Saturday, July 23, 2011

Amy Winehouse: una habitación alquilada en el infierno

Yo siempre supe que Amy Winehouse se iba a morir. Esa frase no quiere decir nada. Todos sabemos que todo el mundo se va a morir. Tú y yo nos vamos a morir, y los demás también. Lo que digo es que, como mucha otra gente, siempre supe —siempre temí— que Amy iba a aparecer muerta un día en su apartamento, joven, "con toda la vida por delante" y toda la muerte alrededor, como acaba de suceder.

Se lo repetía a todo el mundo de vez en cuando, y me lo repetía a mí mismo más a menudo, con la secreta esperanza de que se cumpliera aquello de que la vida nos sorprende siempre, que nunca sucede lo que esperamos o anunciamos. 

Y eso es lo más desolador. Que todo el mundo se sabía de memoria este final, como cuando vamos a ver una de esas películas del Titanic, pero nadie pudo hacer nada por cambiarlo. Porque no hay un negocio más amargo en esta vida que el de tratar de salvar a los otros. 

Uno se consuela culpando a las personas que estaban cerca del muerto, uno se dice que cada una de las historias que los tabloides publicaban sobre ella era una crónica de su muerte anunciada, que debieron pensar que Amy tenía 27 años, y que Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Brian Jones y Kurt Cobain murieron a esa edad, y que no todo puede ser causalidad en esta vida. Uno se dice que no la cuidaron los que debieron protegerla, que alguien se equivocó bestialmente. Porque lo único que nos patea el alma de verdad es saber que el hecho de que Amy Winehouse muriera hoy en un apartamento de Londres era tan inevitable como nacer con los ojos negros o ser alérgico a los arándanos. Y por eso tenemos que inventarnos todas esas mentiras piadosas, esas culpas ajenas, esas explicaciones consoladoras como la tisana de tilo de mi abuela, que era una poción mágica contra la ansiedad que produce sabernos cobardes.  

Y mucho menos somos capaces de aceptar que en el fondo no tenemos nada que objetar a la muerte de Amy Winehouse; que estamos perfectamente satisfechos con el destino que le tocó a esta inglesita white trash que cantaba como una negra sureña, esta judía drogadicta de Southgate en quien Yahveh decidió poner una bestial sobredosis de talento; una sobredosis capaz de matar a un caballo purasangre, puesta así no más en el cuerpo de una chiquilla de caderas estrechas, tetas de utilería y voz de arcángel nigeriano. Porque al final sabemos que sus ridículas pestañas, su rímel errante, sus tatuajes de marinero borracho, "su neblina y sus anfetaminas", eran el precio que pagaba para poner una detrás de otras aquellas notas y aquellas palabras, para embrujarnos.

Y si Dios, en una de sus bromas, nos hubiese preguntado hace 27 años si preferíamos que naciese en Londres una niña destinada a la feliz mediocridad de una vida anónima o que naciese ese desastre infinitamente hermoso que fue Amy Winehouse, hubiésemos elegido la belleza del desastre... como también lo hubiese elegido ella misma. Pero claro, como Dios no nos preguntó nada, ahora tenemos el derecho de quejarnos, de blasonar nuestra inocencia, de decir —como si no fuera una imbecilidad decirlo— que hubiésemos querido que Amy Winehouse fuera una chica feliz y equilibrada, y que de todos modos cantara así, como alguien que tiene una habitación alquilada en el infierno. 

8 comments:

  1. es una verdad pero pena por ella por los siglos de los siglos ahí estará y no hay vuelta a tras

    ReplyDelete
  2. "... la belleza del desastre." Triste y maravilloso texto. LGW

    ReplyDelete
  3. Malisimo... La mina era una re drogadicta y se murio por eso. La gente que tuvo a su alrededor es tan culpable por no haber hecho nada al respecto.

    ReplyDelete
  4. Gracias Tersite, por Amy, por los hipócritas de la pureza,por los sicoanalistas aberrados, por todos los tecatos del mundo, los que luchan, los que mueren. ¡Bellísimo artículo!

    ReplyDelete
  5. En primer lugar, saludos. Comparto mi opinión respecto a la muerte de Amy, espero no ser muy extenso. En lo personal no he seguido mucho su carrera musical, la cual fué trágicamente breve pero llena de intensidades y matices, más "oscuros" que luminosos; tanto en su música como en su vida personal (aunque como músico sé que ambas son inseparables, son reflejo una de otra). Salvando todo tipo de distancias, me viene a la mente un pasaje que leí en la autobiografía del trompetista Miles Davis: cuando Jimmy Hendrix murió, fué un golpe duro para Miles, él pensaba, si ya a sus 27 años fué capaz de crear semejante música, cuánto más genialidad nos regalaría si no hubiera sido por su precoz fallecimiento. Nadie nunca lo sabrá, y así será también con Amy. Por otro lado, yo creo a lo largo de la historia (particularmente desde los albores del siglo XX) ha habido ya suficientes ejemplos de autodestrucción relacionado a algún tipo de exceso o adición, no es casual la popular frase "sexo, droga y rock & roll", aunque éstos vicios, por así decirlo, no son exclusividad del rock; recordemos al jazzero Charly Parker, o al salsero Héctor Lavoe, por ejemplo. Dos colosos de la música!
    Siempre voy a sostener que el camino de un artista requiere de una descomunal fuerza de voluntad, y no sólamente para hacer frente a sus compromisos profesionales, sino principalmente para ser capaz de sobrellevar todas las circunstancias, la parafernalia, la presión mediática, y tantos hechos mundanos en los que se ve rodeado de repente. Detrás de Amy, o de cualquier otro artista que suene en estos circuitos y mercados musicales, existe una empresa. Representantes, managers, discográficas, agentes de prensa, músicos, compositores ... y muchas veces el entorno es el que termina arruinando su existencia aprovechandose de una personalidad vulnerable, con el sólo objetivo de obtener caudalosos ingresos económicos. Es el triunfo de la "estética" por sobre la "ética", de lo "efímero" por sobre lo "trascendente", sumado a la cultura capitalista de consumo, ha sobrevenido una decadencia generalizada apesar de los supuestos "progresos" que los medios de comunicación masiva defienden a capa y espada. La música no se ha salvado de tal decadencia y es por eso que en éstas épocas cuesta encontrar a personas verdaderamente talentosas, yo pienso que Amy fué una de las excepciones, y ésto hace que su muerte sea más resonante de lo que es.
    Hay un dicho muy expandido, cuyo origen en realidad esta en la Biblia: "el que mal anda, mal acaba". No es muy difícil advertir cuando una persona esta atravesando un mal momento, cuando alguien necesita ayuda. Dónde estaban sus seres queridos y todo el entorno que mencioné antes mientras esta muchacha andaba a los tumbos yendo de un centro de rehabilitación a otro?
    Acaso Amy atesoraba un alma demasiado sensible para éste mundo, un delicado cristal que no pudo soportar el peso de todo lo que la fama trae aparejada?
    Todo tiene un costo, pero a veces puede ser demasiado alto. Estas pequeñas luces que suelen aparecer, no pueden dejarse apagar con tanta facilidad; no se puede desperdicar una vida así.
    Una gran personalidad musical y mística, me refiero a Bob Marley, dijo una vez ... existen dos caminos, el de la vida o el de la muerte. Si estas en la vida entonces debes vivir, y si estas la muerte, entonces debes estar muerto.
    Mas allá de todo, me gustaban sus canciones, hasta una vez imaginé como sonaría su voz en alguna de mis composiciones y acompañarla tocando en su banda, supongo que una experiencia más que interesante...

    ReplyDelete
  6. Todos los comepingas de la izquierda glorificando las drogas como 'una reacción' ante el imperialismo tienen aluna parte de responsabiliadad. Sobre todo los creo bobos porque siemrpe crei que el propio stablishment promovió el movimiento hippie - y se les fue de las manos'- para adormecer las conciencias gritonas cuando el Vietnam.

    ReplyDelete