Friday, December 3, 2010

Arte degenerado

Ayer en la mañana, en el metro camino a Manhattan, abrí The New York Times y me topé con un artículo (que pueden leer aquí) sobre una peculiar exposición de arte. En enero, mientras hacían unas excavaciones en Berlín, los trabajadores descubrieron unas esculturas sepultadas en el subsuelo. Se trataba de un grupo de piezas calificadas durante el nazismo como "arte degenerado" o Entartete Kunst, como diría en sus buenos tiempos el Dr. Goebbels.


Goebbels visita la exposición Entartete Kunst, 1937
Las esculturas, condenadas por el régimen nazi, habían sido posteriormente sepultadas por un bombardeo de los aliados que pulverizó el edificio donde habían sido almacenadas. Particularmente conmovedora es la anécdota que se cuenta sobre el escultor Otto Freundlich. Los nazis confiscaron la obra suya que forma parte de la muestra, Cabeza, en 1937 en un museo de Hamburgo. [Goebbels había tenido la idea de confiscar prácticamente todas las obras de arte moderno o de artistas judíos de los museos alemanes para hacer una exposición que se tituló precisamente Entartete Kunst para mostrar a los buenos germanos la "podredumbre" del arte producido por "las razas inferiores".] Seis años después capturaron al mismo Freundlich en Francia y lo enviaron a un campo de concentración donde fue asesinado al día siguiente de llegar.

Lo cierto es que esas esculturas, condenadas por los nazis y bombardeadas por los aliados, sobrevivieron a todo y se exponen hoy en un museo berlinés. El artículo me hizo recordar un disco que mi amigo David Hurwitz (cuya revista de música clásica, Classics Today, recomiendo) me regalara hace doce años, Der Kaiser Von Atlantis, la ópera compuesta por Viktor Ullmann con libreto de Peter Kien estando prisioneros en el campo de concentración de Terezin. (Ambos morirían en Auschwitz-Birkenau, Ullman con 46 años, Kien con sólo 25 de edad.) El disco formaba parte de una serie magnífica titulada, por supuesto, Entartete Musik.


Recomiendo también, a quien tenga entrañas para soportarla, que compre y escuche la ópera de Ullman. La escuché tres veces a solas en mi casa y le regalé el disco a un amigo amante de la ópera y las novedades que vino de visita de La Habana por esa época. Ahora me arrepiento de haber regalado el disco, pero había llegado a temer sus efectos.



En esos recuerdos andaba perdido cuando entró el tren a Manhattan pasando bajo el East River. Aparté la mirada del periódico y noté que la señora que estaba sentada a mi lado había abierto un librito y leía... era un libro de oraciones en hebreo. Recordé entonces que era el primer día de Janucá, la fiesta de las luces, la victoria de los macabeos sobre griegos y sirios, la restauración del Templo, el aceite que se suponía que durara un día y alumbró durante más de una semana...



Y pensé entonces que, como aquellas esculturas condenadas por los nazis y bombardeadas por los aliados, aquella señora que leía en hebreo era una prueba de la capacidad de sobreviviencia del pueblo judío, el pueblo elegido... elegido tantas veces para el exterminio.


El racismo es quizás la esencia de la maldad humana, pero el antisemitismo es la expresión más concentrada de esa maldad. Mientras que el racismo contra los africanos, los asiáticos o los latinos generalmente "se conforma" con el desprecio y la discrimanción o la esclavitud, el antisemitismo incuba siempre el deseo diabólico de exterminar al pueblo hebreo. Las esculturas de las que hablaba el artículo, y la señora sentada a mi lado en el tren, fueron ayer, en el tren hacia Manhattan, dos atisbos de esperanza.

2 comments:

  1. ¡Que los judìos no tengan, a su vez, sus propios judìos!

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  2. Para haberse tomado por lo más puro y elevado de la especie humana, los alemanes nazis siempre me parecieron muy limitados y fríos en materia estética.

    Sin lugar a dudas, en esa proyección tuvo mucho que ver el onanismo mental del Führer. Pero, como reza el proverbio: dime de qué alardeas y te diré de qué careces...

    Por otro lado, al pueblo judío le ha tocado lidiar con una carga de odio absurda, injustificada y totalmente inmerecida. Sin duda es un pueblo admirable por su perseverancia, capacidad y espíritu de resistencia ante tanta adversidad.

    Por eso, cada vez que alguien compara la situación de Cuba con el holocausto no puedo evitar sentir pena ajena.

    Gracias, Tersites, por este post. Me encantó el final. Yo estoy contigo: démosle un voto a la esperanza.

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