Durante los dos últimos años, cada dos o tres meses, Hugo Chávez se declaraba curado, perfectamente curado, de la terrible enfermedad que hoy se lo ha llevado a la tumba. Los analistas percibían esas declaraciones de curación como jugarretas políticas de quien quería eternizarse en el poder o al menos hacer irreversible su proyecto político. A mí, en cambio, me parecían más bien un autoengaño tristemente humano. Hugo Chávez silbaba al pasar por cementerio para no entrar en él. ¿Cómo no compadecerse de su miedo a la muerte?
Chávez fue un hombre ontológicamente incapaz de la elegancia o la deferencia con sus adversarios. Padecía una repugnante afición al escarnio, la burla y el acoso a quienes discrepaban de él. Respetarlo desde la divergencia, por tanto, era tarea de santos. Pero en su miedo a la muerte se hacia humano, querible casi. De veras se creía curado cuando afirmaba estarlo. Y cualquiera que tema su suerte puede identificarse con su espanto y con su engaño.
Hoy finalmente la muerte le ha ganado la batalla. En los muros de Facebook unos se regocijan y otros lamentan el hecho. Unos dicen que no se puede celebrar la muerte de nadie, y otros que hay que celebrar la salvación de un país. Le pregunté a mi hija de 17 años qué pensaba del asunto. "Cuando murió Osama bin Laden —me dijo— sentí un profundo alivio, pero no deseos de celebrar. La muerte es un suceso demasiado solemne y definitivo para celebrarlo como si fuera la victoria de tu equipo de hockey". Por una vez, estamos de acuerdo. [Hace casi tres años comenté mi reticencia a celebrar la muerte de los tiranos en un post titulado "El huevo de Franco".]
Y a eso habría que añadir en este caso que Hugo Chávez fue recientemente reelegido por los venezolanos para el cargo de presidente. No se puede ser demócrata solo cuando gana el candidato que te gusta. Es difícil no pensar que el objetivo de Chávez era la destrucción de las instituciones democráticas de Venezuela. Pero los votantes venezolanos lo eligieron a él. Alegrarse de su muerte es, de alguna manera, alegrarse de que el candidato electo no llegara a ocupar su puesto. Lo cual trae a la mente el titular de hoy del periódico humorístico The Onion: "El cáncer derroca a Chávez en un golpe de estado incruento". Así es: hay cierto tufo golpista, antidemocrático y poco enaltecedor en esas celebraciones de la muerte de Chávez. Y lo digo a sabiendas de que jamás quisiera vivir en un país gobernado por alguien como él. Descanse en paz, Hugo Chávez.
Showing posts with label muerte. Show all posts
Showing posts with label muerte. Show all posts
Wednesday, March 6, 2013
Friday, May 6, 2011
Un gramo de ternura para el terrorista muerto
La sangre parece un descuido de algún especialista en efectos especiales. Debe ser, definitivamente, falsa. Los cables muy bien podrían ser tubos de una sala de cuidados intensivos. No hay modo de explicar qué hacen en el suelo. La lata de leche condensada le da un carácter casero y dulzón a la escena. Las manchas de sangre de la cara no permiten hilvanar ninguna historia coherente para los minutos que precedieron a su muerte.
La mano parece haber sido colocada sobre el pecho por un fotógrafo perfeccionista, no por el azar de la agonía. Los ojos podrían ser los de un actor que se simula muerto. El paquetito blanco sería un condón que ya no frenará el flujo de ningún espermatozoide nadador y voluntarioso.
La pistola de agua, verde y anaranjada, permite adivinar a un niño jugando en esa misma habitación unos minutos antes. Permite imaginar también a una madre extenuada por los quehaceres diarios que se dice soñolienta: "Mañana la recojo en cuanto me levante".
¿Habrá pensado esa madre en que el condón del sobrecito blanco evitaría la llegada de otro hijo de piel aceitunada que dejaría en cualquier esquina otra pistola de agua anaranjada y verde? ¿Estaría en ese instante tratando de convencer al hombre de tímido bigote para que se quitara el austero camisón blanco y se adentrara en ella?
¿Cuántas veces habrá lamentado este joven tener una barba tan rala, tan poco musulmana?
¿Cuántas veces habrá soñado este joven dinamitar la escuela donde estudian mis hijos?
La mano parece haber sido colocada sobre el pecho por un fotógrafo perfeccionista, no por el azar de la agonía. Los ojos podrían ser los de un actor que se simula muerto. El paquetito blanco sería un condón que ya no frenará el flujo de ningún espermatozoide nadador y voluntarioso.
La pistola de agua, verde y anaranjada, permite adivinar a un niño jugando en esa misma habitación unos minutos antes. Permite imaginar también a una madre extenuada por los quehaceres diarios que se dice soñolienta: "Mañana la recojo en cuanto me levante".
¿Habrá pensado esa madre en que el condón del sobrecito blanco evitaría la llegada de otro hijo de piel aceitunada que dejaría en cualquier esquina otra pistola de agua anaranjada y verde? ¿Estaría en ese instante tratando de convencer al hombre de tímido bigote para que se quitara el austero camisón blanco y se adentrara en ella?
¿Cuántas veces habrá lamentado este joven tener una barba tan rala, tan poco musulmana?
¿Cuántas veces habrá soñado este joven dinamitar la escuela donde estudian mis hijos?
Subscribe to:
Posts (Atom)


