Saturday, June 2, 2012

¿Reconciliación sin ruptura?

There can be no reconciliation, Stephen said, if there has not been a sundering.
Ulysses, James Joyce

La reconciliación de Jacob y Esaú. Rubens, 1624
Es recurso manido en las comedias de TV, pero en la vida real resulta mucho menos gracioso: el mal entendido que se produce cuando dos personas que creen estar hablando de lo mismo —porque usan las mismas palabras—, en realidad piensan en cosas muy diferentes. Con la reconciliación pasa algo así: todo el mundo habla de ella, pero es difícil saber qué piensa cada cual al pronunciar esa palabra. ¿De qué habla la gente cuando habla de reconciliación? No lo sé, pero intentaré aclarar lo que me pasa a mí por la cabeza cuando digo la palabra.

Reconciliación es una palabra de sabor religioso y asumo que la idea que tengo de ella, como de tantas cosas, viene de la Iglesia católica. ¿Cuál es el concepto católico de reconciliación? Para saberlo, podríamos empezar por ver lo que han dicho sobre el asunto el papa actual y su ilustre predecesor. En su exhortación apostólica sobre África, titulada Africae munus, y publicada el 19 de noviembre pasado, Su Santidad Benedicto XVI afirma: 

En efecto, sólo una auténtica reconciliación engendra una paz duradera en la sociedad. [...] Para llegar a ser efectiva, esta reconciliación deberá ir acompañada de un gesto valiente y honrado: buscar a los responsables de esos conflictos, de los que han ordenado los crímenes y se han entregado a toda clase de componendas, determinando su responsabilidad. Las víctimas tienen derecho a la verdad y a la justicia. Es importante actualmente y para el futuro purificar la memoria para construir una sociedad mejor en la que estas tragedias no se vuelvan a repetir. 

Años antes, a pocos meses del 11 de septiembre, el papa Juan Pablo II, en su mensaje de la XXXV Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2002, titulado No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón, afirma:
Pero ¿cómo se puede hablar, en las circunstancias actuales, de justicia y, al mismo tiempo, de perdón como fuentes y condiciones de la paz? Mi respuesta es que se puede y se debe hablar de ello a pesar de la dificultad que comporta, entre otros motivos, porque se tiende a pensar en la justicia y en el perdón en términos alternativos. Pero el perdón se opone al rencor y a la venganza, no a la justicia. [...] El perdón en modo alguno se contrapone a la justicia, porque no consiste en inhibirse ante las legítimas exigencias de reparación del orden violado.
De modo que —según lo veo—, estas son las premisas para que sea posible la reconciliación:

1. La primera y más obvia es la que señala Stephen Dedalus en el Ulysses: para que haya reconciliación debe haber sucedido una ruptura que la cause. Por tanto, se debe identificar esa ruptura. No se puede hablar de reconciliación en el vacío sin saber por qué —y con quién— debemos reconciliarnos. Hay muchos caminos que llevan a la reconciliación, pero pretender que "aquí no ha pasado nada" no es uno de ellos.


2. La causa de la ruptura debe haber cesado. Sobre este tema volveré en próximos posts pero, de momento, fíjese el lector que el papa Benedicto XVI habla de los conflictos en pasado. La razón es evidente: nadie le sugeriría a una mujer abusada que se reconciliara con el marido abusador antes de que este deje de pegarle. La injusticia que causa la ruptura debe cesar —aunque queden sus consecuencias— para que sea posible la reconciliación.


3. 
La justicia y el perdón no son términos alternativos, dice Juan Pablo II. Es falso identificar la reconciliación con la renuncia de la víctima al reclamo de sus derechos. Como es ilusorio pensar que sin renunciar al odio y a la venganza sea posible reconciliarse. Ambos papas lo dejan claro en sus textos, y la razón nos dice además que se trata de una de esas "verdades evidentes"

4. La reconciliación, como señala el papa Benedicto XVI, no puede suponer la inmunidad de los causantes del conflicto ni su derecho a seguir cometiendo las injusticias que hacen necesaria esta reconciliación. Hay que desterrar el rencor y la venganza, nos dice Juan Pablo II, pero no el deseo de justicia. 


La reconciliación no se puede alcanzar sin una buena dosis de perdón, entre otras razones porque la justicia humana no es perfecta. La reconciliación requiere la renuncia a la venganza a nivel social y personal. Al mismo tiempo, la reconciliación no puede ser una "meta" que se imponga a una de las partes; ni el camino de la reconciliación consiste en aceptar una situación de injusticia como normal; ni la reconciliación se puede alcanzar pidiendo a los que no tienen poder que renuncien a reclamar los derechos que les han sido usurpados por los poderosos. 
Se trata de un proceso espinoso y complicado que requiere la voluntad de ambas partes, responsabilidad, decencia y un poco de suerte. No "un poco": mucha suerte. 

8 comments:

  1. Espinas por todos lados. Duro, durísimo.

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  2. Muchas gracias por esa tentativa de definir la palabra. Es cierto que podria tener sentidos muy plurales. Lo que no se es si el termino puede desligarse de relaciones de poder. Muy raras veces el acercamiento entre las partes ocurre en condiciones de igualdad y con frecuencia el mas debil debe ceder algo -digamos, por ejemplo, la posibilidad de reclamar justicia por el pasado- como un modo de negociar. Tengo curiosidad por leer tus proximas entradas, en las que tal vez comentes sobre esos problemas.

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  4. La reconciliación es un llamado a cada ser humano y pueblo que ha vivido una experiencia que le herido. A la vez, es fruto de un proceso y ciertas condiciones, muchas de ellas señaladas en este artículo, se tienen que dar. Tratar de imponer la "reconciliación" a partir de la nada y ausente de un proceso es de que menos ser ignorante.
    Isaul González

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  5. ZoePé, Ernesto, Isaul: Gracias por pasar, leer y comentar.

    Ernesto: Estoy de acuerdo. Pero creo que la reconciliación es el resultado de emparejar el diálogo. Es por eso que digo que la injusticia debe cesar, aunque queden sus consecuencias. Pongo un ejemplo para ser más concreto. En Estados Unidos el racismo no terminó con la segregación racial, pero el fin de la segregación racial era imprescindible para comenzar a hablar de reconciliación, aunque aun quedara la tarea de perdonar la esclavitud, la segregación misma y el racismo que sigue existiendo. Lo que hubiese sido ilógico y moralmente inaceptable habría sido que Martin Luther King, por ejemplo, le hubiese dicho a sus hermanos negros que el camino de la reconciliación era aceptar para siempre —o hasta que a los blancos se les antojara— ir en la parte trasera del autobús. Y noto que en ciertos círculos parece que se piensa eso exactamente: que la reconciliación consiste en que los despreciados acepten ir en la parte trasera del autobús hasta que a los amos se les antoje cambiar. Entiendo que es una opción que algunas personas pueden tomar, pero lo que me parece intelectualmente deshonesto es decir que esa es la opción que establece la doctrina social de la Iglesia o, más específicamente, lo que los dos papas más recientes han dicho. Otra vez, gracias por pasar y comentar.

    Tersites

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  6. Muchas gracias. Muy interesante la explicacion.

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  7. Muy oportuna y bien argumentada tu reflexion. Te felicito.
    Eduardo Mesa

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  8. Perdón sin arrepentimiento. Reconciliación sin justicia.

    La falta de ética no es patrimonio exclusivo de los comunistas.

    Margarita

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