaz de emitir una melodía. En las primitivas ceremonias de los negros cubanos esta deficiencia se suple, cuando se suple, con la voz humana. En los remilgados danzones de La Habana, las flautas y las guitarras generalmente proveen la melodía. Pero en la rumba, como la conocen los americanos, la sinfonía de percusión de los cubanos primitivos queda sumergida en una orquestación tradicional con violines, pianos, acordión, saxofón, trompetas, etc.

Esos refinamientos son el precio que pagan por la civilización. Los ñáñigos primitivos pueden hacer música con prácticamente cualquier cosa. Uno de sus instrumentos preferidos que, hasta ahora, no ha llegado a las orquestas que tocan en los cabarets, es la puerta. Para usar la puerta como instrumento musical, se quita de las bisagras, el ejecutante apoya uno de los extremos en sus rodillas, y la golpea furiosamente con ambos puños. El resultado es extremadamente sonoro.
 

Sunday, February 24, 2013

Si el tango es cubano...


Hace unos días colgué aquí mi traducción de la primera parte de un un largo artículo de Winthrop Sargeant de 1946 sobre la música cubana: "Cuba's Tin Pan Alley". Como dije en ese post ("Cuba sin música, ¿una república bananera más?"), pondré esta semana, en dos partes, el resto del artículo de Sargeant. Pero antes quieron agregar algo[Quien quiera leer el artículo completo en español y sin comentarios, puede ver mi traducción íntegra en el post "El Tin Pan Alley cubano".]

Varias personas han comentado la afirmación de Sargeant sobre el origen cubano del tango. Dice Sargeant: "Los cubanos inventaron también el tango, que exportaron a Argentina, dando así a los argentinos la forma musical que luego se convertiría en la más característica de su folclore". Se preguntan algunos lectores sobre qué opinarán los argentinos al respecto. Los cubanos compartimos la noción —errónea e injusta, por supuesto— de que la historia de la música argentina se resume al tango y al Dúo Pimpinela. 
Y cualquier teoría que reduzca ese acerbo musical exclusivamente al Dúo Pimpinela difícilmente sería una buena noticia para nadie. De ser cierto lo que sugiere Sargeant, y teniendo en cuenta las más recientes versiones de la biografía de Gardel, algún malintencionado podría decir que el tango es un ritmo cubano que popularizó un francés criado en Uruguay.   

La idea de que el tango proviene de Cuba era moneda común desde la segunda década del siglo XX. Los ejemplos abundan, pero baste, como muestra, citar lo que dice Blasco Ibañez en Los cuatro jinetes del Apocalipsis, su novela de 1916:



"Un nuevo placer había venido del otro lado de los mares para felicidad de los humanos. Las gentes se interrogaban en los salones, con el tono misterioso de los iniciados que buscan reconocerse: «¿Sabe usted tanguear?...» El tango se había apoderado del mundo. Era el himno heroico de una humanidad que concentraba de pronto sus aspiraciones en el armónico contoneo de las caderas, midiendo la inteligencia por la agilidad de los pies. Una música incoherente y monótona, de inspiración africana, satisfacía el ideal artístico de una sociedad que no necesitaba de más. El mundo danzaba... danzaba... danzaba. Un baile de negros de Cuba introducido en la América del Sur por los marineros que cargan tasajo para las Antillas conquistaba la tierra entera en pocos meses, daba la vuelta á su redondez, saltando victorioso de nación en nación... lo mismo que la Marsellesa. Penetraba hasta en las cortes más ceremoniosas, derrumbando las tradiciones del recato y la etiqueta, como un canto de revolución: la revolución de la frivolidad. El Papa tenía que convertirse en maestro de baile, recomendando la «furlana» contra el «tango», ya que todo el mundo cristiano, sin distinción de sectas, se unía en el deseo común de agitar los pies, con un frenesí tan incansable como el de los poseídos de la Edad Media."

Por otra parte, todo se podría tratar de un mal entendido. La definición de "tango" que da Esteban Pichardo en su Diccionario provincial casi-razonado de vozes cubanas de 1862 podría explicarlo. Pichardo afirma que el tango es una "r
eunión de negros bozales para bailar al son de sus tambores y otros instrumentos". ¿Podría ser acaso que hemos llamado "tango" a cosas absolutamente distintas para luego llegar a confundirlas? ¿O será por el contrario que el tango nació en Cuba en el siglo XIX en aquellas reuniones esclavos recién llegados de África que menciona Pichardo?

Pronto pondré mi traducción de la segunda y la tercera partes del artículo de Winthrop Sargeant. Hasta entonces.

Wednesday, February 20, 2013

Cuba sin música, ¿una república bananera más?

Músicos en La Habana.
Foto tomada de la revista Life del 6 de octubre de 1946.
Buscando información sobre Chano Pozo para un sobrino bongosero hallé un artículo de Winthrop Sargeant, publicado en la revista Life en octubre de 1946, que es una delicia. Se titula "Cuba's Tim Pan Alley", y tan delicioso es que decidí traducirlo para mi sobrino... y para los tres lectores de este blog. 

Winthrop Sargeant, un violinista clásico que prefirió ser escritor de jazz, fue uno de los más conocidos críticos de música de Estados Unidos desde 1930 —cuando dejó su puesto en la Filarmónica de New York para dedicarse a la crítica—, hasta su muerte en 1986. El ensayo que nos ocupa apareció en la revista Life el 6 de octubre de 1946, y es una informe general sobre el proceso de comercialización de la música cubana en esa época y sobre su influencia en Estados Unidos. 

Lo más interesante del ensayo quizás sea el desprecio que Winthrop Sargeant muestra por Cuba, "una república bananera más", y su mal disimulado racismo. Porque ese rechazo de Sargeant a "lo cubano" de alguna manera hace más significativo lo que dice sobre la música cubana. Sargeant no es un tipo enamorado de Cuba que, inspirado por ese arrobamiento, ensalza su música. Por el contrario, se trata de un señor que se sobrepone al rechazo que le produce Cuba, para expresar su admiración por la riqueza musical de la isla. 


Esa admiración tiene su origen en un dato sencillamente descomunal: casi el veinte por ciento de la música que se escuchaba en la radio, la televisión, los bares, las películas y los salones de baile de Estados Unidos en 1946 era música cubana. Sargeant explica primero cómo se originó esa invasión cubana a partir de “El Manisero”, cómo se producían las canciones cubanas de la época, de dónde provenía esa música. Su análisis no carece tampoco de imprecisiones y exageraciones irrisorias. Afirma, por ejemplo, que debido a la popularidad de la música cubana en Estados Unidos, los campesinos cubanos dejaron de sembrar caña y tabaco para sembrar las matas de güira con las que se hacían las maracas. Pero su ensayo es un testimonio de primera mano y escrito por alguien plenamente capacitado para medir el impacto del son en los Estados Unidos, y explicar de paso por qué al "son" lo llamaron "rumba" en el Norte conquistado. Su reticiencia y falta de entusiasmo por Cuba en general, solo hacen más creíble su testimonio. 

El artículo de Winthrop Sargeant es largo y difuso. Por eso colgaré aquí mi traducción en tres partes. Quienes deseen leer el original en Life, pueden hacerlo usando este enlace: Cuba's Tim Pan Alley. Quien quiera leer el artículo completo en español y sin comentarios, puede ver mi traducción íntegra en el post "El Tin Pan Alley cubano".]



[Revista LIFE, edición del 6 de octubre de 1947. Páginas 145 a 148 y 151 a 157. Esta es la primera parte del ensayo de Winthrop Sargeant. Próximamente colgaré el resto.]

El Tin Pan Alley cubano

De los cabarets más harapientos y los centros de santería de
La Habana emana una corriente inagotable de voluptuosos
ritmos que se bailan en todos los rincones del mundo

Winthrop Sargeant


En 1930, poco después del derrumbe de la bolsa, una tonada llorona y cadenciosa llamada "El manisero" llegó a Broadway e hizo que los pies y las caderas de los Estados Unidos comenzaran a retorcerse en el laberinto de un nuevo baile: la rumba. En un inicio, la importancia de este suceso en la historia de las costumbres de la sociedad americana parecía destinado a ser insignificante. Los augures notaron la nueva tendencia… y la atribuyeron a la crispación provocada por la gran depresión: inmediatamente pronosticaron que duraría un año o poco más. Pero en el transcurso de esa década la rumba no solo demostró que había llegado para quedarse, sino que se ha convertido en la base de una inmensa industria en los Estados Unidos. Las orquestas bailables latinoamericanas equipadas con maracas y bongós conquistaron un espacio junto a las orquestas de jazz en los clubes y los salones de baile de Nueva York a San Francisco.  Rumberos como Xavier Cugat hicieron su fortuna tocando ritmos afrolatinos. En un solo año —1946— los estadounidenses le pagaron a Arthur Murray casi $14 millones para que los enseñara a bailar la rumba. Los aficionados a ese ritmo aún hoy representan más del 60% de sus enormes ganancias.

A “El manisero”, que fue la canción que dio inicio a toda esta corriente, le siguió una larga lista de populares canciones cubanas similares, que comenzaron a desplazar a los convencionales fox trots americanos de los lugares cimeros de las listas de éxitos de ventas del Tin Pan Alley. Los pequeños agricultores cubanos abandonaban sus cosechas de caña y tabaco para sembrar güiras destinadas a la manufactura de maracas. La música comenzó a hacerle competencia al azúcar, el tabaco y el ron como uno de los principales productos de exportación de Cuba, y el americano promedio, que la compraba en grandes cantidades cada vez que le pasaba por el lado a una victrola, se convirtió en su principal consumidor. Alrededor de un 20% de toda la música que se escucha hoy en día en Estados Unidos en la radio, la televisión, las victrolas y las películas de Hollywood, es latinoamericana, y casi todo ese 20% proviene de la pequeña isla de Cuba.

Aunque los cubanos se enorgullecen de esa creciente demanda, insisten en que el fenómeno de la su música como producto de exportación no es nada nuevo. Desde el punto de vista económico, Cuba podrá ser una república bananera más. Desde el punto de vista político, podrá ser un caldo de cultivo de inestabilidad tropical. Pero en la música ha competido con Nueva York por el título de capital de la música del hemisferio occidental desde hace casi cien años. La asombrosa influencia de la pequeña Cuba en la música popular a nivel mundial comenzó a inicios del siglo XIX, cuando un español errante llamado llamado Sebastian Yradier se estableció en La Habana, escuchó las tonadas lánguidas y lisonjeras de los nativos y escribió una canción titulada  “El arreglito. “El arreglito” fue la primera habanera. Tras ser importada a España, la habanera se convirtió en uno de los géneros clave de la música popular española, y una generación más tarde a Georges Bizet escribió una que llegaría ser la pieza más popular de la ópera francesa meas popular, Carmen. Después de “El arreglito”, Yradier compuso una de las más famosas canciones de Cuba, “La paloma”, que le fuese encargada por el emperador Maximiliano de México y que ha servido de modelo a muchas canciones latinoamericanas durante tres generaciones. En algún momento del siglo XIX, según los estudiosos del tema, los cubanos inventaron también el tango, que exportaron a Argentina, dando así a los argentinos la forma musical que luego se convertiría en la más característica de su folclore. La rumba y la conga surgieron más tarde. Pero esas son solo las más recientes contribuciones musicales de Cuba al mundo. Para consumo doméstico los cubanos producen una colorida variedad de sones, guarachas, danzones, puntos y boleros que hacen de las sofocantes noches habaneras una constante erupción de melodías. Lo más curioso de todos estos géneros musicales cubanos es que en ellos no hay nada genéricamente cubano. Esas canciones se escriben y se tocan en un lenguaje musical híbrido que es parte español y parte africano. Sus melodías generalmente remedan las sensuales canciones que fueron llevadas a Cuba desde la España latina y la morisca. Sus ritmos descienden del repiqueteo de los tambores de las selvas de África.

Tuesday, February 5, 2013

La mulata cubana como ángel y demonio: dos retratos del siglo XIX

La mañana siguiente. Patricio Landaluce
La historiografía de cualquier país es el intento azaroso de hacer corresponder la realidad con cierta mitología roñosa. Entre los cubanos, ese desperdicio de imaginación que llamamos historia oficial establece que en el siglo XIX los criollos separatistas representaban el bando del progreso, mientras que los españoles fieles a la corona eran un ejército de colonialistas medievales.

Tan pronto se pone a curiosear, sin embargo, esa tesis comienza a hacer aguas. Hace poco hallé dos retratos de la mulata cubana que ilustran bien la cojera de nuestro maniqueismo decimonónico. El primero fue escrito en 1852 por san Antonio María Claret, arzobispo español de Santiago de Cuba y posteriormente confesor de la reina Isabel. Hasta hoy, san Antonio sigue teniendo mala prensa. Un buen número de historiadores lo considera un personaje nefasto para la historia de España y uno de los primeros impulsores del nuevo nacionalcatolicismo ibérico.

El segundo retrato es obra del Dr. Benjamín de Céspedes, médico y escritor positivista cubano, ferviente partidario de la ciencia y de la independencia de su país. 
Su descripción de la mulata está en el libro La prostitución en la ciudad de la Habana, libro publicado en 1888 y que, según su prologuista Enrique José Varona, había sido escrito "no solamente para acumular datos y preparar conclusiones, sino para proceder científicamente, es decir, para hacer obra de higienista social".

Es de notar entonces que el cura retrógrado y colonialista proponga la aboloción de la segregación racial en el matrimonio en Cuba, mientras que el médico progresista y separatista, cuatro décadas después de monseñor Claret, haga un retrato de la mulata que podría haber sido escrito por un Gran Dragón del Ku Klux Klan.

Aquí está lo que dice san Antonio María Claret al capitán general de Cuba, don José de la Concha, en carta del 7 de abril de 1852, para solicitar que el gobierno colonial elimine la prohibición de los matrimonios interraciales en Cuba (el subrayado es mío):

"Á la verdad, Excmo. Sr., yo soy el primero en procurar que se guarde la distinción de razas, como se puede ver en las disposiciones parroquiales de visita; mas cuando se presentan ciertas circunstancias es preciso ser prudente y condescendiente; de otra suerte se seguirá más daño que provecho, pues ha de saber, Excmo. Sr., que en el decurso de la visita he hallado algunos blancos que vivían amancebados con mulatas, de las que ya tenían una porción de hijos, y deseando los infelices salir de tan mal estado por medio del matrimonio, la autoridad no se lo ha permitido, y al paso que permite ó tolera que vivan amancebados y procreen hijos, los persigue si tratan de casarse; de aquí es que, á pesar de las leyes divinas y humanas, por necesidad han de vivir amancebados, pues casarse no pueden y separarse tampoco; porque ¿cómo crían á sus hijos si se separan?, ¿cómo se rompe el lazo del amor que tanto tiempo ha se profesan mutuamente?, ¿cómo es posible que se separen aquel hombre y aquella mujer, si á más del amor que se profesan y del que tienen á sus hijos, están de por medio los intereses que ganaron juntos? Que esta es, Excmo. Sr., otra de las razones por que algunos blancos del bajo pueblo se quieren casar ó se amanceban con las mulatas, prefiriéndolas á las blancas, porque éstas regularmente son holgazanas y amantes de gastar mucho, de manera que en lugar de ayudar al pobre marido le sirven de molestia y carga; mas no sucede asi con las mulatas, pues son activas y diligentes y no tienen empacho en ocuparse en cualquier cosa, y son el bienestar del marido y de la familia, como lo he visto con mis propios ojos.

"Que los que son de distinta clase, cuando no hay de por medio ninguna obligación ni razón poderosísima, no puedan casarse, lo tolero; pero que cuando han vivido muchos años juntos en paz y tienen ocho ó más hijos y amenazan suicidarse si no pueden casarse, se les impida el matrimonio, esto es tiranía, como ellos dicen, y cosa intolerable para un Prelado que quiere cumplir con su deber.


"Yo ya sé que V. E. no ignora estas cosas, pero quizá no se le habrá dicho la verdad tan clara como se la dice el arzobispo Claret. Por lo que acudo á V. E. suplicando que se permita casar á los que se hallan en el estado indicado; mas si V. E. no se considera con bastantes facultades, tenga la bondad de contestarme, que á correo seguido escribiré al Gobierno superior de Madrid, el cual estoy cierto que me complacerá, pues me lo tiene muchas veces prometido y me ha dado pruebas muy claras de la sinceridad de sus promesas."



Treinta y seis años más tarde, el Dr. De Céspedes, científico e "higienista social", también daría su veredicto sobre la mulata. De Céspedes había pasado su infancia en Francia, y había estudiado medicina en Madrid. Regresó a Cuba después de graduarse. En La Habana fundó y dirigió la Revista de medicina, y fue colaborador habitual de La Habana Elegante. Era también colaborador de las revistas científicas francesas La Revue de medicine y Le Monde medical. Por sus ideas independentistas tuvo que emigrar a Costa Rica, donde aún hoy se le considera una de las figuras fundamentales de la historia de la medicina de la nación. Fue ese modelo de ciudadano quien escribió los párrafos siguientes, que muy bien pudieran ser la expresión más absoluta del racismo cubano. 

"De esta duplicidad de afectos é intereses, resulta que las uniones carnales más peligrosas para la salud y la moral pública, son las que se establecen entre individuos de diferentes razas y condiciones. De esta mancomunidad viciosa de las razas, brotará el tipo mestizo: la mulata.

"Engendrada esta sin amor, surge de los misterios casuales de la fecundación, como un dejo amargo é inoportuno de la lascivia. La prostitución de la raza de color, á diferencia de la blanca, es por lo general prolifica, y estos seres se multiplican cemo polulaciones de microbios en una maceración podrida.


"Desde la cuna, acompaña á la mulata el cortejo de enfermedades hereditarias: la escrófula, la sifllis y el raquitismo, trasmitidas por sus degenerados procreadores. Ellas heredan también los rasgos deformes físicos y morales de la raza africana, y los más vulgares de la blanca. La complexión huesosa de la mestiza, se caracteriza por el predominio de ángulos que se aguzan bruscamente en las epifisis, rompiendo con la trabazón armónica de las junturas. Las extremidades de su cuerpo son deformes, y el color gris-marmóreo de los pies y de sus manos viscosas, semejan mucho á la coloración del vientre de los animales anfibios que reptan en las orillas pantanosas. En cambio heredan del blanco, la flojedad y la atrofia muscular que agravan con sus hábitos indolentes, hasta el punto de aparecer enjutas y descarnadas, unas veces, y otras infiltradas enormemente por el tejido grasiento que las envuelve en una gordura desigual; pues, mientras persisten encanijados los muslos y las pantorrillas; el vientre, los pechos y los brazos, se desbordan con la blandura malsana de las carnes sueltas y fofas.


"Son muy desairadas y dengosas al andar, se desploman de los hombros y arrastran unas veces los pies como si patinaran sobre chancletas ó se balancean como si les oprimiera dolorosamente los zapatos. Son largas de talle y mal formadas de cadera, que por lo hombrunas y escurridizas, carecen de esas graciosas inedias curvas que se quiebran atrevidamente en los flancos, esfumándose delicadamente en el bajo vientre. El color de su piel es la combinación más obscura ó más clara de los tonos blancos, negros y amarillos, en una superficie luciente por el exceso de materia sebácea, ó áspera por las dermatosis y la anemia."