Friday, January 27, 2012

Del rencor: Traducción de dos poemas de la Spoon River Anthology

Ángel. Central Park, NY. Foto: Tersites Domilo
De tanto en tanto cuelgo aquí mis traducciones de poemas de la Spoon River Anthology, el libro de Edgar Lee Master. Hoy les ofrezco mi traducción de dos poemas que se leen mejor juntos, pues son inseparables como un matrimonio mal llevado.

La Spoon River Anthology es una colección de 245 poemas breves (más dos textos extensos al final) que se presentan al lector como epitafios de los difuntos que yacen en el cementerio de Spoon River (un pueblo ficticio del Midwest). En esos epitafios, los difuntos comentan sus vidas, sus destinos. El tema de los dos poemas que les propongo hoy no requiere de mucho comentario: un hombre y una mujer nos presentan sus ideas encontradas sobre la vida que compartieron como esposos. Solo recuerdo al lector un par de datos interesantes sobre el poema de la Sra. Pantier. 

La "Oda" que menciona la Sra. Pantier con admiración es el poema titulado "Ode. Intimations of Immortality from Recollections of Early Childhood", de William Wordsworth (1770–1850), que el lector curioso puede leer pulsando en el título. El verso ramplón que, según la Sra. Pantier, repite constantemente su marido, proviene del poema "Mortality", del poeta escocés 
William Knox (1789-1825). La contraposición de los títulos de los poemas (Inmortality / Mortality), aunque no se mencionen en el poema de Lee Masters, es transparente. Hay otra saeta oculta. Es dato conocido que el texto de William Knox era el poema preferido del presidente Lincoln. Quince años después de la publicación de la Spoon River Anthology, Edgar Lee Masters escribiría la biografía Lincoln: The Man, una obra cuya teoría central es que Lincoln fue un farsante y un presidente nefasto. Esa necesidad de zaherirlo desde quince años antes por sus dudosos gustos literarios sugiere un rencor persistente por parte de mi admirado Edgar Lee Masters. 

Como de costumbre, pongo primero mis traducciones y luego los textos originales. Aquí tienen, además, una lista de enlaces a los otros poemas de la Spoon River Anthology que he traducido antes para este blog. Espero que los disfruten.

[Poemas de la Spoon River Anthology que he traducido y colgado aquí anteriormente: Hare DrummerFrank DrummerHarry WilmansWalter SimmonsCassius HuefferLucinda Matlock]



Benjamin Pantier 

Juntos en esta fosa yacen Benjamin Pantier, el abogado,
Y Nig, su perro, su inseparable compañero, solaz y amigo.
Por la calle gris, amigos, hijos, hombres y mujeres,
Pasaron y salieron uno a uno de mi vida, hasta dejarme solo
Con Nig como compañero de alcoba, camarada de tragos.
En el albor de la vida, conocí la ambición y vi la gloria.
Después ella, que me sobrevive, me atrapó el alma
En un cepo, me fue desangrando,
Hasta que yo, antes infatigable, quedé derrotado, indiferente,
Viviendo con Nig en un cuartucho, detrás de una lúgrube oficina.
Bajo mi mandíbula se acurruca el huesudo hocico de Nig:
Nuestra historia se pierde en el silencio.
                                                   ¡Sigue tu camino, mundo necio!

Edgar Lee Masters (1868–1950). Spoon River Anthology. 1916 



La Sra. Pantier

Sé bien que él dijo que atrapé su alma
En un cepo, que lo fui desangrando hasta morir.
Todos los hombres lo querían,
Y muchas mujeres se apiadaban de él.
Pero supón que eres toda una dama, de gustos refinados,
Y detestas el hedor del whiskey y las cebollas.
Y que los versos de la Oda de Wordsworth rondan tus oídos,
Mientras él, del alba hasta la noche, se la pasa
Repitiendo fragmentos de ese poemita ramplón;
“¿De qué te enorgulleces, sabiéndote mortal?”
Y luego, supón que eres
Una mujer de sobrados encantos,
Y que el único hombre con quien la ley y la moral
Te permiten tener comercio marital
Es ese mismo hombre que te repugna
Cada vez que piensas en eso… y sin embargo lo piensas
Cada vez que lo ves.
Fue por eso que lo hice marcharse de la casa
Y que fuera a vivir con su perro a un lúgrube cuartucho
Detrás de su oficina.

Edgar Lee Masters (1868–1950). Spoon River Anthology. 1916  


 
Benjamin Pantier 

TOGETHER in this grave lie Benjamin Pantier, attorney at law,
And Nig, his dog, constant companion, solace and friend.
Down the gray road, friends, children, men and women,
Passing one by one out of life, left me till I was alone
With Nig for partner, bed-fellow, comrade in drink.
In the morning of life I knew aspiration and saw glory.
Then she, who survives me, snared my soul
With a snare which bled me to death,
Till I, once strong of will, lay broken, indifferent,
Living with Nig in a room back of a dingy office.
Under my jaw-bone is snuggled the bony nose of Nig—
Our story is lost in silence. Go by, mad world!

Edgar Lee Masters (1868–1950). Spoon River Anthology. 1916 



Mrs. Benjamin Pantier

I KNOW that he told that I snared his soul 
With a snare which bled him to death.
And all the men loved him,
And most of the women pitied him.
But suppose you are really a lady, and have delicate tastes,
And loathe the smell of whiskey and onions.
And the rhythm of Wordsworth’s “Ode” runs in your ears,
While he goes about from morning till night
Repeating bits of that common thing;
“Oh, why should the spirit of mortal be proud?”      
And then, suppose:
You are a woman well endowed,
And the only man with whom the law and morality
Permit you to have the marital relation
Is the very man that fills you with disgust
Every time you think of it—while you think of it
Every time you see him?
That’s why I drove him away from home
To live with his dog in a dingy room
Back of his office.

Edgar Lee Masters (1868–1950). Spoon River Anthology. 1916 


Wednesday, January 18, 2012

Un amor imposible: el comunismo y el motor de combustión interna


La gente de ahora se ofende con una prontitud muy sospechosa. Darse por ofendido se ha convertido en un deporte más popular que el fútbol. Ya va siendo hora de que se incluya en los Juegos Olímpicos, digo yo...  Lo bueno es que "el deporte une a los pueblos". La semana pasada, sin ir más lejos, los mambises más desvelados de Miami y La Habana se rasgaron las vestiduras al unísono, ofendidísimos ambos todos por una sola imagen.

Resulta que a Dieter Zetsche, ese señor bigotudo que preside la Mercedes Benz, se le ocurrió usar una famosa foto del Che Guevara para una nueva promoción de su compañía. Los de Miami gritaron que cómo se atrevía a usar la imagen de ese indeseable para vender un automóvil magnífico. Los de La Habana chillaron que cómo se atrevía a usar la imagen de ese hombre magnífico para vender un automóvil... bueno, sí, magnífico también, pero de todas maneras...

La idea, sin dudas, debe haber sido la más obtusa que ha tenido Herr Zetsche desde que se le ocurrió comprar la Chrysler. Porque, puestos a ver, los comunistas, que en su momento lograron robar la tecnología necesaria para hacer bombas atómicas y que llegaron a construir cohetes espaciales y vehículos lunares, nunca lograron fabricar un automóvil decente. (Es por eso que cuando a usted le dicen que Corea del Norte está fabricando armas nucleares, lo cree y se preocupa; mientras que si alguien le propusiera comprar un automóvil de fabricación norcoreana se moriría de la risa.)

En Cuba, por ejemplo, se decía que todo el que manejara un Moskvitch soviético era creyente... pues 'creía' que tenía un auto. ¿A quién se le ocurre entonces asociar la idea del comunismo con un automóvil? Por uno de esos misterios que no nos está dado escudriñar, el marxismo leninismo es ontológicamente incompatible con el motor de combustión interna. La prueba más irrefutable de esa verdad colosal es el Trabant, aquel adefesio que fabricaban en Alemania Oriental, o la RDA, como decíamos entonces. Lograr que los alemanes, ¡los alemanes!, construyeran semejante ineptitud rodante en plena Sajonia es quizás el mejor ejemplo del extraño poder de los comunistas, Midas al revés, para convertir todo lo que tocaban en... caca.

Y además, ¿qué relación podría haber entre el Che y Mercedes (Benz)? De hecho, se dice que Guevara, en los tiempos románticos en que se dedicaba a hablar con Sartre por el día y a liquidar enemigos del pueblo en La Cabaña por la noche, recorría La Habana en un Chevrolet Impala del 59. (Un Chevy cheo el del Che, podrá decir el lector, pero sin dudas un auto mucho más proletario que un Mercedes.)

Si lo que necesitaban los de la Mercedes era un comunista para promover la marca, más lógico hubiese sido utilizar la imagen de los dos hermanos que embarcaron, perdón, que desembarcaron en Cuba con el Che, pues ellos sí han usado los modelos de la Mercedes Benz desde que sus últimas limusinas Chaika GAZ M13 de la era de Brezhnev quedaron muertas en la carretera por un ataque de perestroika.


La limusina Mercedes Benz del Hermano #1, Pol Pot
Y si se piensa en el mercado asiático, tan importante en estos tiempos que corren, otro camarada que serviría para promover la Mercedes sería el inolvidable Pol Pot. El tipo asesinó dos millones de camboyanos en aras de la construcción del socialismo, y prohibió a casi todo el mundo tener, o siquiera usar, un auto. Pero él, el Hermano #1, andaba siempre en una limusina de la Merecedes Benz. Prueba de que matar dos millones de personas no tiene por qué arruinarle a uno el buen gusto en cuestiones de transporte.

Una de las limousinas ZiS 150 de Iosif Stalin
Lo mismo no se podría decir de Stalin, por ejemplo, pues él andaba en una limusina blindada marca ZiS 150. ¿Orgullo soviético? Quién sabe. ZiS, al fin y al cabo, eran las iniciales de la fábrica Zavod Imeni Stalina, nombrada en honor de quien te dije. Pepito Acero habrá pensado: "Si Ford anda en un Ford, Stalin puede andar en un Stalin". El nombre de la fábrica, por cierto, después de la muerte del susodicho cambió a ZiL, iniciales de Zavod Imeni Likhacheva. Y es que veinte millones de muertos no lucen bien en el resumé de nadie.

En cualquier momento —cosas veredes, Sancho—, se aparecen los de la Ford con una campaña publicitaria ilustrada con una foto del Kim Jong Il, ya fritanga momificada, como lo vimos hace menos de un mes, paseando por Pyongyang en su limousina Lincoln, acostadido en el techo de flores blancas, tan cómodo y sereno, soñando con el paraíso proletario sobre un Fotingo del setenta y tres. 

Pero a fin de cuentas, quienes pudieran usar la idea del Sr. Zetsche mucho mejor que nadie serían los desalmados capitalistas de la Rolls-Royce. Cuando se trata de blasonar un patrocinador revolucionario, nadie podrá competir jamás con la Rolls, esa marca que tantos asocian con la más decandente plutocracia. Pues el líder del proletariado mundial, el profeta de la sociedad sin clases, el querido Vladimir Ilich Lenin (que su momia se conserve eternamente libre de polillas), usaba siempre la misma marca de autos: Rolls-Royce. El lema publicitario podría ser: "El camino al comunismo es glorioso... si uno va en un Rolls. ¡Viva la revolución!" 


Uno de los nueve Rolls-Royce de Vladimir Ilich Lenin


Monday, January 9, 2012

Refrases



Donde fuego hubo comen tres. 
Camarón que se duerme que se coma su pinol.
Dime con quién andas y te diré de qué careces. 
El que siembra su maíz de sus maldades se acuerda.
Al que no tiene quijá que le den tres trazas.
Los niños hablan y te diré quién eres.
No por mucho madrugar las gallinas mean.
Al que no quiere caldo se lo lleva la corriente.

Dios le da barba al que nace pa' tamal.

Donde comen dos cenizas quedan.


Monday, January 2, 2012

Hitler reza arrodillado: Todas las visiones de Maurizio Cattelan

[Tomé una serie de fotos en la exposición que he puesto en una página aparte de este blog. Para visitarla, pulse aquí.]

El martes 27 de diciembre fuimos —no es plural mayestático: fue toda la familia— a ver la exposición "All" de Maurizio Cattelan en el Museo Guggenheim de New York, el famoso edificio diseñado por Frank Lloyd Wright. Llegamos a las tres de la tarde, bajo la lluvia. La cola para entrar al museo daba la vuelta por la esquina de la calle 87. En la media hora de espera bajo la lluvia (mientras mis hijos esperaban a la entrada y MD llegaba desde su trabajo) me dio tiempo a pensar en Maurizio Cattelan, en sus payasadas o genialidades (depende de a quién se le pregunte) y en la gente que llena los museos de esta ciudad. ¿Qué hacíamos todos allí bajo la lluvia? Cuando hablamos de "las visiones" de Cattelan, uno recuerda los dos significados de la palabra visiones:  "creaciones de la imaginación" y "ridiculeces". ¿De qué se trataba el asunto? Pensé que dentro del museo estaría la respuesta.


Si bien la obra de Cattelan se presta a debate, sería difícil poner en duda el talento que hay detrás del montaje esta exposición. La famosa rotonda del Guggenheim, esa catedral minimalista que se vende en las postales y forma parte del canon arquitectónico del siglo XX, en estos días ha sido despojada de su hierático vacío y convertida en un tendedero caótico de bufonadas, blasfemias y provocaciones en forma de esculturas hiperrealistas, animales disecados, un papa aplastado por un meteorito, una mujer salida de una escena del Marqués de Sade, Hitler rezando sus oraciones de rodillas como un niño bueno, un muñecón con la jeta, la calva y la camiseta de Picasso...




Pero para sorpresa mía —y me imagino que de casi todos los vistantes— el caos funciona: la rotonda se rinde ante la provocación y parece haber sido diseñada —Wright me perdone— para albergar el circo de Cattelan. 


Sería difícil explicar qué aporta a estas alturas un señor que reedita, como si fuera un remake de Hollywood, lo que tan bien supo hacer hace casi un siglo Marcel Duchamp. Después de visitar el Guggenheim, al menos debo decir que si alguien pudiera convencerme de la utilidad de semejante truco, sería Maurizio Cattelan.

Marcel Duchamp soñaba con erradicar la pintura 'retiniana' y hacer que el arte tuviera una función, como en las catedrales del medioevo, donde los vitrales y los cuadros de las paredes explicaban a los analfabetos la historia del misterio que se guarda en el sagrario. En la catedral gótica los cuadros y vitrales de las paredes estaban concebidos para hacer que el creyente elevara sus ojos al cielo. En la catedral del Guggenheim las paredes ahora están vacías, y cuando se mira hacia arriba se ve solo un caos de sugerencias que difícilmente podrán contar una historia o revelar algún misterio (en el cual los espectadores, de todas formas, han dejado de creer). Quizás eso sea todo lo que quede del sueño de Duchamp, y de esa manera de ver el mundo que alguna vez ilustraron los vitrales. Visto así, aceptar a Cattelan como heredero de Duchamp es, de muchos modos, una forma de la resignación.

En la primavera de 2010 los vecinos de esta villa tuvimos el circo de Marina Abramović (una restrospectiva titulada The Artist Is Presentinstalado en el MoMA casi dos meses. En este blog comenté mi fruición y reservas en un post titulado Las bellas tetas de Marina Abramović. La restrospectiva de Catellan, en su éxito de público y su exquisita ejecución, recuerda la de Abramović, y no sólo por la escultura de la muchacha que ilustra este post. 

Es de agradecer ese talento para atraer a la gente, para lograr que hagan cola debajo de la lluvia para entrar a ver el retablo de los milagros. La popularidad de ciertas exposiciones pone en guardia a mucha gente. La incomprensión y el rechazo fueron durante un tiempo considerados pruebas de calidad artística. Hoy todo, todo, puede ser mirado como una maniobra de promoción y mercadeo. En inglés les dicen "shows", como si se tratara de un programa de TV o un espectáculo de variedades. Y este show está muy bien montado. De hecho, es la exposición pictórica mejor montada que he visto en mi vida. Y eso es todo lo que se le debería pedir a los señores del museo. El resto dependerá de lo que cada cual vaya a buscar allí.

[Tomé una serie de fotos en la exposición que he puesto en una página aparte de este blog. Para visitarla, pulse aquí.]