Wednesday, February 20, 2013

Cuba sin música, ¿una república bananera más?

Músicos en La Habana.
Foto tomada de la revista Life del 6 de octubre de 1946.
Buscando información sobre Chano Pozo para un sobrino bongosero hallé un artículo de Winthrop Sargeant, publicado en la revista Life en octubre de 1946, que es una delicia. Se titula "Cuba's Tim Pan Alley", y tan delicioso es que decidí traducirlo para mi sobrino... y para los tres lectores de este blog. 

Winthrop Sargeant, un violinista clásico que prefirió ser escritor de jazz, fue uno de los más conocidos críticos de música de Estados Unidos desde 1930 —cuando dejó su puesto en la Filarmónica de New York para dedicarse a la crítica—, hasta su muerte en 1986. El ensayo que nos ocupa apareció en la revista Life el 6 de octubre de 1946, y es una informe general sobre el proceso de comercialización de la música cubana en esa época y sobre su influencia en Estados Unidos. 

Lo más interesante del ensayo quizás sea el desprecio que Winthrop Sargeant muestra por Cuba, "una república bananera más", y su mal disimulado racismo. Porque ese rechazo de Sargeant a "lo cubano" de alguna manera hace más significativo lo que dice sobre la música cubana. Sargeant no es un tipo enamorado de Cuba que, inspirado por ese arrobamiento, ensalza su música. Por el contrario, se trata de un señor que se sobrepone al rechazo que le produce Cuba, para expresar su admiración por la riqueza musical de la isla. 


Esa admiración tiene su origen en un dato sencillamente descomunal: casi el veinte por ciento de la música que se escuchaba en la radio, la televisión, los bares, las películas y los salones de baile de Estados Unidos en 1946 era música cubana. Sargeant explica primero cómo se originó esa invasión cubana a partir de “El Manisero”, cómo se producían las canciones cubanas de la época, de dónde provenía esa música. Su análisis no carece tampoco de imprecisiones y exageraciones irrisorias. Afirma, por ejemplo, que debido a la popularidad de la música cubana en Estados Unidos, los campesinos cubanos dejaron de sembrar caña y tabaco para sembrar las matas de güira con las que se hacían las maracas. Pero su ensayo es un testimonio de primera mano y escrito por alguien plenamente capacitado para medir el impacto del son en los Estados Unidos, y explicar de paso por qué al "son" lo llamaron "rumba" en el Norte conquistado. Su reticiencia y falta de entusiasmo por Cuba en general, solo hacen más creíble su testimonio. 

El artículo de Winthrop Sargeant es largo y difuso. Por eso colgaré aquí mi traducción en tres partes. Quienes deseen leer el original en Life, pueden hacerlo usando este enlace: Cuba's Tim Pan Alley. Quien quiera leer el artículo completo en español y sin comentarios, puede ver mi traducción íntegra en el post "El Tin Pan Alley cubano".]



[Revista LIFE, edición del 6 de octubre de 1947. Páginas 145 a 148 y 151 a 157. Esta es la primera parte del ensayo de Winthrop Sargeant. Próximamente colgaré el resto.]

El Tin Pan Alley cubano

De los cabarets más harapientos y los centros de santería de
La Habana emana una corriente inagotable de voluptuosos
ritmos que se bailan en todos los rincones del mundo

Winthrop Sargeant


En 1930, poco después del derrumbe de la bolsa, una tonada llorona y cadenciosa llamada "El manisero" llegó a Broadway e hizo que los pies y las caderas de los Estados Unidos comenzaran a retorcerse en el laberinto de un nuevo baile: la rumba. En un inicio, la importancia de este suceso en la historia de las costumbres de la sociedad americana parecía destinado a ser insignificante. Los augures notaron la nueva tendencia… y la atribuyeron a la crispación provocada por la gran depresión: inmediatamente pronosticaron que duraría un año o poco más. Pero en el transcurso de esa década la rumba no solo demostró que había llegado para quedarse, sino que se ha convertido en la base de una inmensa industria en los Estados Unidos. Las orquestas bailables latinoamericanas equipadas con maracas y bongós conquistaron un espacio junto a las orquestas de jazz en los clubes y los salones de baile de Nueva York a San Francisco.  Rumberos como Xavier Cugat hicieron su fortuna tocando ritmos afrolatinos. En un solo año —1946— los estadounidenses le pagaron a Arthur Murray casi $14 millones para que los enseñara a bailar la rumba. Los aficionados a ese ritmo aún hoy representan más del 60% de sus enormes ganancias.

A “El manisero”, que fue la canción que dio inicio a toda esta corriente, le siguió una larga lista de populares canciones cubanas similares, que comenzaron a desplazar a los convencionales fox trots americanos de los lugares cimeros de las listas de éxitos de ventas del Tin Pan Alley. Los pequeños agricultores cubanos abandonaban sus cosechas de caña y tabaco para sembrar güiras destinadas a la manufactura de maracas. La música comenzó a hacerle competencia al azúcar, el tabaco y el ron como uno de los principales productos de exportación de Cuba, y el americano promedio, que la compraba en grandes cantidades cada vez que le pasaba por el lado a una victrola, se convirtió en su principal consumidor. Alrededor de un 20% de toda la música que se escucha hoy en día en Estados Unidos en la radio, la televisión, las victrolas y las películas de Hollywood, es latinoamericana, y casi todo ese 20% proviene de la pequeña isla de Cuba.

Aunque los cubanos se enorgullecen de esa creciente demanda, insisten en que el fenómeno de la su música como producto de exportación no es nada nuevo. Desde el punto de vista económico, Cuba podrá ser una república bananera más. Desde el punto de vista político, podrá ser un caldo de cultivo de inestabilidad tropical. Pero en la música ha competido con Nueva York por el título de capital de la música del hemisferio occidental desde hace casi cien años. La asombrosa influencia de la pequeña Cuba en la música popular a nivel mundial comenzó a inicios del siglo XIX, cuando un español errante llamado llamado Sebastian Yradier se estableció en La Habana, escuchó las tonadas lánguidas y lisonjeras de los nativos y escribió una canción titulada  “El arreglito. “El arreglito” fue la primera habanera. Tras ser importada a España, la habanera se convirtió en uno de los géneros clave de la música popular española, y una generación más tarde a Georges Bizet escribió una que llegaría ser la pieza más popular de la ópera francesa meas popular, Carmen. Después de “El arreglito”, Yradier compuso una de las más famosas canciones de Cuba, “La paloma”, que le fuese encargada por el emperador Maximiliano de México y que ha servido de modelo a muchas canciones latinoamericanas durante tres generaciones. En algún momento del siglo XIX, según los estudiosos del tema, los cubanos inventaron también el tango, que exportaron a Argentina, dando así a los argentinos la forma musical que luego se convertiría en la más característica de su folclore. La rumba y la conga surgieron más tarde. Pero esas son solo las más recientes contribuciones musicales de Cuba al mundo. Para consumo doméstico los cubanos producen una colorida variedad de sones, guarachas, danzones, puntos y boleros que hacen de las sofocantes noches habaneras una constante erupción de melodías. Lo más curioso de todos estos géneros musicales cubanos es que en ellos no hay nada genéricamente cubano. Esas canciones se escriben y se tocan en un lenguaje musical híbrido que es parte español y parte africano. Sus melodías generalmente remedan las sensuales canciones que fueron llevadas a Cuba desde la España latina y la morisca. Sus ritmos descienden del repiqueteo de los tambores de las selvas de África.

9 comments:

  1. Yo te digo que si un argentino lee esta primera parte, le da un soponcio.
    Quedo esperando la próxima entrega.
    Gracias y saludos a todos.

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  2. jaja la parte que mas me sorprendio fue la del tango. deberiamos publicitar mas este fragmento caso de demostrarse que sea cierto

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  3. Muy interesante esta primera parte del ensayo de Mr. Sargeant, aunque creo que se le fue la mano con la paternidad del tango. Pero sí tiene razón indirectamente: la influencia negra en el tango. Al menos, eso es lo que sostiene un argentino, Arturo Yépez de nombre, que conduce un espacio radial -El tango... ayer, hoy y siempre- todos los jueves al mediodía en Radio Universidad de Puerto Rico.

    En adición, William Navarrete escribió en noviembre de 2012 un artículo para El Nuevo Herald sobre el músico Juan Carlos Cáceres, argentino radicado en París, que curiosamente se titula Tango negro en París. El Sr. Cáceres, apoyado en sus investigaciones, defiende un origen negro -afrocaribeño- del tango.

    Amigo Tersites, permíteme comentar acerca de "los tres lectores de este blog". Te recuerdo que es la calidad y no la cantidad lo que cuenta... LOL. Vamos, que este sitio es como el gustazo de salir ocasionalmente de fine dining en lugar del restorán habitual. Saludos.

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  4. Bueno, amigo se esta pasando de modesto, le aseguro que tiene mas de tres lectores su sitio.
    Muy buenos sus textos por demas.

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  5. Muy bueno, lei los otros dos psteriores y me parece muy bueno; solo una cuestion de perspectiva: Si que los campesinos dejen la canna y el tabaco por la guira es una exaggeration, por que no habria de serlo ese 20 %? En definitiva puede tratarse en ambos casos de una mera figura retorica.

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    1. Mi estimado I. Teodoro:

      Gracias por visitar el blog, leer, comentar. Es cierto lo que dices: si en boca del mentiroso todo se hace dudoso, en boca del exagerado...

      Sin embargo, me siento más inclinado a creerle a Winthrop lo que dice sobre la presencia de la música cubana en Estados Unidos que lo que afirma sobre las variaciones de la producción agrícola cubana por una razón de peso: Winthrop conocía profundamente el mercado de la música de los Estados Unidos, era en esa época uno de los críticos musicales más respetados del país, y parece estar citando estadísticas al referirse al 20% de la música que se toca en diversos medios en Estados Unidos. Ese es uno de los temas central de su artículo: la música cubana en Estados Unidos. En cambio, Winthrop no sabía nada sobre la agricultura cubana, y cita el ejemplo de la producción de güiras como un detalle floclórico. Si un economista cubano de la época, especializado en custiones de agricultura, hubiese escrito un estudio sobre la producción de tabaco en Cuba y hubiese intercalado un comentario sobre la popularidad de Chano Pozo en Estados Unidos, yo estaría más inclinado a creerle lo que dice de la producción de tabaco que lo que dijera sobre la popularidad de Chano Pozo. ¿No te parece razoble? Otra vez, gracias por entrar al blo y comentar. Un cordial saludo,

      Tersites

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  7. Que el tango -entre sus MUCHOS ingredientes- tenga la habanera, no significa que en Cuba se haya inventado. Se le fue la mano al americano

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  8. Pero sólo por ver a los argentinos rojos de ira un ratico, resulta divertido repetirlo

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