Monday, October 29, 2012

Del ciclón y el otoño

Foto: Tersites Domilo
Habiendo espantado la mula, habiendo renunciado al verde eterno y las demás bendiciones del Caribe, asumen los cubiches de New York y de New Jersey que se han puesto a salvo del huracán y los demás achaques de la zona tórrida. En esa huida de los trópicos hay un pacto tácito, una aceptación de la nieve y las hojas amarillas que cubren de otoño los patios y el alma. El pacto supone también que uno no tendrá que ciclonear ni comprar carne de res de contrabando. Y Sandy ha venido a anular esas certezas. 

Por estos lares uno se va acostumbrando a la elegante, precisa y lenta devastación del otoño. Sales con los niños el Día de las Brujas y comentas: "El año pasado quedaban más hojas en los robles". Tomas fotos del árbol de frente de la casa y compras vino de Borgoña. Te preguntas cuándo será la primera nevada de este año. Porque a estas alturas, a estas latitudes, lo primordial es la certeza y la rutina. O así solía ser hasta hace una semana.

El ciclón fue primero una noticia terrible y cercana por los once muertos y las miles de casas destruidas en Oriente. Ahora es una noticia temible y cercana que podría tumbarte el roble del patio y acabar con tu vida o con tu casa. Un ciclón extraño este Sandy, que perdona a La Habana y a Miami, pero va en busca de "cubanos de provincia" sin importar si es en Union City o en Guantánamo. Que lo mismo arranca las cubanas cupulinas de la Catedral de Santiago que echa a volar las antenas altaneras del Empire State. Este ciclón viene a recordarnos —como si hicera falta— cuán lejos puede perseguir a cualquiera su destino cubano. Si tocan esta noche a la puerte, no me asombraría que fuera alguien que viene a venderme un boliche en bolsa negra. 

Saturday, October 13, 2012

Justicia poética... ¿o pelotera?

Raúl Ibáñez (27) recibido por sus compañeros de equipo
tras su segundo jonrón contra los Orioles.
Foto tomada del periódico Boston Globe.

El miércoles, con un out en la parte baja de la novena entrada, los Yankees perdían 2 a 1 ante los Orioles de Baltimore. El manager Joe Girardi tomó entonces una decisión arriesgada: sentar a Alex Rodríguez, el pelotero mejor pagado de las Grandes Ligas y tercer bate de los Yankees, y enviar al plato como emergente al cubanoamericano Raúl Ibáñez, un jugador de 40 años, con garra pero sin el brillo o el talento de Alex. Al segundo lanzamiento, Ibáñez disparó un jonrón sobre la "cercana cerca" del jardín derecho del Yankee Stadium. La subsiguiente locura en las gradas era también de alivio: la temporada de los Yankees había estado al borde del abismo. 

En el inning 12, con el partido aún empatado a dos, volvió a salir Ibáñez a batear. Le hizo swing al primer lanzamiento y envió la pelota al segundo balcón del jardín derecho. El público volvió a enloquecer, pero esta vez con más alegría. Todo el equipo salió a recibir a Ibáñez. Parecía el final de una Serie Mundial. Por supuesto, Frank Sinatra empezó entonces a cantar "New York, New York", como lo hace cada vez que ganan los Yankees.

Fue una derrota dura para Baltimore, un equipo que llevaba 15 años sin clasificar para la postemporada y que anoche fue finalmente eliminado, gracias a una magnífica labor de C.C. Sabathia... y otra carrera impulsada por Ibáñez. Pero esos dos jonrones del miércoles fueron los que salvaron la temproada de los Yankees. Y deben haber sido muy amargos para Peter Angelos, el archimillonario abogado dueño de los Orioles. A mí los dos jonrones de Ibáñez me supieron a gloria... y no solo por haber salvado a los Yankees.

Desde que en 1947 Jackie Robinson salió a defender la segunda base de los Brooklyn Dodgers, las Grandes Ligas han sido una institución cada vez menos racista y más abierta. Una de las excepciones a esa regla son los Orioles de Baltimore. En mayo del año 2000, a través de su vicegerente de operaciones deportivas Syd Thrift, Peter Angelos declaró  que su equipo jamás contraría a ningún pelotero cubano que lograra llegar a Estados Unidos desde la Isla. El anuncio oficial parecía ser una invitación a los demás dueños a establecer una medida semejante contra los cubanos en todas las Grandes Ligas. El carácter manifiestamente discriminatorio —e implícitamente racista— de semejante decisión provocó un escándalo y una investigación de parte de Major League Baseball. Peter Angelos, que hizo sus millones en demandas legales de todo tipo, olió el peligro enseguida y se retractó dos días más tarde. Pero nunca ha contratado a un pelotero que haya salido de Cuba.

Peter Angelos ha sido un dueño desastroso para los Orioles. Bajo su égida, ese club legendario se ha convertido en el hazmerreír de las Grandes Ligas. En el 2009 la revista Sports Illustrated lo nombró como "el peor dueño de equipo de las Grandes Ligas". En una de sus escasas decisiones acertadas, en el 2010 contrató a Buck Showalter para dirigir el equipo. Este año los Orioles han jugado su mejor temporada de las últimas dos décadas. Parecían destinados a la gloria... hasta que Joe Girardi envió a Raúl Ibáñez, hijo de exiliados cubanos, a batear de emergente por Alex Rodríguez... 

Peter Angelos se ofreció como rancheador voluntario para perseguir a los cimarrones cubanos en las Grandes Ligas hace más de una década. Ahora tendrá todo el invierno para ver una y otra vez el video de los dos jonrones de Ibáñez y la locura absoluta en las gradas del Yankee Stadium, y para escuchar la voz de Frank Sinatra recordándole que New York is a helluva town. Y a lo mejor se dará cuenta que el trabajo de rancheador, además de ser indigno, no siempre reporta ganancias.