Thursday, August 9, 2012

La prostitución es un matrimonio de cinco minutos


[Esta es la continuación de mi post anterior: "Jineteras coloniales: La prostitución en La Habana a fines del siglo XIX".]

El título de este post es una de las conclusiones a las que llega Pedro Giralt en su libro El amor y la prostitución: réplica a un libro del Dr. de Céspedes, publicado en La Habana en 1889. En esa época Giralt era uno de los redactores de la revista La Habana Elegante, junto al novelista Ramón Meza, el poeta Julián del Casal, Manuel de la Cruz, el autor de los Cromitos cubanos, el dramaturgo Ignacio Sarachaga y el poeta Enrique Hernández Miyares, entre otros.

Este era un círculo de independentistas en reposo: De la Cruz, Meza y Hernández Millares serían pocos años después colaboradores asiduos del periódico Patria. Giralt, sin embargo, era un defensor del dominio español, como muestra su minuciosa Historia contemporánea de la Isla de Cuba
publicada en 1896; y en la que presenta a los mambises como herederos de Atila y sostiene que en Peralejo Maceo contaba con 7 000 hombres y Martínez Campos con 1 500.

El libro de Pedro Giralt sobre la prostitución es mucho menos interesante que el de Céspedes, pero tiene varios detalles que justifican su lectura. En primer lugar, Giralt hace una defensa de la causa de la mujer pocas veces vista en Cuba desde que José Ignacio Rodríguez publicara en 1863 su tímido 
Estudio sobre la situación civil de la mujer en España. Afirma Giralt, por ejemplo, que "la cultura de un pueblo se mide por los fueros y derechos que disfruta la mujer". Además de eso, explica la necesidad de que la mujer reciba educación, se incorpore a la fuerza laboral y disfrute de los mismos derechos que el hombre. Rechaza la tesis de que la poligamia sea más natural que la poliandria y explica por qué los gozos sexuales femeninos son tan intensos —si no más— que los masculinos. Además, en defensa de la prostitución, propone otras ideas que resultan curiosamente actuales en estos tiempos de corrección política. Afirma, por ejemplo:
[...] si vamos á prohibir la prostitución por el mal venéreo que propaga, justo es que por igual razón se prohiban las tabernas y cafés porque desarrollan el alcoholismo. Deberemos también reglamentar las comidas poniendo en cada casa un Don Pedro Recio de Tirte Afuera, porque los excesos gastronómicos son origen frecuente de mil enfermedades crónicas y agudas. Deberemos prohibir el uso del tabaco, porque según autorizados facultativos, el fumar es causa de otras enfermedades.

La imagen que daba Céspedes de La Habana, tan parecida a la que ahora nos venden sobre La Habana de los años cincuenta, es rebatida por Giralt como una exageración mojigata:
Leyendo los escándalos que Juvenal cuenta de Roma, se nos pinta en la imaginación la ciudad eterna de la época de Augusto como una bacanal de corrupciones desenfrenadas, sin dar lugar á un ápice de buenas costumbres. [...] Asi se habrá imaginado la ciudad de la Habana, el que no la conozca y lea el libro del señor Céspedes, con sus pintorescas descripciones de la prostitución blanca y de color vagando y escandalizando libremente por las calles. Pero los observadores de buen sentido que estamos ahí y sabemos que de seiscientas calles que tiene la Habana, solo en veinticinco existen algunas pocas casas de prostitución tolerada, y más de la mitad están apartadas, fuera de tránsito forzoso del público, y únicamente en estas últimas es donde se nota el desagradable bullicio de las meretrices y sus parroquianos, no tan escandaloso como lo pinta el doctor Céspedes, salvo algún hecho aislado y excepcional que no debe referirse como habitual. No es creíble lo que dice Juvenal de Roma, ni es una verdad la Habana del doctor Céspedes: no puede ser verdad. Si lo fuese, habría que confesar que la mancha de lodo y corrupción que el doctor circunscribe en una determinada clase social, envolvería de hecho todas las demás clases, y no escaparía nadie del contagio.

Es cierto que Giralt no critica en su libro el racismo orgiástico de Benjamín de Céspedes, y repite sus diatribas contra los homosexuales. Pero sí critica el criollismo ingenuo del Dr. Céspedes: rechaza sus ataques contra los peninsulares y se burla de la exaltación de la inocencia cubana, citando para ello los excesos de los mambises del 68 y la traición a Carlos Manuel de Céspedes. Giralt predice la desaparición del matrimonio como institución legal, propone que la prostitución sea considerada una transacción comercial como cualquier otra, y repite la tesis de Adam Smith de que la suma de los intereses individuales conduce al bienestar social. 


Benjamín de Céspedes, el patriota criollo, escribe como un esclavista nostálgico. Giralt, el español colonialista, escribe como un liberal sin ilusiones. La lectura comparada de sus libros no ayuda a reforzar nuestros mitos patrióticos, pero puede acercarnos a la realidad de esa Cuba que sin saberlo se acercaba a la pedregosa soledad de su idependencia.


De todos modos, tras leer el libro de Giralt, queda una pregunta flotando: Si la prostitución es un matrimonio de cinco minutos como él afirma, ¿será acaso el matrimonio una prostitución de toda la vida? Si Pedro Giralt  tenía la respuesta, no la revela en su libro.

3 comments:

  1. Sin duda, un hombre de pensamiento complejo el sr. Giralt. "Un patriota criollo que escribe como esclavista nostálgico, y un español colonialista que escribe como un liberal sin ilusiones"... bueno, si nos damos por aludidos, de casta le viene al galgo. Gracias por estos escritos, excelentes. Saludos.

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  2. Ja! La prostitución y el matrimonio son par filosófico.

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  3. un par filosófico, quise decir.

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