Tuesday, July 24, 2012

Oswaldo Payá: las noches de San Juan de Letrán

Fue en el verano o el otoño de 1984. El padre Juan de Dios —ese que hoy es obispo y celebró ayer la misa de cuerpo presente por Oswaldo Payá—, eligió a varias personas para preparar un documento que resumiera lo dicho por los católicos habaneros durante los meses anteriores en decenas de reuniones preparatorias al Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC). La comisión estaba formada por dos sacerdotes —Juan de Dios y el padre René Ruiz— y cuatro laicos: Oswaldo Payá, Ofelia Acevedo, Gustavo Andújar y este escribano.

Durante varios meses nos reunimos dos o tres veces por semana en la Iglesia de San Juan de Letrán. El padre Yeyo, hijo de un antiguo chef del Habana Hilton y párroco de la iglesia, no paraba de quejarse de nuestras reuniones (¿en broma o en serio?), pero nos preparaba meriendas y cenas exquisitas con las antiguas recetas de su padre.

Oswaldo tenía treinta y dos años y la voz nasal que después todo el mundo escucharía, y usaba unas camisitas Yumurí y unos pantalones muy cheos, y daba la impresión de que nada de eso le importaba en lo más mínimo. Ofelita —todos la llamábamos así— tenía los ojos de Bambi y la piel de Isabella Rossellini: era de una belleza que cortaba el aliento. Su delicadeza escondía el inmenso coraje que demostraría luego tantas veces, y podía decir cosas que también te cortaban el aliento. Es de esas mujeres que cuando entra a una habitación los hombres bajan la voz y se arreglan la camisa.

En los recesos y las sobremesas de esos meses tuve decenas de conversaciones con Oswaldo. Hablábamos del tema que nos ocupaba (el ENEC), por supuesto, pero también de Polonia, de Lech Walesa, del destino de Cuba, de los presos políticos, de Valladares que se había casado con una prima de Oswaldo... Coincidíamos en que el comunismo era un disparate perverso, pero yo pensaba que era inamovible. Oswaldo Payá no: él fue la primera persona que me dijo, con aboluta convicción, que el comunismo era superable y que había que hacer algo por salvar a Cuba del desastre. Le dije que me parecía un iluso. La historia, para alegría infinita de ambos, se encargaría de darle la razón a Oswaldo.

Pero lo que me fascinó fue su jovialidad y su hombría de bien. Oswaldo era el tipo que uno elegiría para ir a ver un partido de pelota o a una guerra sin esperanza. Con él sabías siempre a quién tenías a tu lado. Y me imagino que fue eso lo que vio Ofelita con esos ojos suyos hoy náufragos de lágrimas, pues poco después se hicieron novios. No se debió enamorar de sus camisitas Yumurí y su peinado de los años cincuenta, pero sí de su capacidad de imaginar un destino mejor y su valor para buscarlo.

En la parroquia del Cerro, donde practicó su fe toda la vida, se casaron en 1986. Recuerdo que en lugar de entrar a la iglesia con la Marcha Nupcial de todas las bodas, eligieron un canto litúrgico: "Pueblo de reyes". Recuerdo la iglesia repleta, como hoy, pero desbordante de alegría. Porque aquel día, como en las películas, el muchacho díscolo había conquistado a la chica más bella de la escuela.

Años después, en 1991, coincidimos en la "Primera Jornada Social", un evento de laicos católicos organizado por Dagoberto Valdés. Hacía tiempo que no veía a Oswaldo, quien era ya en ese entonces un disidente conocido y perseguido. A la hora del almuerzo, cuando me acerqué a su mesa, Oswaldo, en tono de sorna, le decía a alguien: "No te sientes a mi lado que te comprometo". Alzó entonces la vista, me vio, se echó a reír y me dijo: "Ven, siéntate aquí, que tú ya no te redimes ni con un milagro". Y fue como si no hubiese pasado ni un instante desde nuestras conversaciones en San Juan de Letrán. Pocos meses después salí de Cuba: no nos volvimos a ver.

La muerte de Oswaldo Payá es un hecho desolador para su familia, sus amigos y sus colegas, pero es un desastre para su patria. Su valor, su talento político y su coherencia son siempre preciosos, pero más aún en un país carcomido en su esencia vital. Que Dios ayude a su esposa y a sus hijos, que en estos días nos han dado una lección de entereza y dignidad en medio de la tragedia. Que Dios nos ayude a todos, porque en cierta medida, a todos nos tocará pagar el precio de su ausencia.

Saturday, July 21, 2012

Frank Guiller: el cristal con que se mira

Nota: Todas las fotos que aparecen en este post son obra de Frank Guiller.


Frank Guiller (FG) usa unas gafas que debe haber heredado de algún viceministro de agricultura soviético de los años setenta. Y ahí debe estar la clave de su secreto.

He visto a FG una sola vez. Le dije que me gustaban las fotos que cuelga en Facebook, que me gustaban muchísimo. Me aseguró que esas fotos eran un intento de desmitificar al fotógrafo. Le dije que en ese caso el resultado había sido un rotundo fracaso, pues sus fotos solo alimentan el mito. Me parece que no le importó que le dijera ninguna de las dos cosas, pero no me atrevería a asegurarlo: uno no le ve la cara a FG detrás de esas gafas moscovitas que podrían tener un área más grande que cualquiera de las tres repúblicas del Báltico.


El hecho es que las fotos que cuelga en Facebook me han sorprendido cada día por casi seis meses. Uno se pregunta cómo demonios alguien puede hallar, divisar, reconocer y captar en su cámara tantos rostros horripilantes, bellos, repulsivos, desolados o alucinados como lo hace cada semana FG.

Se lo dije en cuanto me lo presentaron: "¿Cómo puedes hallar todos esos rostros en las calles de New York? Yo camino al menos diez cuadras en Midtown cada día y no veo ni la décima parte de los que tú descubres." Me dijo que debía ir al Downtown, que allí sí pululaban las mujeres del Renacimiento y los iluminados del Medioevo y los desesperados del siglo XXI. Bueno, pensé, ¿se creerá este tipo que nunca he ido al Downtown? Tuve la sensación de que me estaba mintiendo.

Y no son solo los rostros. Cada escena que retrata Frank Guiller, cada calle, cada semáforo parece ser un trozo de una futura nostalgia. Es como si pudieras oler los pretzels quemados de los carritos ambulantes y escuchar la sirena del carro de bomberos y sudar el calor de este julio tropical en los senos de esa muchacha; y saber exactamente lo que vas a sentir cuando veas esas fotos de aquí a veinte años.



Y no son solo los rostros y las escenas; es también el instinto con que elige los filtros, los colores o la manipulación demoniaca a la que somete cada foto. FG sabe la intensidad de luz y la coloración exactas del aburrimiento, la lujuria, el cansancio, la tristeza y otros cincuenta y tres sentimientos humanos. Y lo demuestra cada día con una, cinco o diecisiete fotos.

Estoy convencido de que el tipo nos engaña. Sus fotos no pueden ser obra de una sola persona. Nadie puede encontrar tanta gente y tantos lentes, y tantos filtros y tantas muchachas lunáticas. Mi teoría es esta: Frank Guiller debe ser en realidad el hijo del viceministro de agricultura soviético que fue el dueño original de sus gafas. Sospecho que aprendió a hablar español de Centro Habana para despistar, pero que tendrá los dineros mal habidos de su padre en alguna cuenta secreta. Con ese dinero probablemente le paga a una docena fotógrados —mercenarios exsoviéticos de Brighton Beach— para que cada día salgan a la calle a tomar cientos de fotos que le entregan en la tarde y entre las que él selecciona las mejores y las cuelga al otro día en Facebook. Y usa esas gafas totalitarias como un camuflaje tras el que esconde su tremebunda historia.

Frank Guiller
Si mi teoría no fuera demostrable, entonces habría que aceptar que Frank Guiller es un fotógrafo de un talento y una sensibilidad singulares. Y que es además un artista que trabaja como un perro, y tiene el olfato de un perro para descubrir esos pequeños milagros que luego ves en la pantalla de la computadora y te hacen perdonar toda la otra tontería que vas a encontrar en Facebook.

Nota: Todas las fotos de este post fueron tomadas de la página de Facebook de su autor, Frank Guiller, quien tuvo la generosidad de permitirme usarlas.

















Monday, July 16, 2012

José Martí le tenía pavor a la moringa (probablemente)

Ómnibus tirado por caballos. Foto tomada del sitio Chron.com
Nunca me había leído un diccionario así, de punta a cabo, como si fuera una novela de capa y espada de Dumas o la biografía soft-porn de Casanova. Pero el Diccionario provincial casi-razonado de vozes cubanas de Esteban Pichardo se puede leer de un tirón, porque algo tiene de aventura, aunque le falte lo de Casanova. Esteban Pichardo publicó la primera edición de su diccionario en 1836. La que me he leído es la "tercera edición, notablemente aumentada y corregida", de 1862. (La cuarta y última edición es de 1875.) Entre otras perlas, allí encontré, en la página 185, esta definición:

Moringa.—N. s. f.—Ente fantástico o coco, con cuyo nombre se atemoriza a los niños en la parte oriental. Ahí viene la moringa.
Pensé entonces que Martí tenía nueve años cuando se publicó esta edición, y me pregunté si, a pesar de vivir en La Habana y no en "la parte oriental", doña Leonor le habría dicho alguna vez a José Julián esa frase ("Ahí viene la moringa") para que se durmiera o hiciera las tareas de matemáticas.

Y en la página 120 hallé esta otra definición que no olvidaré jamás... o hasta que el Alzheimer nos separe (a mí y a mi memoria):

Guagua.—N. s. f.—Voz ind.—Introducida hace poco tiempo; pero tan generalizada que todo el mundo la usa aplicándola a cualquiera cosa que no cuesta dinero ni trabajo, o de precio baritísimo, y cuando se espresa en modo adverbial De Guagua, aumenta la significación como absolutamente de valde, sin costo ni trabajo alguno. [...]  || Guagua.— N. s. f.—Especie de coche u ómnibus usados en la Habana para viajar a los suborbios por un estipendio tan barato que le ha merecido la aplicación de aquella palabra, o quizá por la Inglesa Wagon.

Y pensé entonces que el Apóstol, además de temer a la moringa en su infancia, probablemente también sintió en la adolescencia el horror que han provocado siempre las guaguas habaneras, y que yo hasta ese instante no puede imaginar que Martí hubiese conocido. 

Pero de todas las definiciones que he encontrado en el Diccionario provincial casi-razonado de Pichardo, ninguna me ha gustado tanto como la del adjetivo "ético". ¿Qué entendían los habaneros del siglo XIX por "ético"? 

Ético, ca.—N. adj.—vulgar—Tísico -ca. De aquí el verbo recíproco Eticarse o Estar picado de ético, esto es, declararse la tisis en una persona. Pasado, pasadito. Ya sin remedio o esperanza.

Así es, para el cubano del siglo XIX (¿Solo el del siglo XIX?) ético quería decir "ya sin remedio o esperanza". Y pensé que el Apóstol, de cuerpo pequeño y enjuto, habrá sido considerado por sus vecinos como un tipo ético, pero no por las mismas razones que uno se imagina.

Hace exactamente un siglo y medio, cuando se publicó la tercera edición del Diccionario de Pichardo que he leído, en esa Isla la gente se movía en carros tirados por caballos, los niños le tenían miedo a la moringa y ser ético significaba estar enfermo. Ojalá que el Diccionario de Pichardo, aunque es una lectura interesantísima, sea para nosotros cada vez más obsoleto.  

Friday, July 13, 2012

Rafael López Ramos: las bodas del deseo

El domingo 7 de julio, Rafael López Ramos inauguró su exposición Wonderland en la galería 17 Frost, que se encuentra en 17 Frost Street, Brooklyn, NY. La exposición se exhibirá hasta el 25 de agosto. Para verla, se debe hacer una cita previa llamando al (718) 902-5714 o enviando un mensaje a esta dirección de correo electrónico: 17frost@gmail.com

Obra de Rafael López Ramos

Este domingo, el pintor Rafael López Ramos (RLR) inauguró una exposición de sus obras recientes en Brooklyn. La galería se llama 17 Frost, pero el domingo allí no había escarcha sino un calor de 90 grados a la luz de la luna. Será por eso que todas las mujeres de los cuadros de RLR andaban desnudas. Será por eso también que 17 Frost no tiene cielo raso y mostraba una vigas tan desnudas como las mujeres de la pared. O bien pudiera ser que RLR, que parece llevar su mundo en los bolsillos, hubiese traído el calor de Miami a Williamsburg, que es un barrio usualmente tan cool...

Obra de Rafael López Ramos
El hecho es que en esos cuadros pululan latas de cerveza y jevitas en traje de Eva, envases plásticos y nenitas en cueros, fotos de carros y tetas al aire, piezas de cafetera y vaginas sonrientes, volantes de autos y más teticas frescas aún... En fin, "entartete Kunst", diría el cojo Pepe Goebbels; "decadencia burguesa", diría Pepe Stalin; "jueguitos de mercadeo", diría cualquier Pepe Pérez.

Aunque es hecho conocido que alguna vez jugó a la pelota, no me parece que RLR esté jugando ahora a nada con sus niñas en pelotas. Tras una hora mirando esos cuadros uno se lleva la impresión de que RLR juega a la verdad, como se decía antes cuando la gente apostaba el dinero del almuerzo en un partido de dominó. Y eso que la verdad ya no es ni la sombra de lo que era antes.

Lo que parece compulsar a RLR es la instrumentalización del cuerpo femenino, sí, pero más aún, del deseo mismo. Esa instrumentalización se puede expresar como pornografía, pero que no se limita a la libido. Mickey Mouse tentado por un billete de un millón es una metáfora de la perversión de un deseo infantil, o de la no menos perversa infantilización de ciertos deseos; y la superposición de un abridor de cerveza a los aviones de guerra sugiere la rebeldía adolescente reempacada como jingoísmo.

17 Frost. 7 de julio de 2012, a las 11:00 p.m.
RLR arma ese discurso en grandes lienzos igual que en esas obras de pequeño formato irregular que él llama POLIsexyGONS. (Uno de los tres conjuntos de obras que formaban parte de la exposición.) En esa serie, el abandono de la forma rectangular no parece un acto de rebeldía sino de resignación ante la adulteración que sufre cualquier cosa para convertirse en pieza de trueque. No hay en esas obras pequeñas otro alarde que el de la disciplina y la mesura. La impresión que se lleva el espectador es que RLR sabe exactamente lo que quiere decir, y cómo decirlo. Su pasión no parece rebajarse a la ansiedad, a la tentación del showman.

Si el dinero es la enajenación del trabajo, podríamos decir que la propaganda es la enajenación del deseo. Viendo esos cuadros de RLR uno recuerda los versos de Ernesto Cardenal: "Hemos deseado siempre más allá de lo deseado / Somos Somozas deseando más y más haciendas / More More More / y no sólo más, también algo 'diferente' / Las bodas del deseo / el coito de la volición perfecta / es el acto de la muerte". Y algo de muerte hay en esos cuerpos desnudos metidos en latas y envases de conservas; y en ese Mickey Mouse que, concentrado en el billete, no ve la ratonera. Esa misma ratonera que RLR parece ver —y mostrarnos— con perfecta nitidez.

Obra de Rafael López Ramos

Wednesday, July 4, 2012

4 de julio: día de la independencia... ¿de Cuba?



Anuncio comercial cubano, 1907
Por supuesto que sí: el 4 de julio es el día de la independencia de Cuba.

La primera declaración de independencia de Cuba no fue el 10 de octubre de 1868 (como nos enseñaron en la escuela), sino diecisiete años antes, en 1851. Los camagüeyanos Joaquín de Agüero Agüero, Francisco Agüero Estrada y Ubaldo Arteaga Piña, cometieron un error que a la larga sería fatal para su gloria: decidieron declarar la independencia de la Isla el 4 de julio, emulando a las Trece Colonias del norte. Las luchas independentistas cubanas del resto de siglo XIX estarían frecuentemente matrimoniadas con el anexionismo, vergüenza familiar que intentamos esconder los cubanos en la trastienda de nuestra historiografía —junto con la abuela negra de Luis Carbonell. La progresiva separación de anexionismo e independentismo fue quizás la causa de que nuestros historiadores, con una mojigatería que siempre ha seguido acrecentándose, prefirieran olvidar aquella fecha que —aun avalada por una declaración de independencia—, apuntaba al norte en el calendario.

A 161 años de su publicación, el Manifiesto a los habitantes de la isla de Cuba y proclamación de su independencia merece ser releído. Lo he saboreado con curiosidad y asombro entre esas "cubanerías" a las que, como he dicho en el post anterior, estoy dedicado en estos días. Quien quiera conocerlo en su totalidad, puede consultar el libro Cuba y su gobierno, de Pedro José Guiteras, publicado en Inglaterra en 1853. Pero aquí les van algunos fragmentos que podría ser interesante releer en un día como hoy. ¡Feliz 4 de julio a todos!

La razón humana se rebela contra la idea de que puede prolongarse, indefinidamente, la situación social y política de un pueblo en que el hombre, destituido de derechos y garantías, sin seguridad en su persona ni en sus intereses, sin goces en lo presente, sin esperanzas para el porvenir, vive solo por la voluntad y bajo las condiciones que quieren imponerle todos y cada uno de sus tiranos. Una vil calumnia, la cita de un procesado, la sospecha de un mandarín, la palabra sorprendida en el santuario de la familia, o la fé violada de una carta, son méritos sobrados para arrancar á un hombre de sus hogares y lanzarle á morir de miseria y desesperacion á suelo estraño; sino es que se le somete á las insultantes fórmulas de un tribunal bárbaro y arbitrario, donde sus mismos perseguidores son los jueces que le condenan y donde en vez de justificarsele el delito se le exige que pruebe su inocencia. Tan violenta situación hace ya muchos años que Cuba la soporta, y lejos de prometerse algun remedio, cada día adquiere nuevas pruebas de que el estravío de su Metrópoli, y la ferocidad de sus gobernantes, no concederan treguas ni descanso hasta verla reducida á un inmenso presidio, donde haya un guardián para cada cubano y éste tenga que pagarlo para que lo mande. [...]

Desengáñese el Gobierno del poder de sus bayonetas y de la eficacia de todos los medios que ha inventado para oprimirnos y espiarnos. A la faz de sus mismas autoridades, á la vista de los esbirros que nos cercan; el día que nos hemos resuelto á recobrar nuestros derechos y á romper por la fuerza nuestras cadenas, nada nos ha impedido reunimos, combinar el plan de nuestra revolución, y el grito de Libertad é Independencia resonará desde la punta de Maisí al cabo de San Antonio.
El mundo se negaría á creer la historia de las horrendas iniquidades que en Cuba se han perpetrado, y considerará con razón, que si ha habido monstruos capaces de cometerlas, no es concebible que hubiese hombres que por tan largo tiempo se resignasen á soportarlas. [...]
Joaquín de Agüero Agüero, Francisco Agüero y Estrada y Ubaldo Arteaga Piña
4 de julio de 1851
Puerto Píncipe, Cuba