Friday, May 1, 2009

Adiós al Paraíso

“Mientras haya muerte hay esperanza”, nos asegura el príncipe Fabrizio de Salina en El gatopardo. Bueno, resulta que el Príncipe pecaba de optimismo. A partir de hoy no me queda siquiera el consuelo de su frase.

Acabo de leer el obituario del cazafantasmas Hans Holzer en el New York Times y me entero de que este buen señor había visitado el paraíso. Quiero decir, había ido de excursión al otro lado del espejo mientras se paseaba entre nosotros, y ha hecho el relato de lo visto. Hay un detalle de su informe que me resulta particularmente deprimente. Volveremos al tema más adelante.

Según el Times, que nunca miente (si no es estrictamente necesario), el Sr. Holzer se dedicó la vida entera al estudio del más allá, escribió alrededor de 140 libros sobre el asunto y parece que tenía una rara obsesión con los famosos asesinatos de Amityville.

[Como recordará el lector, el 13 de noviembre de 1974, Ronald DeFeo, un muchacho de 23 años, mató con una escopeta a sus padres y a sus cuatro hermanos (18, 13, 12 y 9 años respectivamente) en su casa de 112 Ocean Avenue, en Amityville, un pueblo de Long Island. Al año siguiente otra familia, los Lutz, compraron la casa y a los 28 días de mudarse se fueron horrorizados, según contaron a la prensa, por los sucesos paranormales que percibieron. El Sr. Holzer comenzó a investigar el asunto y terminó escribiendo tres libros sobre la tenebrosa casa.]

Intrigado por las pistas que da el Times, entré en el sitio web del Sr. Holzer para leer el relato de su “viaje”. Nos cuenta:

En el otro lado de la vida existe una burocracia exactamente igual que este. No puedes simplemente llamar a tu tío Frank (que aún vive) cuando te plazca. Tienes que pedir permiso a un grupo de personas que se hacen llamar guías, guías espirituales. Entonces ellos te preguntan: ‘¿Y por qué lo quieres llamar? ¿Cuál es el propósito de esa llamada?’ Si aprueban la llamada, te dicen: ‘Está bien, búscate un médium, habla con él y pídele que te ponga en comunicación con tu tío’. Y si eres suficientemente poderoso, puedes establecer el contacto tú mismo.

Y si después de un tiempo no te gusta el lugar donde estás… Puede ser que pases un tiempo allí y decidas que preferirías estar del otro lado con tus amigos y tu familia. En ese caso les dices: ‘Quisiera volver a nacer’. Eso fue lo que me contaron ellos mismos, no lo estoy inventando. Los espíritus me dijeron que tienes que hacer cola e inscribirte con un oficinista. Esa es la palabra que usan, ‘oficinista’. De modo que haces la cola y te inscribes con el oficinista, y le explicas que quieres volver. El oficinista te dice entonces: ‘Bueno, te avisaré cuando encuentre una pareja apropiada para continuar promoviendo tu desarrollo’. Los residentes no tienen sentido del tiempo, de modo que se quedan ahí parados hasta que finalmente el oficinista los llama y les dice: ‘He encontrado una pareja adecuada para ti’.

Antes de leer esos dos párrafos aciagos yo no creía en la reencarnación. Ahora, sin embargo, tengo la tímida certeza de haber fatigado otras vidas. Sí, tengo la sensación inconfundible de haber estado alguna vez en un lugar que llamaban el Paraíso, lugar en el que había un ejército de burócratas que se consideraban guías espirituales, donde para hacer cualquier cosa había que pedir permiso a los oficinistas (sobre todo si querías llamar al tío Pancho que estaba del otro lado) y donde la gente hacía cola para irse. Este último es un recuerdo imborrable, dado que uno se sorprende de que la gente se quiera marchar del Paraíso.

No me gusta dar consejos a nadie, pero después de esta experiencia paranormal, le recomendaría a cualquiera que hiciera todo lo posible por no morirse. ¡Qué fiasco se habrá llevado el pobre don Fabrizio!

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